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Los principios del confucianismo, la religión imperial en China durante más de 2.000 años

Publicado el 23/03/2019 en Literatura

Confucio pensaba que los dirigentes debían servir de ejemplo al pueblo por medio de su comportamiento. Para Confucio, la sociedad ideal sería aquella que viviese en armonía gobernada por los más sabios. Sus enseñanzas dieron forma al confucianismo, que fue, durante más de 2.000 años, la religión mayoritaria en China.

CONFUCIO Y EL GOBIERNO PERFECTO

El confucianismo es una religión de alto carácter político, como la mayoría que generaron las civilizaciones originales, orientadas a consolidar un gobierno perfecto. Su primer líder y teórico fue Confucio (552-479 a.C.), aunque no existe seguridad de que ninguno de los escritos confucianistas fueran suyos. Vivió en la controvertida y turbulenta época de la dinastía Chou, con China dividida, muy mal gobernada y que echaba de menos una época mejor. Confucio, de acuerdo con el ideal de la admiración por el pasado, intenta recrear o restablecer las bases de un sistema de gobierno perfecto, basado en la antigua sabiduría de la que se considera transmisor, aunque no existen pruebas de que fuese su creador.

Confucio llevó a cabo un modo sistemático de gobernar, que ya existía en la civilización china original, que perduró hasta 1912 en ese país y que todavía tiene seguidores en Taiwán, Corea y otras zonas asiáticas. Se trata de una religión aún viva, cuya longevidad resulta sorprendente frente a la desaparición de otras religiones de civilizaciones originales.

LAS NORMAS CONFUCIANISTAS

La verdad es que Confucio, en vida, no consiguió excesiva influencia ni reconocimiento general, aunque ejerció sobre sus discípulos un magnetismo que se consolidó con su enorme fama posterior. Ideó un sistema de educación y un camino de desarrollo personal práctico basado en una serie de principios o normas cuyo cumplimento llevaba implícito la conversión en hombre de bien y que podemos resumirlo en cuatro puntos:

La primera es el li, la moralidad, las formas y los ritos. Se trata de un grupo de convenciones que regulan las relaciones entre los hombres y el desarrollo de las ceremonias. Es un código de conducta que tiene como fin una actitud mental correcta que se materialice en un comportamiento correcto, por ejemplo, de padres hacia los hijos o del súbdito hacia el soberano. Se aprende, no se hereda o posee por pertenecer a un grupo especial -léase nobleza-, lo que otorga al confucianismo una característica única, la de valorar menos el linaje que el aprendizaje. Se trata de un dogma muy útil en un sistema despótico en el que el servicio al estado es un bien superior a la pertenencia a una lína de sangre extraordinariamente valorada y difícil de controlar por cualquier gobernante.

La segunda es el Jen, que da importancia a la benevolencia y la humanidad, consistente en «amar a todos los hombres como a uno mismo», basada en el respeto a cada cual según su rango y función. Algo difícil de conseguir en su grado máximo, solamente la alcanzaron los sabios de la época mitológica.

La tercera es Hsiao, la piedad filial, basada en la obediencia y que organiza las relaciones entre los miembros de la sociedad. Cada miembro del grupo tiene respecto a otros una relación en la que es parte débil -yin- y la que puede ser parte fuerte -yang-. El padre es yang para su hijo, que le debe obediencia y ha de someterse a él, del mismo modo que la mujer es yin respecto al marido o los jóvenes frente a los ancianos. En la punta superior de la pirámide está el emperador, que es yang para sus súbditos, los cuales son yin, aunque a su vez es yin respecto al cielo, del que en última instancia depende. Este complicado sistema de relaciones sitúa a los individuos en posiciones débiles o fuertes dependiendo de con quién se midan, de modo que nadie es completamente yin ni completamente yang, sino que en cada ser humano se realiza una unión de opuestos incluso en lo que se refiere a su posición familiar o social. Esta tendencia a descubrir la unión de los opuestos por encima de sus diferencias, que se constata de modo claro en el taoísmo, resulta una constante del pensamiento chino.

Por último, I es el sentido del deber, rectitud y honestidad. Es escoger el deber frente al provecho y el bien público, es decir, del estado frente al privado.

Estos principios morales que intentan regular la convivencia y erradicar la violencia aparecen expresados en los textos básicos del confucianismo, convertidos en normas de los que deseaban adaptar su vida a este ideal.

 

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