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La hégira y la victoria de Mahoma, la amenaza del profeta para los gobernantes de La Meca

Publicado el 09/03/2019 en Literatura

Al aumentar el número de sus seguidores y situarse como intérprete único de la voluntad de Alá, Mahoma se convirtió en una seria amenaza para los gobernantes de La Meca.

HUIDA A MEDINA

El 16 de julio del año 622, Mahoma y sus seguidores tuvieron que huir de La Meca y refugiarse en la ciudad de Medina. Este viaje fue la hégira, que en árabe quiere decir «emigración». Este periplo tuvo su importancia, ya que, a partir de esa fecha, comienza el calendario islámico, que se sigue actualmente en los países con mayoría musulmana. Se cuenta desde el año 622, en que huyó Mahoma de La Meca a Medina y se compone de años lunares de 354 días, intercalando 11 de 355 en cada periodo de 30 años.

A partir de ese momento, Mahoma, desde la ciudad de Medina, proclamó que toda persona, fuera cual fuera su raza o color, podía unirse al islam. No se dirigió solo a los árabes, sino que predicó un mensaje universal y personal. La relación entre Alá y sus fieles es directa, sin más intermediarios que el propio profeta. Fueron 10 años los que Mahoma y sus seguidores vivieron en el exilio y tuvieron que sufrir combates inciertos, antes de afianzar su fuerza y entrar victoriosos en La Meca en 630. Dos años después, Mahoma murió en Medina, sin que tuviera un sucesor claro. Su legado fue una comunidad que se organizaba en torno a la religión, que se desvinculaba de las estructuras antiguas de las tribus árabes y que demostró tener una gran fuerza y capacidad para ganar seguidores y conseguir una expansión más allá de los límites de Arabia.

A partir de ese momento, Mahoma, desde la ciudad de Medina, proclamó que toda persona, fuera cual fuera su raza o color, podía unirse al islam. No se dirigió solo a los árabes, sino que predicó un mensaje universal y personal. La relación entre Alá y sus fieles es directa, sin más intermediarios que el propio profeta. Fueron 10 años los que Mahoma y sus seguidores vivieron en el exilio y tuvieron que sufrir combates inciertos, antes de afianzar su fuerza y entrar victoriosos en La Meca en 630. Dos años después, Mahoma murió en Medina, sin que tuviera un sucesor claro. Su legado fue una comunidad que se organizaba en torno a la religión, que se desvinculaba de las estructuras antiguas de las tribus árabes y que demostró tener una gran fuerza y capacidad para ganar seguidores y conseguir una expansión más allá de los límites de Arabia.

LA EXPANSIÓN MUSULMANA

Esta unidad de los árabes en torno a una religión que tenía un mensaje universal, amén de otro proselitista, les indujo a concentrar sus esfuerzos y a no pelear entre ellos, como había ocurrido en tiempos pretéritos. Llegaron a la conclusión de que era mejor expandirse y difundir la religión fuera de los límites de los desiertos de Arabia.

Se puso en marcha una fuerza bélica de proporciones gigantescas que llevó a que, en 642, solo 10 años después de la muerte de Mahoma, el islam controlase los territorios donde había nacido la civilización: Egipto y Mesopotamia. En 711 llegaron por el oeste a la península Ibérica y, por el este a la India, zona muy rica y de gran extensión.

Los musulmanes ofrecían una religión abierta a todo el mundo, que prometía una mayor igualdad y prosperidad, lo que se reflejaba en un comercio floreciente conectando África, Europa y Asia. Con los guerreros, también los comerciantes se mostraron como importantes conductores de la influencia musulmana, lo que redundó en que se convirtieran en imprescindibles para la causa. En Indonesia, en China o en zonas de África subsahariana resultaron clave. Tras la vertiginosa expansión del islam, esta religión pasó de ser solo árabe a convertirse en religión mundial.

LOS LÍMITES GEOGRÁFICOS DEL ISLAM

El avance del islam ha sido continuo a lo largo de la historia hasta nuestros días, como por ejemplo en África. Si embargo, ha sufrido serios reveses que marcaron sus límites geográficos y de influencia. En el año 732, la batalla de Poitiers, en el centro de Francia, marcó un punto de inflexión en la penetración territorial musulmana en lo que a Europa occidental se refiere.

La península Ibérica fue durante siete siglos un territorio de continuos enfrentamientos, pero también convivieron musulmanes y cristianos, hasta que, en 1492, cayó el reino de Granada. Este hecho cosolidó claramente la línea de separación entre el islam y el cristianismo, algo que perdura hasta la actualidad. Se trata del estrecho de Gibraltar.

Constantinopla, capital del imperio bizantino, fue atacada desde 674 sin éxito y solo fue conquistada en 1453 por los turcos otomanos, que en el siglo siguiente extendieron sus conquistas y, por ende, el islam, por el centro de Europa hasta las fronteras de Polonia y Austria. El límite lo marcaron los dos intentos fallidos de conquistar Viena, en 1529 y 1683. Posteriormente, el imperio otomano tuvo que replegarse y perdió sus territorios europeos, aunque todavía perduran zonas con mayoría musulmana en los Balcanes, léase Albania o Bosnia.

 

 

 

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