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Historia del Antiguo Egipto | Del Paleolítico al Imperio Romano | Vagamundos Blog

Publicado el 14/07/2019 en Literatura

En el paleolítico, el clima tropical que reina en África del norte, cede poco a poco terreno a la aridez y al desierto. Empujados por la extensión del Sahara, los cazadores nómadas se reagrupan a lo largo del Nilo.

Progresivamente, esos grupos se sedentarizan. Durante el neolítico (10.000 a 6.000 a.C.), erigen ciudades, hacen el aprendizaje de la agricultura, de la ganadería, de la alfarería y de la tejeduría.

Ya entonces, su vida está marcada por las crecidas del río.

A lo largo de 3.000 años de historia, el Egipto antiguo tuvo un total de 33 dinastías. La definición de dinastía, es la siguiente: conjunto de gobernantes que proceden de una misma familia.

1.  Período de Formación (del V milenio al III milenio a. C.)

Las ciudades se reagrupan en pequeños principados, cada uno de los cuales adora a sus propias divinidades. Poco a poco nacen dos reinos, el Alto Egipto (Valle del Nilo, centro y sur del país hasta Asuán) y el Bajo Egipto (Delta del Nilo en el norte). El soberano del norte luce una corona roja, su vecino del sur una blanca.

 

2. El alba tinita (3150-2635 a.C.)

Poco después de la escritura jeroglífica, el reino del sur invade el norte. El poderoso rey Narmer, encarnación del dios Horus, se convierte en el primer soberano de la I dinastía. Lleva la doble corona roja y blanca, que simbolizará, para los tres milenios siguientes, la unidad de ambos reinos.

Las dos primeras dinastías se instalan en Tinis, cerca de Abydos, en el sur. Este es un periodo importantísimo dentro de la historia del Antiguo Egipto, ya que en él se construye un Estado centralizado, dirigido por un monarca absoluto y una administración muy jerarquizada. Asimismo se crea una sociedad de privilegiados, que estará presente en todas las dinastías, y que permitió que la cultura sobreviviera incluso en épocas de inestabilidad interna. La mayoría de las instituciones egipcias aparecen en esa época. Se establecen los ritos funerarios, se desarrolla la escritura y con ella el poder de los escribas. La irrigación se planifica a gran escala, se explotan las minas del desierto oriental, se realizan expediciones de sometimiento a Nubia, se comercia con Palestina. Los artistas y artesanos mejoraron sus técnicas, produciendo gran cantidad de objetos de lujo. Se comienzan a desarrollar ciudades a lo largo de las orillas del Nilo, entre ellas, Menfis, futura capital del Imperio Antiguo.

La I dinastía tuvo un total de ocho faraones. La dinastía II, cuyo primer mandatario fue Hetepsejemuy, estuvo formada por diez.

 

2. Imperio Antiguo (2635-2140 a.C.)

En esta época, Egipto se convirtió en un gran estado y su civilización pasó a ocupar un lugar preeminente en el mundo, siendo una de las épocas más próspera del Antiguo Egipto. Por el poder pasaron cuatro dinastías (de la III a la VI).

Se consolida definitivamente la unidad del Alto y Bajo Egipto, el estado se organiza como una monarquía de derecho divino, en la que el faraón disponía de todos los poderes, ayudado para el gobierno por el visir en la capital y los nomarcas en las provincias.

Fue la época de los muestras de omnipotencia de los faraones. Djoser, fundador de la III dinastía, se hace construir en Saqqara un monumental conjunto fumerario. Su ministro y arquitecto Imhotep, inaugura el empleo de la piedra de talla e impone la forma piramidal para la tumba real.

Se construyen, durante la IV dinastía las grandes pirámides de caras lisas de Keops, Kefrén y Mikerinos, así como la gran esfinge de Gizah.

La política exterior es muy activa: intercambios comerciales con ciudades de Levante, guerras de conquista contra Libia, Nubia y el Sinaí, cuyas minas suministran materiales preciosos.

