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La tumba perdida de Alejandro Magno

Publicado el 10/02/2019 en Literatura

Alejandro Magno murió en Babilonia en 323 a.C. Sus restos estaban destinados a ocupar un lugar en el cementerio real ancestral de los reyes macedonios, sito en Aigai -norte de Grecia-. Fue embalsamado en Babilonia, en lugar de ser incinerado. Esto lo convirtió en centro de una lucha de poderes cuando varios personajes que pretendían el imperio que dejó Alejandro Magno, lucharon por la sucesión. Hay fuentes que sostienen que el general macedonio deseaba ser enterrado en Siwa, oráculo de Zeus-Amón, en el desierto occidental de Egipto. Fue en este lugar donde le dijeron que era «hijo de Ra», lo que viene a ser, en contexto, hijo de Zeus-Amón. Este es el motivo por el que la imagen de Alejandro Magno fue acompañada del atributo de ese dios -unos cuernos de carnero-. Otras fuentes sostienen que el hecho anteriormente mencionado no fue más que propaganda de guerra durante el tiempo que transcurrió tras su muerte.

Fue Ptolomeo Sóter I, el gobernador de Egipto -304-284 a.C.-, quien se hizo con el cadáver de Alejandro Magno. Se dirigió con el cuerpo a Damasco -Siria- e hizo las gestiones pertinentes ante Arrideo, responsable de transportar el cuerpo desde Babilonia. Con seguridad después de aceptar un soborno suculento, el cortejo fúnebre fue desviado y se dirigió hacia Egipto, no hacia Babilonia

Los aconctecimientos posteriores se desconocen, aunque según la tradición histórica, el cuerpo de Alejandro Magno fue desviado a Menfis antes de su traslado a Alejandría. Se estima que estuvo un tiempo enterrado en Menfis, como mínimo durante un período corto de tiempo. En cualquier caso, dado que son datos que no se han probado en su totalidad, lo más probable es que antes de que acabara el reinado de Ptolomeo Sóter I, el cadáver de Alejandro Magno fue trasladado a Alejandría. Allí fue expuesto permanentemente en un ataúd de oro. No fue esta su última morada. Fue el sucesor de Ptolomeo Sóter I, Ptolomeo Filopátor I, entre el 221-205 a.C., el responsable de la construcción de un mausoleo para la dinastía ptolemaica, conocido como Sema o Soma -depende de las fuentes-, donde se ubicó el cuerpo de Alejandro Magno y los predecesores que siguieron a Ptolomeo como gobernantes de Egipto.

Esta última edificación podría haber sido levantado alrededor de la última morada original de Alejandro Magno en Alejandría, aunque es más veraz que fuera construido en un sitio nuevo bastante cercano. A pesar de todo, pronto quedó olvidado. Fue Tolomeo X -107-88 a.C.- quien robó el sarcófago de oro y lo sustituyó por otro de alabastro. El último visitante del que se tiene constancia a la tumba de Alejandro Magno fue el emperador romano Caracalla, en 215 d.C. Se supone que el monumento fue destruido en los disturbios que tuvieron lugar en Alejandría cerca del año 273 d.C.

Qué pasó con la tumba de Alejandro Magno

Jamás se encontró rastro de la tumba de Alejandro Magno. De quedar algo, es posible que esté enterrado en las profundidades en algún sitio alejado de la Alejandría moderna. Se sabe, más o menos, dónde estaba. Algunas fuentes sostienen que está en la zona conocida como Los Palacios, un grupo inmenso de residencias, sepulcros y zonas de placer de la realeza, junto al puerto oriental. Si es así, esta se encuentra cerca del mar. A pesar de esto, las fuentes escritas no han dejado pista meridianamente clara de su ubicación, aspecto o tamaño. Del mismo modo, se desconoce su forma -cuadrada o rectangular-, algo normal para los mausoleos de la época cuando de reyes se trataba. 

Como existe una carencia evidente de pruebas, solo queda acudir a la especulación. En el norte de África se han conservado impresionantes monumentos de la época prerromana, y fuera de Egipto son los mausoleos de los reyes numídicos los más destacados. En Siga, Tipasa, Constantina y Batna -Argelia- o en Dougga -Túnez-. Todos muestran vínculos con el mundo helenístico griego y la puerta falsa que los divide -un rasgo común en todos ellos-. De esto deducimos que era norma en toda la arquitectura funeraria macedonia. De estas tumbas numídicas, las más grandes on los mausoleos sólidos y circulares de Le Medracen y el cercano a Tipasa, conocido como la Tumba de la Mujer Cristiana. El primero fue construido entre los años 200 y 150 a.C., mientras que la de Tipasa es un siglo posterior. Existen teorías que dicen que ambas utilizaron el modelo de la tumba de Alejandro Magno en Macedonia. Por tanto, es posible conjeturar que la tumba de Alejandría era circular -igual que las numídicas- y que luego Augusto siguió el ejemplo de sus predecesores. Se puede suponer, además, que la tumba de Alejandro Magno estaba decorada con columnas adosadas y empotradas alrededor del exterior, además de estar lujosamente engalanada con esculturas. Sin embargo no se puede aseverar con exactitud, amén que es casi imposible que algún día desentierren los restos del rey Macedonio de la actual Alejandría. Por tanto, nos quedaremos siempre con la duda.

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