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Chang Rai, la ciudad más norteña de Tailandia | Vagamundos Blog

Publicado el 01/08/2019 en

Fundada en 1262, y protegida por el río Mae Kok, y tres pequeñas colinas, CHIANG RAI posee una situación estratégica, próxima a la frontera, que la convirtió en un importante centro comercial, así como en un lugar muy vulnerable durante las frecuentes guerras entre Birmania y Tailandia. La ciudad, ha vivido un gran desarrollo en los últimos tiempos gracias a la proximidad del legendario “Triángulo de Oro” (frontera entre Tailandia, Birmania y Laos), y se ha convertido en un centro excursionista por excelencia, con sus magníficos paisajes y sus aldeas tribales.


Si visitamos este rincón de Tailandia, lo primero que veremos será Mae Chan, para visitar las diferentes etnias de las montañas como los “Akha” que, dedicados preferentemente a la agricultura y a la caza, ya no practican el cultivo del opio, habitual entre ellos tiempo atrás. Son muy características sus vestimentas llenas de color y los ornamentos, entre los que destacan los múltiples abalorios con los que se adornan las mujeres. También podremos conocer a los “Yao”, originarios del sur de China, emigraron al norte de Vietnam, y posteriormente al norte de Tailandia, donde se calcula que viven 30.000. Practican el cultivo itinerante sobre monte quemado. Conservan las características físicas de sus antepasados chinos, así como sus tradiciones, (hasta el sistema de escritura). Son adeptos al taoísmo y practican un complejo culto a los antepasados. Llevan la cabeza cubierta con una bufanda negra o roja, aunque algunas de las mujeres sustituyen esta bufanda por un turbante. Los hombres visten un traje de color azul o negro; las mujeres llevan sus prendas con más colorido, e incluso en algunos casos las decoran con adornos de plata. Esta tribu fabrica bellas joyas en plata y trajes bordados. Si continuamos, llegaremos hasta hasta Mae Sai, poblado fronterizo con Birmania donde encontraremos un curioso mercado de productos birmanos y presenciaremos el continuo ajetreo de mercancías y personas en este puesto fronterizo.


Más adelante nos cruzaremos con el poblado Karen de las mujeres jirafa. Estas mujeres pertenecen a la etnia Padaung (un subgrupo de la Etnia Karen), son originarias de Myanmar, la antigua Birmania. Los problemas políticos en Birmania, las guerrillas y la represión sufrida a manos de las autoridades Birmanas motivó que a finales de los ochenta, principios de los noventa, estas mujeres jirafa emigraran a Tailandia principalmente a la zona de Mae Hong Son y Chiang Rai. Su estatus actual es el de apátridas, ya que no se les reconoce como ciudadanos birmanos ni tampoco como tailandeses.

El apodo de “mujeres jirafa”, procede de la costumbre de algunas mujeres la tribu Karen de llevar unos pesados anillos metálicos alrededor del cuello que pueden llegar a pesar 4 y 5 kg. Estos anillos presionan la clavícula y la caja torácica, de modo que sus cuellos se alargan de forma anormal. Existe el mito, según el cual, si se quitaran estas anillas, se les doblaría el cuello y morirían asfixiadas. Lo cierto es que las mujeres se las ponen y quitan a voluntad y no hay pruebas de que esta deformación suponga un riesgo para su salud. Nadie sabe cómo se inició esta costumbre: unos dicen que servía para realzar la belleza de la mujer, otros, al contrario, para que no resultaran atractivas para los hombres de otras tribus; otros cuentan que era para impedir que los tigres se las llevaran agarradas por el cuello. Lo más probable es que se trate simplemente de un adorno. Hasta hace poco, esta costumbre estaba en franca decadencia, pero el dinero que aporta el turismo y la influencia de las autoridades locales, la ha hecho resurgir.

