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Egipto: Organización política y social, el faraón, los privilegiados y el pueblo

Publicado el 11/03/2019 en Literatura

La sociedad egipcia estaba formada por grupos muy diferentes. El poder político y las riquezas estaban en manos de una minoría, mientras que la mayoría vivía en la más absoluta de las pobrezas.

EL FARAÓN Y LA POLÍTICA

Los egipcios llamaban a su rey faraón. Este concentraba en sus manos todos los poderes: dictaba las leyes, gobernaba el país, era dueño y señor de gran parte de las tierras, controlaba el comercio y era comandante en jefe del ejército. Todo esto sucedía porque los egipcios creían que los faraones eran dioses. Por eso todos se arrodillaban a su paso y nadie podía mirarlos a la cara ni tocarlos. También era común creer que poseían poderes mágicos, como hacer crecer el Nilo cada año.

Los faraones vivían rodeados de riquezas, en enormes palacios, con cientos de sirvientes y esclavos. Cuando un faraón moría, le sucedía su hijo, es decir, se trataba de auténticas dinastías. En la historia de Egipto se sucedieron 31 dinastías: de la I a la XI durante el Imperio Antiguo, de la XII a la XVII en el Imperio Medio y de la XVIII a la XXV durante el Imperio Nuevo.

LOS PRIVILEGIADOS

Comenzamos con los nobles y los sacerdotes. Estos formaban los grupos sociales más poderosos de Egipto. Poseían ingentes riquezas y gran parte de las tierras del país. Los nobles eran los miembros de la familia del faraón, además de otras familias que gozaban del favor del faraón. Gobernaban las provincias en las que se dividía Egipto y vivían en grandes villas rodeadas de jardines.

Los sacerdotes, por su parte, controlaban los ritos religiosos. Tenían a su servicio a miles de personas que trabajaban para ellos y, aunque no fuera así, debían cederle parte de sus cosechas.

Otro grupo de privilegiados eran los escribas, que redactaban los documentos oficiales y llevaban las cuentas de los impuestos reales y las mercancías que entraban y salían de los almacenes de palacio. Por lo general provenían de familias adineradas y gozaban de gran prestigio, ya que disfrutaban de una excelente posición económica.

LA GRAN MAYORÍA DE POBLACIÓN

Esta mayoría estaba total y absolutamente sometida a las decisiones del faraón, los nobles y los sacerdotes. No gozaban de ningún poder, ni político ni económico. La mayoría eran campesinos, se dedicaban a cultivar las tierras del faraón, de los templos y de los nobles. Como compensación, se quedaban con parte de la cosecha, pero tenían que entregar el resto a los dueños de las tierras y una cantidad como impuesto al faraón.

Otros egipcios eran marinos y soldados que estaban bajo las órdenes del faraón, de los artesanos y de los comerciantes. Los marinos navegaban en barcos de vela hasta tierras lejanas y allí compraban madera, metales y perfumes.

Los soldados luchaban en las batallas y, como premio, el faraón los recompensaba con tierras, oro y esclavos.

Los artesanos de más nivel eran los tallistas de piedra, escultores, orfebres y fabricantes de papiro y lino. La gran mayoría trabajaba para el faraón.

Los comerciantes se dedicaban a vender productos. Como quiera que los egipcios no tenían moneda, practicaban el trueque, a saber, cambiaban unos productos por otros. El valor de dichos productos se medía en sacos de cebada.

Los esclavos, un número enorme, no tenían derechos. Normalmente se trataba de prisioneros de guerra y eran propiedad del faraón, aunque también de sacerdotes y nobles. El faraón los utilizaba para la construcción de los enormes monumentos, en las minas de cobre y en el ejército.

LAS MUJERES

Si comparamos a las mujeres egipcias con las demás civilizaciones de la Antigüedad, eran las que gozaban de una situación más favorable. Podían poseer, administrar y heredar propiedades, comprar y vender bienes, dejar testamento y, además, podían divorciarse de sus maridos. Hubo algunas que tuvieron el control total de la política, como la reina Hatshepsut y otras que lo compartieron con sus maridos, como la reina Nefertiti.

