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El sintoísmo, religión nacional de Japón, creencias y ritos ancestrales, el Kami

Publicado el 31/03/2019 en Literatura

El sintoísmo, religión nacional del Japón, es una mezcla de creencias y ritos ancestrales centrados en la adoración de fuerzas sobrenaturales, llamadas Kami. Ha sobrevivido desde tiempos remotos hasta la actualidad, aunque con el transcurso de los siglos ha sufrido innumerables adaptaciones y transformaciones.

CARACTERÍSTICAS DEL SINTOÍSMO

El nombre de la religión nacional del Japón, sintoísmo, se acuñó en el siglo VI, a partir de dos conceptos chinos, Shen y to. Shen, Shin en japonés, significa espíritu o dios, y to, do en japonés, quiere decir vía o camino. Este nombre servía para diferenciarse del budismo -Butsudo o vía de Buda-.

Los espíritus o dioses cuya adoración es la base del sintoísmo son las fuerzas sobrenaturales llamadas Kami, que son muchas y variadas y que a lo largo de los siglos han aumentado en número y han experimentado numerosos cambios.

Las características más relevantes del sintoísmo son: La capacidad sincrética, a saber, la facilidad para adaptar o asimilar creencias de otras religiones con las que ha coincidido, en especial el budismo. Es una religión nacional que ha traído la creación de mitos propios, a la vez que se ha visto complementada por otras religiones, la mencionada anteriormente, el budismo, pero también el confucianismo.

Por su naturaleza ancestral se trata de una religión arcaica y conservadora, pero ha pasado por cambios y adaptaciones a lo largo de la historia.

LA TEOLOGÍA SINTOÍSTA: LOS KAMI

Los Kami son los seres sobrenaturales con un poder y una capacidad superiores a los del hombre normal, que residen o se materializan en objetos o seres. Su número es muy elevado y so muy difíciles de describir iconográficamente.

Existen tres grandes grupos, a grandes rasgos, los Kami de la naturaleza y sus fuerzas, los Kami de los uji -linajes- y las Kami de individuos y de los antepasados.

Los Kami de la naturaleza son los más antiguos. Entre ellos están los árboles, con especial mención para los pinos y los grandes ejemplares. Asimismo, las montañas, las piedras -las de formas extrañas-, los lagos y los ríos eran también Kami. Los animales, muy especialmente los ejemplares más grandes, eran vistos como manifestaciones de Kami o como Kami ellos mismos -lobos y ciervos-. En numerosos casos eran ideados como seres favorables al hombre y se les invocaba para obtener una mejor cosecha. El trueno, los astros o el viento también eran Kami muy venerados, resultando la naturaleza un espectro poblado de seres sobrenaturales y, por lo general, beneficiosos. También se llegó a identificar territorialmente a estas divinidades surgiendo Kami de campos de labor o de valles fértiles.

Los Kami de los linajes o uji surgieron de los territoriales, que fueron modificando y ampliando su campo de acción hasta representar y ofrecer protección a los grupos allí asentados. En el Japón primitivo se organizaban en linajes -uji-; la pertenencia al uji se cimentaba en lazos de parentesco comunes, ya fueran biológicos o ficticios, en la aceptación de la jefatura del uji y en el culto de la divinidad que los protegía, el ujigami. Cuando la organización social se hizo más complicada, ciertos sublinajes se vieron favorecidos con más privilegios y aumentaron su importancia. Por otra parte, el linaje Yamato fue consolidando su superioridad frente al resto de los linajes de Japón.

Estos jefes eran reconocidos como reyes por los chinos tras aceptar pagar tributos y el linaje Yamato aumentó su poder a partir del siglo III, controlando territorios extensos y comenzando a consolidar su ideología, con el fin de cimentar su preeminencia. Los soberanos Yamato decían originarse en Yimmu Tenno, el primer emperador del Japón, emparentado a su vez con los dioses, cuya vida data en los relatos legendarios hacia el 660 a.C. A partir de la mitad del siglo VI comienzan a centralizarse los cultos, en especial los festivales de primavera, además de regularse los rituales. El reino Yamato intenta controlar y canalizar la religión de los uji, vasallos por medio de una administración política unida estrechamente con lo religioso.

Los individuos excepcionales por su poder o capacidades son tenidos en vida como Kami, siendo el mejor ejemplo el emperador. Tras la muerte también se convierten en Kami algunos personajes especialmente sobresalientes, aunque no daba la impresión de que existiese un culto de los antepasados tal y como sí había en China; además, como consecuencia de que el mundo de la muerte y el culto funerario fueron facetas religiosas en las que se especializó el budismo a raíz de su implantación, el conocimiento de los ritos fúnebres ancestrales sufre un fuerte deterioro.

También la fecundidad estaba presidida por Kami, que se materializaban en piedras y objetos que presentaban formas con claras formas que aludían a los órganos sexuales masculinos.

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