Y por fin, se llega hasta el “Triángulo de Oro”, así llamado por haber sido, el principal productor mundial de opio, posteriormente convertida en heroína. El nombre de Triángulo de Oro viene del preciado metal que los traficantes utilizaban para comprar el opio. El punto de referencia es la frontera entre Tailandia, Birmania y Laos, bordeados los tres por el Río Mekong, de gran belleza escénica. En el pasado, la moneda de cambio del opio era el oro, de donde viene el nombre de la región. El porcentaje de Tailandia en la producción mundial se ha reducido mucho en los últimos tiempos debido a un programa patrocinado por la realeza, y destinado a introducir nuevos cultivos. No podemos dejar de ver el atractivo “Museo del Opio”, que nos muestra una interesante historia del opio, desde su aparición en Occidente hasta su importación en Asia: ya mencionada en La Ilíada, el opio fue empleado por el médico griego Hipócrates como medicamento y posteriormente llevado a Asia con las conquistas de Alejandro Magno. Podremos seguir el proceso de fabricación de la droga, desde la recolección de la adormidera (“papaver somniferum”), hasta la producción del opio puro, y su consumo se muestra a través de una impresionante colección de pipas.

El museo recuerda también a los traficantes ilustres, con el paradigmático retrato de Khun Sha, un birmano de origen shan que fue entregado a las autoridades de su país en 1996 y que murió en 2007.


No podemos dejar de deleitarnos con un relajante recorrido en barca por el río Mae Kong de aproximadamente una hora, en lo que será una travesía llena de color, acompañados por las barcas de colores de los pescadores laosianos, y bordeando los encantadores pueblecitos con sus casas de madera. Si paramos  brevemente en la isla Don Xao, perteneciente a Laos,  podremos comprar algunos recuerdos en el pequeño mercado local de artesanía.


Para concluir, no hay que dejar de visitar el Wat Rong Suea Ten, conocido como “Templo Azul”. Anteriormente en este lugar había otro viejo templo que llevaba más de 100 años abandonado. Así las cosas, en los locales decidieron transformarlo, y en 2018 finalizaron las obras. El arquitecto local Phutha Kabkaew, que había colaborado en la construcción del Templo Blanco fue el encargado de diseñarlo, en lo que es un ejemplo de combinación de las características habituales de los templos budistas, (el gusto por la decoración dorada del período de Ayuttaya), y un cierto toque excéntrico y moderno. Su diseño es el característico de Tailandia: se accede por la escalera presidida por dos nagas (serpientes mitológicas), y se lelga al Wat, cuyo exterior está muy recargado, y le dan un aspecto barroco, con la gran abundancia de adornos. Pero atravesada la puerta lo que nos llamará la atención es la omnipresencia del color azul índigo acompañado de dorados. El color azul es el símbolo del Dharma, o conducta piadosa correcta que, con algunas ligeras diferencias, se utiliza en casi todas las religiones de origen indio. Allí se ubica un imponente Buda de más de 6 metros de altura en color blanco y en la posición de meditación. Todo ello en un ambiente de calma y recogimiento que invita a la oración.

A las afueras de Chang Rai, se encuentra el Wat Rong Khun, uno de los templos más sorprendentes de Tailandia. Conocido como el “Templo Blanco”, este santuario budista e hinduista, que desde la distancia pareciera de porcelana, se comenzó a construir en 1997, por el célebre pintor, escultor y arquitecto tailandés Chalermcha Kositpipat y todavía continúa inacabado. Está dedicado al rey Bhumibol Adulyadej, “Rama IX” (1927-2016). De un blanco deslumbrante y erizado de volutas puntiagudas, simboliza la pureza y sabiduría del budismo frente a las plagas que acechan a la humanidad: el alcohol, los vicios, el terror. Se encuentra encalado totalmente por pequeñas incrustaciones de espejo, que sugieren el reflejo de la iluminación. Todo en el templo es alegórico. Está compuesto por un templo principal y varios templos anexos. Al mismo se accede por un puente bastante curioso: cientos de manos esculpidas surgen hacia el cielo buscando ayuda. Se cree que simboliza el puente que Buda cruzó por primera vez para predicar el dogma. El interior es bastante “singular”, hay murales con motivos como un avión estrellándose contra las torres gemelas, unas zapatillas Converse, o iconos de la cultura popular como Superman, Batman o Keanu Reeves, en una esquina del mural. En el tejado, cuatro especies de animales representan la tierra (un elefante), el agua (un naga), el viento (un cisne) y el fuego (un león). La construcción está siendo financiada con donativos, y con la venta en un edificio contiguo de reproducciones de pinturas del artista de estilo New Age. Los aseos del templo son dignos de ser visitados.

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