Durante la V dinastía, fundada por Userkaf, la religión toma más relevancia, y el clero va tomando poder: amo de la ciudad santa del dios Ra, Heliópolis (situada cerca de El Cairo) tiene una extraordinaria influencia sobre los faraones, hijos de Ra. Se  comienzan a realizar grabados funerarios en las pirámides con los distintos dioses locales

Pero, a pesar del gran desarrollo, la administración no consigue en su VI dinastía, mantener un Estado centralizado: los nomarcas, gobernadores de las provincias (o nomos), van tomando poder y escapan progresivamente del poder central, se hacen construir grandes tumbas y transforman el mandato otorgado por el visir en hereditario. Con Pepi II (que gobernó durante noventa y cuatro años, el más largo en la historia del mundo), el poder central se va hundiendo. A su muerte sube al trono la primera faraona de la civilización egipcia: Nitocris (Manetón dice de ella «la mujer más bella de todas, rubia y con mejillas rosadas»). Con ella se extingue la VI dinastía.

 

3. Primer Periodo Intermedio (2140-2022 a.C.)

El país cae en un etapa de descomposición, conociendo entonces un periodo de caos, con una larga sucesión de reyezuelos incapaces de imponer su autoridad a unas dinastías locales que se independizan: matanzas, invasiones, culturas devastadas, hambrunas, profanaciones de tumbas reales. Es posible que esta situación se agravara con cambios climáticos que hicieron bajar el nivel del Nilo. La inestabilidad interna provocó una crisis económica que hizo disminuir el nivel de vida de la población y produjo una ruptura de las relaciones económicas con el exterior. El arte, a su vez, se provincializa, y las divinidades locales renacen.

Es periodo está integrado por las dinastías VII a la X.

Los reyes se suceden rápidamente, y Egipto se divide en dos reinos. De la capital del sur, Tebas (actual Luxor), vendrá la recuperación de la paz y la unidad.

 

4. Imperio Medio (2022-1784 a.C.)

Mentuhotep I, rey de Tebas, tarda 15 años en conquistar todo Egipto. Sustituye a los nomarcas por funcionarios fieles y protege al país de invasiones mediante la construcción de fortificaciones frente al Sinaí. Fue un proceso lento, que culminaría con la XII dinastía, cuando el faraón asume los mismos poderes que poseía en el Imperio Antiguo.

El Imperio Medio fue una época de gran esplendor en todos los aspectos: se reanudan las expediciones militares contra Libia, Palestina y Nubia; se restablecieron las relaciones comerciales con el exterior, con Creta, y sobre todo con Oriente, con el que Egipto mantenía fructíferas relaciones comerciales, a través de los puertos de Biblos y Ugarit; se abrieron las minas de turquesas del Sinaí.

En el aspecto cultural hubo un renacimiento de las artes y las letras. Se construyen nuevas pirámides, como la de Hawara, al lado de la cual se creó un laberinto que, según Heródoto, contaba con más de 3.000 habitaciones. Asimismo se construyó un canal que comunicaba el Nilo con el mar Rojo. En literatura se llegó a la época clásica, con relatos como «La historia de Sinuhé», «Cuento del náufrago» o el «Papiro de Wescar». De esta época son también los «Papiros Médicos» y los «Papiros Matemáticos».

Amenemes I, fundador de la XII dinastía, abandona Tebas por El Fayum, más central, aunque el poder religioso sigue estando en Tebas. Además este faraón asocia su hijo al trono, para evitar problemas de sucesión. Esta práctica seguirá así en el Imperio Nuevo.

 

5. Segundo Periodo Intermedio (1784-1539 a.C.)

Se suceden cinco dinastías. Los soberanos de la XIII dinastía se van mostrando cada vez más débiles e incapaces de mantener la unidad del país y se caracteriza por mandatos cortos, ejecutados por militares y extranjeros. Ninguno de estos gobernantes consigue el poder absoluto de Egipto. El territorio se divide en tres regiones distintas, las cuales se constituyeron en estas zonas: A) El delta del Nilo y Menfis B) El territorio desde El-Fayum hasta Nubia y C) Tebas y su región

Hacia el siglo XVII a.C. un grupo heterogéneo de semitas y asiáticos, los hicsos, invadió el norte de Egipto y arrebató el poder de manos del último monarca de la dinastía XIII. Los hicsos disfrutaban de un avance técnico considerable, conocían el hierro y sobre todo el caballo y la rueda.

Por primera vez en la historia, Egipto es dirigido por extranjeros. Los invasores adoptaron las costumbres egipcias (dioses, lengua, escritura, vestidos, tradiciones, títulos, etc.) considerándose como sucesores legítimos de los faraones tradicionales. Se considera que aportaron muchos elementos positivos a Egipto y no interfirieron en su cultura tradicional.

