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El enigma de la Gran Esfinge | Viaje a Egipto noviembre de 2019 | Vagamundos Blog

Publicado el 01/11/2019 en Literatura

El enigma más conocido que se vincula a la Esfinge es el que descubrió Edipo en la leyenda griega. No obstante, hay más de un enigma o mito que rodea a la Gran Esfinge, la extraordinaria figura que está al lado de las pirámides de Guiza, antepasada malvada de la esfinge griega. Cuándo se construyó y quién lo hizo o la presencia de cámaras en su interior o en la parte inferior son preguntas sin respuesta que podremos encontrar en la arqueología, la historia y la geología.

¿QUÉ ES UNA ESFINGE?

Los griegos de la antigüedad sostenían que la palabra esfinge derivaba de otra palabra griega que significaba «estrangular»; sin embargo, parece más probable que su origen real esté en la frase egipcia shesep anj -imagen viva-, un epíteto aplicado a la escultura y en ocasiones a la misma Gran Esfinge. En Egipto, las esfinges normalmente eran representadas con el cuerpo de león, que a su vez se identificaba con el dios Sol, y la cabeza de hombre, normalmente con el tocado real nemes. Se da por hecho que la combinación de león y hombre era para simbolizar la unión entre el rey y el dios del Sol, Re. Una diferencia apreciable entre esfinges egipcias y griegas era que las primeras versiones egipcias fueron siempre, siempre, masculinas, hasta el Imperio Medio, que fue cuando se comenzaron a representar las primeras esfinges aladas.

HISTORIA DE LA GRAN ESFINGE

La Gran Esfinge, ubicada al lado del paso elevado de la pirámide de Quefrén -2500 a.C.- mide cerca de 73 metros de largo y 20 metros de alto. Fue tallada de una loma de roca que se dejó en el olvido una vez que la extrajeron. A lo largo de los siglos quedó prácticamente sepultada en arena en muchas ocasiones, pero también fue limpiada y adecentada repetidamente.

Delante de este monumento se alza un templo incompleto que se construyó durante la dinastía IV -2613-2494 a.C.-, aparentemente con la misma piedra que la Esfinge. Es posible que estuviera pensado para el culto a las tres formas del Sol: Jepri -por la mañana-, Re -al mediodía- y Atum -por la noche-, algo que resultaba curioso, ya que tenía un paralelismo evidente con las tres edades de los humanos en el enigma griego de la esfinge citado antes. En el Imperio Nuevo, la esfinge se identificaba con Harmaquis -Horus en el horizonte-, probablemente inspirándose en el hecho de que la Esfinge sepultada parecía ser únicamente la cabeza de un gobernante gigantesto surgido del horizonte. El ejemplo más evidente y famoso de limpieza fue realizado por Tutmosis IV en la estela del sueño, que se ubica justo delante de la Esfinge -1400 a.C.-. La inscripción detalla la promesa hecha al joven príncipe en un sueño: si rescataba a la Esfinge de la arena que la sepultaba, él se convertiría en el próximo rey.

Fue en la dinastía XVIII -1552-1305 a.C.-, cuando la Esfinge se reconstruyó utilizando para ello un revestimiento de piedra caliza. Además, se añadió entre sus patas, erguida, una estatua de la realeza. En los últimos tiempos ha crecido la preocupación por el deterioro evidente del monumento, el cual perdió su nariz hace siglos. Hay fragmentos que faltan en la barba y el ureo que fueron excavados por Giovanni Battista Caviglia y otros arqueólogos posteriores. Actualmente se encuentran en el British Museum y en el Museo Egipcio de El Cairo.

Recientemente, la erosión y el desgaste evidente por el agua se han convertido en el problema principal, amén de que el emplazamiento está cada vez más sujeto a un riguroso control medioambiental, con la idea de identificar las causas principales del deterioro.

¿QUÉ ANTIGÜEDAD TIENE LA ESFINGE?

Este monumento está rodeado de complejos de pirámides de la realeza, concretamente de la dinastía IV y las tumbas de oficiales reales. Por tanto, lo más plausible es que se construyó aproximadamente en la misma época. En el año 1853, la excavación de Auguste Mariette en el Templo del Valle, del gobernante Quefrén de la dinastía IV -muy cercano a la Esfinge- ya sugirió que este faraón era pobablemente el creador de la Esfinge y que la cabeza de la misma estaba tallada con su imagen. La inscripción de la estela del sueño de la dinastía XVIII comprende incluso una posible referencia a Quefrén. No hay duda, los diversos rasgos de la cabeza de la Esfinge, el nemes, el ureo y su fisonomía son comparabales con las estatuas de la dinastía IV.

No obstante, a pesar de que estas pruebas de campo arqueológicas parecen contundentes, fueron amenazadas durante un tiempo en el año 1992, cuando un geólogo norteamericano -Robert Schoch- afirmó haber encontrado pruebas que demostrarían que la roca de la Esfinge y el recinto que lo rodea habían sido gravemente erosionadas por el agua de lluvia durante al mentos 2.500 años antes de la dinastía IV. Entre sus argumentos destacan, en primer lugar, que dicha erosión característica había tenido lugar una vez que el cuerpo de la Esfinge ya estaba tallado. En segundo lugar, que los niveles de precipitaciones tan altos necesarios para conseguir esta eorsión se habían podido producir únicamente en el período del Neolítico -7000 y 5000 a.C.- y, en tercer lugar, que el monumento y su templo habían sido construidos en dos fases: la primera para tallar la parte central y la segunda para colocar los bloques que la cubren. Explicó que la cabeza era muy posterior y que habría podido ser tallada por un gobernante de la dinastía IV.

¿HAY ALGUNA CÁMARA SECRETA?

Fue a partir de la Edad Media -como mínimo- cuando se empezaron a contar relatos sobre las cámaras secretas que se ubicaban debajo de la Esfinge. Dos escritores árabes -al-Makrizi y al-Kodai- describieron una cámara de las que salían tres pasadizos que llevaban, cada uno de ellos, a una de las tres principales pirámides. Historias de este tipo fueron hechas por los primeros viajeros europeos, como Johannes Helferich -1579-, que describió un túnel que llevaba a la cabeza. A raíz de esto se dice que los antiguos sacerdotes habían convencido a los fieles que la Esfinge podía pronunciar oráculos.

Las investigaciones arqueológicas de Caviglia -1816-, Gaston Maspero -1881-1914-, Émile Baraize -1926-1934- y Selim Hassan -1936-11938-, no despejaron dudas al respecto de si había cámaras secretas, ni debajo de la Esfinge ni en los templos, pero la asociación entre el monumento y un depósito sepultado desconocido fue puesta en boga de nuevo en los años treinta del siglo XX por Edgar Cayce, un físico norteamericano. Cayce afirmó que la sabiduría de la Atlántida había sido colocada en una sala subterránea de registros asociados con la Esfinge y que su redescubrimiento durante el siglo XX daría lugar a un enorme desastre. Unos estudios de los años 1977 y 1993, respectivamente, revelaron anomalías en las inmediaciones de la Esfinge -fluctuaciones de resistencia eléctrica causada por cavidades-. Sin embargo, estudios posteriores con mejor tecnología, demostraron que dichas anomalías eran causadas por fisuras y cavidades naturales.

De modo que, a día de hoy y con las pruebas actuales, todo indica que la Esfinge no era ni un monumento neolítico precoz ni un archivo de la Atlántida. Sin embargo, hasta que no se sepa por qué se esculpió y por qué no podemos encontrar mención alguna de ella en los registros del Imperio Antiguo, continuará existiendo una aureola de misterio alrededor de la Esfinge.

 

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