LA FORMA DE VIDA

La mayoría de los egipcios eran campesinos. Vivían en aldeas a orillas del Nilo y trabajaban la tierra según marcaba el río. Otros vivían en ciudades, puesto que allí se desarrollaba el comercio y la artesanía.

Nueve de cada diez egipcios eran campesinos. Las familias estaban formadas por un matrimonio y sus hijos, y todos trabajaban el campo. Los hombres araban, las mujeres sembraban y ambos recogían las cosechas. Los niños ayudaban a sus padres desde pequeños. Se trataba, sin duda, de un trabajo duro. Fueron los egipcios quienes utilizaron una nueva herramienta para el campo, el arado. Con este utensilio ya no tenían que inclinar su espalda durante horas para arar la tierra y se abrían surcos más profundos.

Los campesinos se alimentaban de lo que cultivaban, a saber, cereales, con los que hacían pan y tortas, hortalizas, verduras y fruta. Con las uvas destilaban vino y con la cebada, cerveza, otrora su bebida favorita. En las aldeas también se criaban animales domésticos, de los que obtenían huevos, leche, carne y pieles.

El río Nilo marcaba el ritmo del trabajo en el campo. A mediados de junio las aguas crecían e inundaban los campos. En la retirada de estas, en octubre, dejaban un limo muy fértil y era el momento de sembrar. La cosecha tardaba tres meses en ser recogida, a partir de febrero. En estas temporadas de siembra y cosecha, los campesinos trabajaban de sol a sol. En los años que, por desgracia, no había crecidas, la cosecha era pobre y traía como consecuencia hambrunas entre la población. Los campesinos sentían adoración por el Nilo, lo consideraban un auténtico dios, ya que su bienestar y su vida dependían de él.

Durante la temporada de crecida del Nilo, los campesinos eran reclutados por el faraón para participar en la construcción de las pirámides, edificios públicos y para la mejora y ampliación de obras hidráulicas.

LA VIDA DOMÉSTICA

Los campesinos vivían en aldeas de poco tamaño. Sus casas estaban construidas con ladrillos de adobe, disponían de un piso y el techo plano les servía de terraza y almacén. Obviamente, el mobiliario era muy escaso. Su vestimenta era humilde, las mujeres solían llevar vestidos de lino, ajustados y sujetos, con una tira al hombro, mientras que los hombres se anudaban pequeñas piezas textiles de lino en la cintura. Normalmente iban descalzos.

De las tareas domésticas se encargaban las mujeres. Ellas hacían el pan, el vino y la cerveza, además de confeccionar telas y ropa para la familia. Por si fuera poco, iban al mercado a vender parte de la cosecha, de los alimentos y de los objetos textiles que ya no eran necesarios.

LAS CIUDADES EGIPCIAS

En Egipto proliferaron las grandes ciudades, tales como Menfis, Tebas, Amama o Edfú. En ellas vivían el faraón, los nobles, los sacerdotes, los soldados, los artesanos, los comerciantes y los escribas. Sus viviendas estaban construidas con adobe. Las de los más ricos eran enormes y rodeadas de jardines. En estas ciudades destacaban dos tipos de edificios: los palacios, donde vivía el faraón y los nobles y los templos, de inmensas dimensiones.

Estas ciudades se ubicaban junto al río Nilo. Es por ello que había un puerto para que atracaran los barcos de vela. También encontramos en las ciudades los talleres de los artesanos que, a su vez, se reunían en los mercados.

LOS JUEGOS Y LAS FIESTAS

En los ratos de ocio -pocos- los niños egipcios jugaban con muñecas, peonzas y pelotas de cuero rellenas. En algunas ocasiones recitaban cuentos. El juego favorito de los adultos era el senet, un juego de mesa parecido al ajedrez en la que había que mover una serie de piezas sobre un tablero.

En Egipto había numerosas fiestas religiosas en las que las personas realizaban procesiones hasta los templos y cantaban y bailaban en honor a los dioses.

 

 

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