Los faraones hicsos gobernaban la mayor parte de Egipto, pero en Tebas, al Sur, otros faraones mantenían un reducto de independencia, del que partiría la ofensiva que acabaría con el dominio hicso. Una vez más la salvación vendría de Tebas, que utiliza las mismas armas que sus adversarios. La XVII dinastía reconquista, poco a poco, el norte. La avanzada tecnología bélica que adquirió Egipto durante este periodo fue trascendental para el poderío militar que alcanzó el país durante la etapa siguiente.

 

6. Imperio Nuevo (1539-1069 a.C.)

Ya el último soberano de la XVII dinastía, Kamose, proclamó su ambición de reunificar Egipto. Sin embargo sería su hermano Ahmosis, quien lo conseguiría, inaugurando la XVIII dinastía, sin duda la más importante de la historia del Antiguo Egipto. Sus soberanos, los distintos Amenofis, y Tutmosis, sin olvidar a la reina Hatshepsut, componen una galería de inolvidables retratos, hasta Tutankhamon, pequeño rey sin poder, que murió a los diecinueve años, y cuya tumba descubierta inviolada, reveló la fabulosa riqueza que rodeaba los restos de los soberanos. Además también ocuparían el poder en esta etapa, las dinastías XIX y XX.

Lo más notable de este período es el afán expansionista tanto como precaución ante posibles invasiones, como para conjurar los peligros que suponían algunos vecinos como los mitanios y los hititas. Con ello se desarrolló un ejército permanente profesionalizado, que junto a las nuevas y poderosas armas de que disponían desde la guerra contra los hicsos, resultaron definitivas.

La expansión egipcia trajo consigo un incremento sustancial de los ingresos reales: Tutmosis III triunfa militarmente y hace avanzar las fronteras del Imperio, que en adelante, se extiende del Éufrates a la cuarta catarata del Nilo. Las riquezas, oro, materias primas preciosas y esclavos, afluyen de las tierras conquistadas, lo que contribuye a asentar el poder del faraón y, más aún, el del omnipotente clero de Amón.

Mención aparte merece Amenofis IV (posteriormente llamado Akhenaton), que llevó a cabo un gran cambio en la religión, por el que fue considerado el faraón “hereje”. Rechaza a Amón, a sus sacerdotes y al resto del panteón de los dioses, para honrar únicamente a uno solo: Atón, el disco solar Durante estos años abandona Tebas con su bella esposa Nefertiti (“la Bella ha llegado”) y se traslada a Amarna. Su pacifismo le hace olvidar la política exterior, y deja que los hititas se apoderen de las posiciones egipcias en Asia. Tras su reinado, al parecer, gobernó Nefertiti, aunque es una época algo incierta. Después, de mano de Tutankhamón, la capital vuelve a Tebas y se restablecen las creencias anteriores.

A la dinastía XIX, junto con la XX, se le conoce como época ramésida, gran linaje de militares que vuelven a dar a Egipto su grandeza mermada. Seti I echa a los hititas de Palestina, su hijo Ramsés II conquistó Nubia y venció también a los hititas en la clásica batalla de Qadesh. Además de guerrero es también constructor, a él debemos Abu Simbel, el Ramesseum y la sala hipóstila de Karnak.

En la dinastía XX, Ramsés III detiene a los invasores de los Balcanes, Asia Menor y Oriente. Sería el último gran faraón. Sus sucesores no sabrán luchar contra el desmoronamiento del poder central. La política expansionista provocó que surgieran otros centros de poder que con el tiempo buscaron autonomía y provocaron luchas internas.

 

7. Tercer Periodo Intermedio y periodo tardío (1069-343 a.C.)

Durante siete siglos, hasta la conquista de Alejandro, Egipto vive una larga decadencia. El país, dividido en minúsculos principados, pasa además por la humillación de las invasiones libia, etíope y más tarde, persa.

LOS LIBIOS llegaron a Egipto como mercenarios al servicio de los faraones ramésidas; su poder fue en aumento a medida que se fueron haciendo con el control del ejército. Uno de los faraones libios más poderosos fue Sheshonq, que tomó el título real y trasladó la capital del reino a Bubastis, iniciando la XXII dinastía en el 950 a.C. Emprende una victoriosa campaña en Palestina, y llega a saquear a su paso el templo de Jerusalén. Durante un siglo continúan siendo una potencia. Pero a partir del 730 a.C., Egipto se encontraba en estado de guerra civil. Los príncipes locales exigían la autonomía de sus territorios rechazando la autoridad central.

