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Ciudad del Cabo o «Ciudad Madre», una joya cultural en Sudáfrica | Parte I | Vagamundos Blog

Publicado el 25/05/2019 en

Ciudad del Cabo es una rara joya cultural, resultado de una situación única. Se halla en una gran llanura que avanza hacia el norte como la proa de un barco. Aquí encontramos la quintaesencia del país, la mezcla de influencias holandesas, británicas y malayas, una arquitectura ambiciosa, largas avenidas rectilíneas, aire marino, y donde viven, entre otros, xhosas (etnia africana), portugueses, afrikáners, británicos o australianos. Una ciudad, en definitiva, que trata de conservar al máximo lo que fue su esencia en los primeros tiempos.

Imprescindible para los visitantes realizar una visita guiada a una de las principales urbes de África, a pesar de lo cual su centro es de reducidas dimensiones y se puede conocer a pie. No podemos dejar de visitar la calle Adderley, punto neurálgico de la ciudad, y una de las zonas más bulliciosas; con sus vendedores de fruta y de artesanía, constituyen una de las estampas más clásicas de El Cabo. Sin olvidar a la Gran Parade, el emplazamiento que eligió Van Riebeeck para su primer fortín en 1652. Fue derribado en 1674 cuando se construyó el Castillo de Buena Esperanza y los comerciantes se instalaron aquí, iniciando la tradición del mercadillo que continúa abierto.

Durante todo el siglo XVIII hasta la década de 1820 aquí se realizaban grandes paradas militares. También servía para castigar públicamente a los esclavos y enterrarlos. Dominando la plaza se encuentra el imponente Ayuntamiento, construido en 1905, su gran fachada es de un elaborado estilo renacentista italiano. En 1923 se añadió un carillón de 39 campanas, una bonita réplica de la mitad de tamaño del Big Ben de Londres. Desde este balcón, Nelson Mandela se dirigió al mundo después de pasar 27 años en prisión. La Green Market Square, plaza adoquinada que alberga un mercado de artesanía, con productos que proceden de distintos países africanos. Se encuentra rodeada de edificios de finales del siglo XIX y principios del XX de variados estilos: art déco, neorrenacentistas o más modernos.

Cerca se encuentra el Castillo de Buena Esperanza, un edificio de planta pentagonal con cinco grandes bastiones de carácter defensivo, construido entre 1666 y 1679, que sustituyó al fortín de arcilla y madera anterior, erigido por Jan van Riebeeck. Se trata de la estructura colonial más antigua de Sudáfrica. Fue el auténtico centro administrativo, civil, judicial y militar de la naciente colonia durante todo el siglo XVIII y parte del XIX. Aquí se tomaban todas las decisiones y los colonos debían pasar obligatoriamente por el castillo. Era la residencia del gobernador, el lugar en el que se concentraba la capacidad militar de la colonia y en el que se firmaban los acuerdos comerciales. Para construirlo se utilizó madera procedente de los bosques de Hout Bay, una bonita piedra amarilla importada de Holanda y cal obtenida de las conchas recogidas en Robben Island. En la portada central se puede ver la corona y el león, símbolos de los países Bajos. El león tiene siete flechas que representan a las provincias unidas. Sus muros tienen una altura de diez metros, aunque nunca utilizado como defensa, porque Ciudad del Cabo nunca fue sitiada. Fue el principal símbolo militar de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, y todavía se utiliza como cuartel. En el interior, llama la atención el largo muro que divide en dos el fuerte en toda su longitud, y sobre el que se levanta la residencia de los gobernadores. Posee un hermoso balcón ornamental (balcón de Kat), de hierro forjado, construido en 1695 (y reformado a finales del siglo XVIII), que se halla coronado por un elegante pórtico de columnas.

Aquí se hacían las arengas a los soldados, se daban las informaciones a los habitantes de El Cabo, y se dictaban sentencias. Actualmente es un museo que alberga la Collection William Fehr, que incluye pinturas de maestros del siglo XVIII como Thomas Baines, además de muebles en maderas preciosas, una colección de porcelanas procedentes de las colonias del sudeste asiático, cristal, cerámica y utensilios de metal de la época. También se muestran objetos e imágenes que dan fe de la evolución de la ciudad a medida que los colonos se iban instalando. También encontramos el Museo Militar, donde se muestra una colección de uniformes militares de las diferentes épocas de la colonización, condecoraciones y armas blancas y de fuego, así como dos maquetas del fuerte que permiten apreciar la situación junto a la costa.

