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La Tumba del Emperador de China

Publicado el 13/01/2019 en Blog

La Tumba del Emperador de China

Uno de los lugares que visitaremos en nuestros viaje de SEMANA SANTA de 2019 a China, será XI’AN, donde podremos admirar el ejercito de Terracota Qin Shi Huang el Primer Emperador de CHINA

A escasos kilómetros al este de la ciudad china de Xi’an, capital de la provincia de Shaanxi, en medio de verdes campos de cultivo, se alza lo que a primera vista parece ser una simple colina. Pero si se observa con detenimiento el lugar, cualquiera puede repararen que se trata de una colina demasiado perfecta. Lo que nadie es capaz de imaginar es que ese túmulo que se eleva a más de 42 m de altura es el centro mismo de una formidable necrópolis que cuenta con más de 2.000 años de antigüedad, un sorprendente y misterioso lugar construido por orden del rey Zheng, el primer emperador de China, más conocido como Qin Shi Huang.

Un mausoleo gigante

Este extraordinario personaje pasó toda su vida obsesionado por la muerte. Subió al trono en el año 246 a.C., fecha en que los arqueólogos creen que comenzó a construirse su tumba. En aquella época el diseño y la construcción de las sepulturas tenían una enorme importancia; en efecto, se creía que cada hombre poseía dos almas, una que quedaba enterrada bajo tierra y otra que ascendía a los cielos para convertirse en un ser divino. Pero no todos los muertos eran iguales. El tamaño de la tumba y sobre todo su altura, servía para distinguir la importancia del fallecido. Y Qin Shi Huang, por supuesto, quería que su tumba fuese la mayor jamás vista. Se ha calculado que unos 700.000 hombres trabajaron durante 36 años en la construcción del gigantesco mausoleo.

Por el momento no se ha podido acceder al interior del túmulo y se ignora si en un futuro será posible o no. Respecto a lo que pueda albergar, sólo existe el testimonio de Sima Qian, un historiador de la dinastía Han, que en su obra Shi Ji, afirmó que la tumba contenía “réplicas de palacios y torres, así como utensilios poco comunes y objetos maravillosos”.  Se comenta que si se llegan a completar las excavaciones, el mausoleo de Qin Shi Huang puede contener un microcosmos a escala  de la China de hace 2.200 años.

Pero un peligro aguarda a los arqueólogos y excavadores, ya que según el historiador chino, y al igual que hicieron los antiguos egipcios, también el emperador estableció estrategias para evitar que su tumba fuera saqueada. “A los artesanos se les ordenó colocar y disponer ballestas y flechas para que cualquiera que quisiera penetrar en la tumba resultara muerto inmediatamente. Se utilizó mercurio para hacer modelos de los cien ríos, así como de los mares, los cuales se construyeron de tal manera que parecían fluir.”

El ejército de terracota

Pero la tumba del emperador sólo es una parte de la sensacional necrópolis de Qin Shi Huang. En el año 1974, unos campesinos de la comarca de Lintong encontraron la pista de lo que se ha convertido en uno de los hallazgos arqueológicos más sorprendentes del siglo XX: los guerreros de terracota.

Aproximadamente a kilómetro y medio del mausoleo se descubrieron tres fosas con una superficie de casi 20.000 m2. En ellas se conservaban casi 8.000 figuras de soldados y caballos tallados en arcilla de tamaño natural, cerca de cien carros de madera y unas 40.000 armas de bronce. Enterrados bajo tierra, los maravillosos guerreros de terracota fueron saliendo a la luz en sucesivas excavaciones que se efectuaron a través de decenas de túneles, siempre en formación, siempre listos para defender a su emperador (que sufrió en vida tres intentos de asesinato), ante cualquier eventualidad. Lo excepcional es que cada uno de los guerreros cuenta con sus personales rasgos faciales, una facciones de las que se ha escrito que cubren todo el abanico de emociones humanas, así como los diferentes estratos sociales, edades y origen geográfico de los combatientes que nutrían el ejército de Qin Shi Huang.

La estatura de los guerreros es algo superior a la de sus modelos reales. Con ello querían realzar su poderío, y dotar a las piezas de un realismo mágico que aúna la fuerza de su naturalidad y la fascinación de su condición de otras de arte. A pesar de la humedad y de los más de 2.000 años transcurridos, en algunas de ellas aún quedan restos de los brillantes colores con los que fueron revestidos.

Se trata de un conjunto escultórico realmente asombroso, sin parangón en el mundo. Los artistas Qin reprodujeron gran variedad de armas y ropas; los uniformes de los soldados estaban pintados con colores brillantes que identificaban a las unidades militares, aunque los rastros de la pintura se ha perdido con el paso del tiempo. A cada rostro, modelado a mano, se le habían conferido rasgos que le otorgaban su particular personalidad.

Considerado la octava maravilla del mundo, el ejército de terracota cuenta ya con su propio museo y, aunque no existe una total unanimidad sobre la función de estos guerreros de arcilla, son muchos lo que expertos que piensan que fueron esculpidos para proteger la tumba del emperador. Más recientemente se han localizado los yacimientos funerarios de parte de los obreros que participaron en la construcción del gran mausoleo, así como los establos reales, donde habían sido enterrados vivos caballos auténticos, y vestigios de lo que pudo ser el palacio del primer emperador.

Sin embargo, el sepulcro donde reposa el cuerpo de Qin Shi Huang continúa oculto a los ojos de la humanidad.

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