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La tumba de Jesucristo en el Jersualén de dominio romano ¿se encuentra en la iglesia del Santo Sepulcro?

Publicado el 16/03/2019 en Literatura

Visitaremos Israel y, por ende, Jerusalén, en octubre de 2020 -puente del Pilar-.

Mucha gente está convencida de que en el corazón de la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén, está la tumba verdadera de Jesucristo. Sin embargo, si consideramos que el lugar donde fue enterrado Jesús estuvo perdido durante más de 200 años, cuando Jerusalén era ciudad pagana, ¿cómo se puede aseverar de forma tan contundente?.

A principios del siglo IV, Constantino, que fue el primer emperador romano cristiano, declaró el cristianismo religión estatal del Imperio. Era el año 325 d.C., justo después del Concilio de Nicea, y pidió al arzobispo Makarios de Jerusalén que buscara y encontrar la tumba de Jesucristo y construyera una gran iglesia encima. Por lo visto, el arzobispo sabía exactamente dónde había que buscar y, sin albergar ninguna duda, comenzó la destrucción del gran templo romano, que fue edificado por otro emperador romano, Adriano, dos siglos antes. Cuando llegaron al corazón del templo, los excavadores se encontraron, con suma rapidez, con una tumba que fue declarada por unanimidad como el lugar exacto donde José de Arimatea había colocado con premura el cuerpo de Jesús antes del comienzo del sabbat, hacía más de 300 años. ¿Cómo fue esto posible? ¿Se trataba de un milagro o Makarios conocía la tradición que llevaba directamente a la tumba?. Quizá existía otro motivo.

QUÉ DICE EL EVANGELIO

Los evangelios cuentan que los romanos crucificaron a Jesús cerca de las murallas de Jerusalén, para que los ciudadanos pudieran ver bien el castigo que se imponía a los criminales. Cuando pasamos la esquina noroeste de la ciudad, nos encontramos con una cantera donde había una piedra caliza sólida llamada malaki, que aún hoy se utiliza para recubrir los edificios de Jerusalén. Esta cantera se remonta a los siglos VIII y VII a.C., y en la época de Jesucristo era una zona de jardines y huertos. En un punto de la cantera había un filón de roca imperfecta que los mamposteros habían dejado porque no les servía para la construcción. Esta roca es la que la mayoría acepta como el Calvario o el Gólgota -o sitio de la calavera-, donde Jesús fue crucificado entre los dos ladrones.

Cerca de allí, las tumbas de algunos de los ciudadanos adinerados de Jerusalén habían sido cavadas en la roca sólida de las paredes de la cantera. La tumba de José de Arimatea podía ser una de ellas, cerca de un puesto de ejecución pública pasadas las murallas de la ciudad, tal como dice el Evangelio según San Mateo (27:57-60). Este relato del Evangelio tambíen nos cuenta que la entrada a la tumba fue tapada con una roca grande y pesada con forma de rueda de molino. Los arqueólogos han encontrado algunas tumbas como esta en la zona de Jerusalén y datan de la época de Jesucristo. Es probable que pertenecieran a familias de la aristocracia que enterraron allí a sus difuntos durante generaciones y las cerraron con enormes piedras redondas que hacían rodar por una ranura de la entrada.

Antes del sepelio, había que bañar y ungir cada uno de los cuerpos, de acuerdo con los rituales de la ley judía de aquella época. Luego se envolvía en una mortaja y se colocaba en un banco cortado de la roca en un lado de la cámara funeraria. Para lavar y ungir el cuerpo de Jesucristo las mujeres volvieron a la tumba de madrugada el día después del sabbat, y se encontraron con que la piedra había sido apartada a un lado y el banco funerario estaba vacío.