LOS NUBIOS, aprovecharon la debilidad egipcia, y procedentes de regiones más allá de la Cuarta Catarata, y de Etiopía, conquistaron a los que habían sido sus antiguos dominadores. Los nubios estaban completamente identificados con las costumbres y la cultura egipcia. El rey nubio Peye fundó la dinastía XXV, y durante 70 años el país estuvo gobernado por faraones negros, manteniendo el país unificado, desde Sudán hasta el Mediterráneo

La dinastía Nubia cayó bajo el feroz empuje de LOS ASIRIOS que, al mando de Asurbanipal en el 669 a.C., y provistos de armas de hierro, más poderosas que las de bronce de los egipcios, remontaron el Valle del Nilo hasta llegar a Tebas. Pero la dominación asiria no duró mucho: Psamético (fundador de la dinastía XXVI), heredó de los asirios el poder. Conocida como dinastía Saíta (672-525 a.C.) marca el último gran momento de la civilización faraónica: se restableció la monarquía centralista, se desarrollo notablemente el comercio, hubo un florecimiento cultural y artístico.

Pero la clase sacerdotal, obstinada en mantener sus antiguos privilegios, provocaron rencillas internas que debilitaron el Imperio e hicieron posible la conquista de este por LOS PERSAS en el 525 a.C., iniciando así la XXVII dinastía, la de los Aqueménidas, que reinó durante algo más de cien años. Estos se aliaron con las clases tradicionales, acabando con las tendencias modernizadoras llegadas gracias a los intercambios comerciales.

 

8. Periodo Helenístico (333-30 a.C.)

Con la ayuda de los griegos, los egipcios capitaneados por Alejandro de Macedonia (Alejandro Magno) expulsaron a los persas el 404 a.C., adueñándose del territorio egipcio. Alejandro fue recibido como un libertador, y se le consideró como sucesor legítimo de los faraones. Se inició una etapa de esplendor cultural resultado de la fusión de las culturas griega y egipcia. Alejandría, la ciudad fundada por el conquistador, se convirtió en la capital económica e intelectual del mundo mediterráneo. Confía la administración del país a su lugarteniente Ptolomeo, que subirá al trono según el rito faraónico en 306 a.C., y fundará la dinastía Ptolemaica.

Fueron reyes absolutistas, que dotaron a Egipto de una estabilidad que permaneció durante tres siglos. Además, adoptó las tradiciones egipcias. De estos años es la conocida Piedra Rosetta.

Pero sus disputas por alcanzar el poder, y el descontento del pueblo, que apenas se benefició de las riquezas, motivó que  Ptolomeo XII se viera obligado a recurrir al gobernador romano de Siria para restablecer la calma en Alejandría. Roma, que se acerca así a Egipto, está convencida de instaurar su autoridad. El país pasa a la tutela del senado romano, representado en Alejandría por Pompeyo.

 

9. Época Romana

A partir del siglo II a.C., los romanos se convirtieron en la potencia hegemónica del Mediterráneo, pasando a ser los árbitros en las luchas internas que se producían por el poder en Egipto que, de hecho se convirtió en un protectorado de Roma.

La última reina de la dinastía Ptolemaica, Cleopatra, apoya inicialmente a Pompeyo en su lucha contra Julio César. Pero finalmente se casa César, albergando la idea de iniciar una nueva dinastía hereditaria a partir del hijo de ambos, Cesarión. Pero la muerte de César, asesinado por Bruto, acabó con este plan.

Tras la derrota de los asesinos de Julio César, los dos vencedores, Octavio y Marco Antonio, se repartieron las áreas de influencia de Roma. Mientras que Octavio, el futuro emperador Augusto, se quedaba en Italia, a Antonio le correspondió gestionar los asuntos del Mediterráneo oriental. Cleopatra intentó unificar Oriente bajo la hegemonía de Egipto, por ello invitó a Marco Antonio y lo sedujo convenciéndolo para que se enfrentara con el poder central. Finalmente Octavio, en el año 31 a.C., vence a Cleopatra y Marco Antonio. Este último se suicida, según parece, tras recibir la noticia falsa de que la egipcia había muerto. Cleopatra, por su parte, se enteró de que el plan que Octavio tenía guardado para ella era exhibirla en Roma como trofeo. No pudiendo tolerar la humillación, la reina de Egipto se suicidó con la mordedura de un áspid.

Cleopatra fue la última reina de la dinastía ptolemaica. Tras su muerte, Egipto se anexionó al Imperio Romano.

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