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La astronomía y el estudio del cielo en los antiguos egipcios | Vagamundos Blog

Publicado el 01/11/2019 en Literatura

En el antiguo Egipto, los grandes conocedores de los fenómenos celestes eran los sacerdotes astrónomos, los cuales, desde las terrazas de sus templos observaban el firmamento. A ellos debemos agradecer el calendario de 365 días y la división en 24 horas del día. Uno de los astrónomos más antiguos que podemos reconocer en la documentación fue el gran sacerdote heliopolitano Tjenti, de la V dinastía. Entre sus títulos figuran los de «superior de los secretos del cielo» y «observador de los secretos del cielo».

Pero estos astrónomos eran, sobre todo, horólogos, interesados fundamentalmente en observar aquellas estrellas que les servían para medir las horas de la noche. Al revés que en Mesopotamia, el astrónomo egipcio antiguo no se relacionó a la astrología, creencia que sólo en la segunda mitad del I milenio a.C., por influencia grecobabilónica, se introduce en Egipto. En ocasiones, los sacerdotes astrónomos podían distinguirse por una vestimenta especial. Uno de los mejores ejemplos fue Anen, cuñado del gran rey Amenhetep III, tal y como nos demuestra una estatua suya conservada en el Museo Egipcio de Turín.

Las estrellas que decoran la piel de pantera con la que se cubre el torso relacionan a este personaje, sin dejar atisbo alguno de duda, con la observación de la bóveda celeste. Los conocimientos astronómicos de los sacerdotes egipcios debían ser tenidos en consideración y, como algunas partes de la liturgia religiosa egipcia, eran secretos y desconocidos por otras personas. Así se comprende a través de una cita de Estrabón (XVII 1:29): «En Heliópolis yo he visto las grandes casas en las que vivían los sacerdotes. Se dice que en otro tiempo esta ciudad fue la residencia de los sacerdotes, hombres de ciencia y astrónomos (...) Estos sacerdotes, que tenían unos enormes conocimientos de los fenómenos celestes, los mantenían con gran secreto y eran poco proclives a compartir su sapiencia.» Un autor anterior a Estrabón, Diodoro de Sicilia, también dejó constancia de la sabiduría y la escrupulosidad con la que los astrónomos egipcios anotaban las posiciones de los astros: «En cuanto a la observación de las posiciones y de los movimientos astrales, también es objeto de la atención de los egipcios más que de todos los otros pueblos; ellos conservan anotaciones sobre cualquier estrella desde un número increíble de años».

Por desgracia, sin embargo, no ha llegado a nosotros ni un solo tratado de astronomía del antiguo Egipto. Debieron poseer tablas y guías donde habrían reunido parte de sus conocimientos, rollos de papiro que debían guardarse en los archivos de los templos. En el caso concreto de la biblioteca del templo del dios Horus de Edfú han sobrevivido, inscritos en sus paredes, los títulos de 31 obras, entre las que existieron al menos dos de astronomía. Una lleva por título: «Conocimiento de los retornos periódicos de los dos espíritus celestiales: el Sol y la Luna»; mientras que la segunda se titula: «El gobierno de los retornos periódicos de las estrellas». Igualmente, el papiro Carlsberg I, en sus comentarios en demótico del Libro de Nut, cita como obras de referencia una amplia serie de libros vinculados a la astronomía de los que sólo conocemos el título: «La descripción de los movimientos de las estrellas», «Libro para observar el disco solar», «Libro del cielo», etcétera.

Aunque los más antiguos relojes astronómicos conservados en Egipto, las tablas de los relojes estelares diagonales, proceden todos ellos del Primer Período Intermedio e Imperio Medio, existen tres citas de los Textos de las Pirámides que muestran que ya durante el Imperio Antiguo los egipcios debían tener perfectamente desarrollado el sistema de decanos horarios, es decir, de series de estrellas que les servían para medir las horas de la noche a lo largo de todo el año. Los egipcios establecieron un sistema de 36 decanos, uno por cada semana del año civil (recordemos que las semanas egipcias eran de diez días) más otros 12 decanos utilizados durante los días epagómenos con los que cerraban el año sumando 365 días. Los ejemplos que tenemos de relojes estelares diagonales proceden de las tapas de ataúdes de las dinastías IX a XII. En ellos los decanos aparecen listados en series de doce, por columnas, repartidos en 36 décadas. El final de la duodécima hora de la noche quedaba marcada por el orto helíaco de su decano, al que seguían las primeras luces del día. Cada decano marca una hora concreta de la noche durante un período de 10 días.

Cuando el Sol se oculta y se hacen visibles las estrellas, el primer decano de cada columna, el que marca la primera hora de la noche durante esa década, es visible sobre el horizonte oriental. La primera hora era necesariamente más corta según pasaban los días, pues debemos tener en cuenta que las estrellas salen cada día unos cuatro minutos antes que la noche anterior. La segunda hora de la noche acababa cuando salía el siguiente decano, y así sucesivamente hasta el crepúsculo matutino, en el que el 12º decano de la noche deja de ser visible.

En algún momento durante el Imperio Medio los egipcios comenzaron a desarrollar un sistema nuevo de medición de las horas de la noche, los relojes de tránsito decanal, básicamente haciendo uso de las mismas estrellas. Si el reloj estelar diagonal se basaba en la observación de la salida de los decanos por el horizonte oriental, el nuevo método iba a seguir el paso de éstos por el meridiano central. Los ejemplos de relojes de tránsito decanal aparecen en el Imperio Nuevo formando parte del Libro de Nut, llamado así porque se desarrolla alrededor de una representación de la figura de la diosa celeste, Nut. Los ejemplos más conocidos son los del cenotafio de Seti I en Abidos y el de la diosa celeste, Nut. Los ejemplos más conocidos son los del cenotafio de Seti I en Abidos y el de la tumba de Ramsés IV en el Valle de los Reyes. En ellos se aportan efemérides astronómicas de las estrellas horarias: cuándo marcan la primera hora, cuándo entran en conjunción y cuándo tienen su orto helíaco.

Durante el Imperio Nuevo encontramos otro método de contabilizar las horas de la noche basado principalmente, como el reloj de tránsito decanal, en la observación de la culminación de los decanos. En este caso, la información astronómica era repartida en 24 tablas, dos por cada mes, en cada una de las cuales se listaba la posición de 13 estrellas decanales. Cada una de las tablas podía venir acompañada de la figura de un hombre sentado visto de frente, con una red de fondo de 7 líneas verticales y 13 horizontales sobre él. La línea vertical central, que en muchas ocasiones se hacía coincidir con la vertical de la nariz de la figura, representa el meridiano central. Las otras 6 líneas verticales representan líneas de tránsito anteriores o posteriores a la del meridiano central y tomaban como referencia la vertical sobre partes del cuerpo como los ojos, orejas y hombros. Los relojes estelares no fueron los únicos empleados por los egipcios, pues también desarrollaron varios tipos de relojes solares. De estos últimos podríamos diferenciar entre los llamados relojes de sombra y los relojes de Sol, propiamente dichos. Además, tanto por el día como por la noche podrían usar las clepsidras o relojes de agua, documentados desde la dinastía XVIII y que los egipcios fueron perfeccionando con el tiempo.

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