ÉPOCA ROMANA EN JERUSALÉN

Fueron muchos años los que pasaron los cristianos de Jerusalén venerando ese sitio, un culto que se perdió a principios del siglo II, cuando Adriano destruyó la ciudad y fundó la colonia pagana de Aelia Capitolina. En el año 135 construyó un gran templo encima de una plataforma elevada, dedicado a Afrodita, diosa del amor. Según San Jerónimo -probablemente los escribió alrededor del año 395-, cerca de la roca del Calvario podría haberse encontrado incluso una gran estatua de Afrodita. Otras opiniones de cristianos dicen que Adriano construyó el templo en el sitio de la tumba sagrada para impedir que los cristianos accedieran a sus lugares más venerados y sagrados. De hecho lo consiguió, logró impedir que tanto judíos como cristianos pudieran practicar su fe en su nueva ciudad. Sin embargo, una pequeña presencia cristiana se mantuvo en Jerusalén durante todo el dominio romano.

Cuando Constantino ordenó localizar el paradero de la crucifixión y la tumba de Jesucristo, el tamaño de la ciudad y la extensión de las murallas habían cambiado muchísimo. Aunque la ubicación hubiera quedado grabada en la memoria tradicional, ¿cómo podían saber los cristianos, a esta alturas, el lugar exacto de la sepultura de Jesús, teniendo en cuenta que en esa época Jerusalén era pagana?. A pesar de todo, el arzobispo Makarios fue en el acto hacia el gran templo romano, en el lado norte del foro, justo en el corazón de la ciudad de Adriano. En la época de la crucifixión, esta zona estaba fuera de la ciudad y había sido añadida a ella unos 10 o 15 años después de la muerte de Jesús.

EL DESCUBRIMIENTO DE LA TUMBA

Existe una versión -de un testigo- acerca del descubrimiento de la tumba de Jesucristo. Corría el año 337 y Eusebio -obispo de Cedarea e historiador de la Iglesia-, bastante mayor, escribió un biografía del emperador Constantino. Según este obispo, los excavadores se quedaron asombrados de hallar la tumba de Jesucristo de forma tan sencilla. Sin embargo, ¿encontraron realmente la tumba correcta o simplemente era una que dieron por sentado que era la que buscaban? Quizá tenía alguna marca distintiva, el nombre de Jesús grabado -algo que no mencionaron, ni siquiera el obispo Eusebio-. Martin Biddle, del Hertford College -Oxford-, señaló que así es como se identificó la tumba de san Pedro, sepultada bajo el altar de la basílica de san Pedro en Roma.

Sea como fuere, la iglesia que se levantó en Jerusalén, la iglesia del Martyrion -testigo-, era la más grande de su época, antecesora de la actual iglesia del Santo Sepulcro. Si pasamos esta gran iglesia y nos dirigimos al jardín sagrado, nos encontramos con la tumba. La roca que la rodeaba ha sido cortada y se levanta bien visible con el terreno nivelado a su alrededor. Constantino, después de la construcción de la iglesia en el año 335, encerró la tumba de roca dentro de un pequeño relicario llamado edículo -edificio pequeño-, y creó una gran rotonda -que se llamó Anastasis o Resurrección- a su alrededor y coronó el conjunto con una cúpula enorme.

A día de hoy la tumba se conserva dentro del tercer descendiente del edículo original. Si se aceptara, como muchos hacen, que se trata de verdad de la tumba de Jesucristo, conllevaría todavía un misterio final, ya que no se sabe realmente si se ha conservado algo de la tumba original. Durante los muchos siglos que han pasado desde que se construyeron el edículo y la iglesia donde se encuentra, ha sido destruido total o parcialmente varias veces a causa de incendios, terremotos o por causa de los humanos. El edículo fue reconstruido por última vez después de un incendio de grandes proporciones en el año 1808. Recientemente, en el año 1907, fue apuntalado con andamios de acero. Dichos andamios siguen allí y ha quedado muy claro que el edículo debe pasar por unas obras de construcción más severas en los próximos años. Si esto ocurre, con el permiso de las comunidades religiosas cristianas, que son responsables de la iglesia del Santo Sepulcro, sería posible detectar si queda algo de la tumba real donde se dejó que reposara el cuerpo de Jesucristo.

 

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