Siguiendo con el recorrido llegamos a las Casas del Parlamento, construcción alargada con pórtico y de estilo muy clásico: frontón triangular, columnata y pilastras con capiteles de hojas de acanto, que se inauguró en 1885, siendo restaurado en varias ocasiones. Fue sede de la primera asamblea legislativa de la colonia de Ciudad del Cabo, y a principios del siglo XX se convirtió en el Parlamento del nuevo país. Enfrente se ubican los Jardines de la Compañía, 6 hectáreas de jardín que son todo lo que queda del extenso huerto que hizo plantar el gobernador Jan van Riebeeck en 1652 con objeto de aprovisionar de frutas y verduras a los barcos que hacían escala en El Cabo.

Con la ampliación de la ciudad a lo largo de los siglos, su tamaño se fue reduciendo y finalmente se convirtió en un jardín. Posee una excelente muestra de especies de plantas y árboles tanto autóctonos como foráneos; bonitas palmeras, grandes prados abiertos, y zonas de sombra y ardillas. En el centro hay un viejo peral de más de 350 años de edad que fue plantado cuando se creó el jardín. Es un paraíso arbolado en medio de la ciudad y está rodeado de museos y edificios fascinantes: el Museo Salve, la Galería Nacional de Arte y el Museo Judío por mencionar algunos. La Catedral de San Jorge, construida en los primeros años del siglo XX en un austero estilo neogótico. Su importancia radica en que era uno de los pocos lugares de culto que acogían personas de todas las razas durante la época de segregación racial. Aquí fue ordenado en 1986 al primer arzobispo negro, Desmond Tutu.

El Bo-Kaap (Barrio Malayo), adyacente al centro, reúne algunos de los edificios más antiguos del mismo. Varios miles de musulmanes habitan en esta zona donde se encuentran las principales mezquitas de la ciudad. Hoy es un área muy renovada, con pintorescas casas con fachadas de colores chillones. En el mismo se encuentra la primera Mezquita construida en Sudáfrica (1794). Tras la abolición de la esclavitud en 1833, los malayos de El Cabo se asentaron en esta zona para estar cerca de las mezquitas que se habían construido aquí. Los musulmanes de de la ciudad son descendientes de los miles de malayos, indios e indonesios que fueron traídos como esclavos a partir de 1658 por la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales y que utilizaron como mano de obra barata. También llegaron exiliados voluntarios y presos políticos que querían alejarse de sus países de origen. La zona fue ocupada inicialmente por los empleados de la Compañía Holandesa de las Indias, pero cuando los ingleses se anexionaron la ciudad, las abandonaron y al abolirse la esclavitud en 1834 se instalaron en ellas los antiguos esclavos, que reconstruyeron las casas y crearon una nueva comunidad unida por su religión, el islam.

Pero sin duda, lo que hace única a esta ciudad es Table Mountain (la Montaña de la Mesa), levantándose 1.087 metros sobre el nivel del mar es el icono que hace que Ciudad del Cabo sea reconocible al instante. Considerada una de las 7 maravillas del mundo, esta montaña, que sirvió de referencia a los navegantes hace siglos, se adentra casi hasta el centro urbano de la ciudad. Su nombre es muy apropiado, ya que se encuentra coronada por una pequeña meseta de 3 kilómetros de lado, rodeada por riscos escarpados. Se trata de una montaña de arenisca que forma característicos despeñaderos escarpados grises.

Debajo se encuentra un bloque de esquisto arcilloso que se formó hace más de 540 millones de años. El sedimento de arenisca se formó hace unos 450 millones de años, cuando la península se encontraba sumergida en el mar. Tras el hundimiento de la cuenta como consecuencia del peso de los sedimentos, los efectos del viento, la lluvia, el hielo y las temperaturas extremas, erosionaron las capas más blandas dejando al descubierto la meseta del monte Table.

La cima plana suele estar cubierta de nubes, lo que le da un aspecto realmente espectacular. Es un área protegida se estima que puede haber más de 1.500 especies de plantas. En cuanto a la fauna, consiste en su mayoría en pequeños mamíferos, reptiles y aves; podemos encontrarnos con puercoespines, mangostas, tortugas y alguna serpiente. También la rara y sigilosa rana fantasma, que pueden encontrarse en algunos arroyos perennes de la meseta. El último león del área fue disparado en 1802, y los leopardos persistieron en la montaña hasta la década de 1920.

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