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Libro de viaje a Canadá en julio de 2019 | Ottawa, Mil Islas y las Cataratas del Niágara

Publicado el 23/02/2019 en Literatura

Viaje a Canadá entre el 03 y el 12 de julio de 2019. El día 09 de julio visitaremos Ottawa, Mil Islas y las Cataratas del Niágara. En este artículo dejamos el itinerario detallado de ese singular día.

Desayuno buffet en el hotel. Nos ponemos en marcha a través de la carretera Transcanadiense que nos llevará hasta Niágara. Paro antes de llegar tenemos una bonita excursión por esta región conocida como de las 1000 islas, una de las más hermosas y románticas del país. A su salida del lago Ontario, el San Lorenzo está salpicado durante 80 km por una constelación de más de 1.800 islas accidentadas desde Kingston a Brockville. Todas estas islas proceden del eje de Frontenac, que une el Escudo Canadiense con los montes Adirondack, en Estados Unidos. Realizaremos una excursión en barco de aproximadamente una hora por el exuberante rosario de peñascos aislados, a través de las aguas centelleantes, y las rocas de granito rosa, lentamente erosionadas por los glaciares y repletas de bosques. Estas islas han sido lugar de recreo durante un siglo y medio. Los ricos fueron los primeros en llegar, construyendo extravagantes residencias de verano.

Almuerzo libre, no incluido.

Continuamos a través de la carretera panorámica, en un espectacular recorrido que zigzaguea por la bucólica ribera regalando vistas y zonas de picnic de ensueño. Llegada a Niágara, donde nos esperan las majestuosas y famosas cataratas, una de las mayores atracciones de Norteamérica. Tiempo libre en la noche, donde podremos contemplar las cataratas iluminadas que nos ofrecerá una imagen muy especial.

Habitada antiguamente por indios pacíficos, eliminados en gran parte por los iroqueses, la zona del Niágara tenía un clima templado, un suelo fértil y una situación estratégica entre dos de los Grandes Lagos. A los primeros exploradores les intrigaron los relatos locales de una gran catarata en algún lugar del continente. El primer testimonio de la existencia de las cataratas corresponde al padre Louis Hennepin, que acompañó al explorador Cavelier de La Salle por el lago Ontario. En 1678 escribió acerca de unas «aguas que caen desde un horrible precipicio … haciendo un infernal ruido, más terrible que el del trueno». Intrigado por ese bramido lejano, remontó las aguas hasta llegar a las cataratas. Los franceses fundaron un puesto comercial en Lewiston en 1721 y posteriormente levantaron Fort Niágara, hoy en el lado estadounidense. En 1759, los británicos tomaron el control de la zona del Niágara; durante la Revolucionary War y posteriormente, durante la guerra de 1812, la zona fue escenario de numerosos combates. La paz establecida en 1814 permitió concentrarse en los problemas y oportunidades que presentaban las cataratas. La barrera que ofrecían a la navegación fue superada, primero por la construcción del Erie Canal en 1825, que unía el curso superior del rio Niágara con el Hudson , y posteriormente por el Welland Canal (1829) que conectaba los lagos Erie y Ontario. Desde que fueron descubiertas, los turistas han acudido a verlas masivamente. A finales del siglo XVIII había una rudimentaria posada en Table Rock, pero durante el siglo XIX se popularizaron, y en 1848 se construyó un puente para peatones. Sobre todo después de la I Guerra Mundial, el turismo tuvo un crecimiento explosivo, ya que los automóviles hacían la llegada hasta las cataratas mucho más fáciles. El desarrollo de la región amenazaba la belleza natural del sitio. Por ello, se estableció en ambos países una comisión para regular las necesidades de la zona, creándose el parque Queen Victoria Niagara Falls, que regula el uso de las tierras a lo largo del curso del río Niágara desde el lago Erie hasta el lago Ontario.

Alojamiento en Hilton Niagara Falls.

LOS ATREVIDOS DE LAS CATARATAS. A finales del siglo XIX hubo una proliferación de kamikazes que buscaban la gloria jugándose la vida en el Niágara delante de un público amante de las emociones fuertes. El más famoso de estos temerarios acróbatas fue, en 1859, el funambulista francés Blondin, que, recorriendo un cable tendido encima de los rápidos, transportó a su agente sobre los hombros, volvió para que le prepararan una comida, atravesó de nuevo el desfiladero en bicicleta y volvió con los ojos vendados …

También fue célebre el caso de Mrs Annie Edson Taylor, viuda y maestra de escuela, quien el 24 de octubre de 1901, el día de su 63 cumpleaños, se lanzó desde lo alto de las cataratas del Niágara a bordo de un simple barril de madera. Despeinada y algo magullada, Mrs Taylor sobrevivió a la caída de 52 metros desde la «Herradura del Caballo» (Horseshoe Falls) y se convirtió en la primera de una larga lista de temerarios saltadores que desoyeron sus primeras palabras tras la hazaña: «Nadie debería volver a hacer esto».

Otros intentaron cruzar los rápidos a nado o bajarlos en toneles, pero muchos no pudieron evitar morir ahogados. Los más intrépidos, o inconscientes, saltaban las cataratas en embarcaciones especialmente diseñadas, pero la mayoría desaparecieron para siempre bajo las aguas. En la actualidad la policía prohíbe cualquier tentativa de este tipo.

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