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El «ANILLO DE ORO»: antiguas ciudades medievales rusas | Vagamundos Blog

Publicado el 24/11/2019 en

El «Anillo de Oro de Rusia», es un itinerario que transcurre a lo largo de una serie de ciudades de interés cultural e histórico, situadas al noreste de Moscú, en las que se encuentran un conjunto de villas medievales con una gran cantidad de importantes monumentos, monasterios, iglesias, catedrales y kremlins, algunos de ellos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y que recogen mil años de historia de la ortodoxia rusa. Importantes poetas, escritores y músicos vivieron en alguna de estas ciudades.

El Anillo de Oro tradicionalmente incluye ocho principales ciudades: Sérguiev Posad, Pereslavl-Zaleski, Rostov, Yaroslavl, Kostromá, Ivanovo, Suzdal, Vladimir, que se encuentran repartidas en cinco óblast o regiones del Distrito Federal de Rusia Central: Ivánovo, Kostromá, Vladímir, Yaroslavl y la región de Moscú.

Además, los paisajes naturales que se ven, son impagables, desde las suaves laderas con plantaciones de trigo en los alrededores de Súzdal, a las extensiones de bosque y lagos de la zona de Pereslavl y Rostov o la majestuosa vista que ofrece el camino del Volga a Yaroslavl y Kostromá.

Pero hagamos primero un poco de historia.

Este circuito, el más conocido de Rusia, fue ideado por Yuri Bichlov, que hace más de 50 años lo presentó en el diario moscovita ‘Sovétskaya Kultura’.

Después de varias décadas centradas en el socialismo, a principios de los años 60 se comenzó a reavivar el interés de los rusos por su propia historia. En 1965, el citado Bichlov, recorrió en varias ocasiones en su coche las ciudades situadas al noreste de Moscú, cuya arquitectura se remonta a los siglos XII al XV. Cuando se encontraba en Súzdal, en el monasterio de Salvador y San Eutimio, le llegó la inspiración: mentalmente diseñó una ruta que recorría las antiguas ciudades que en la Edad Media estaban situadas en el noreste del estado Rus de Kiev, y que más tarde daría lugar a la Gran Rusia. En 1967 esta idea original, se hizo realidad, cuando publicó una serie de crónicas con el nombre de “El Anillo de Oro”, en las que trazaba el circuito que recorría ocho ciudades medievales. El 21 de noviembre de ese mismo año, publicó el mapa con la ruta detallada, en el que Bichlov proponía un viaje por las antiguas ciudades rusas, que partiendo de Moscú pasaba por Zagorsk (nombre que en la época comunista recibía Sérguiev Posad), Pereslavl-Zaleski, Rostov Veliki, Yaroslavl, Kostromá, Ivánovo, Súzdal y Vladímir.

Nosotros, en nuestro viaje de VAGAMUNDOS por el Anillo de Oro, recorreremos las seis más importantes, como son: Sérguiev Posad, Rostov Veliki, Yaroslavl, Kostromá, Súzdal y Vladímir.

El anillo de oro se ha convertido en estos más de años en una ruta extraordinaria, en la que otras ciudades, algunas de ellas bastante alejadas de Moscú, han intentado sumarse al tirón de la iniciativa de Yuri Bichlov, creando la nueva denominación “Gran Anillo de Oro”, en la que se incluyen: Aleksándrov, Gorojovets, Gus-Khrustalni, Múrom, Yúriev-Polski, Mishkin, Ríbinsk, Tutáiev, Úglich, Dimítrov, Kaliazin, Plios y Shuya, o los pueblos de Bogoliúbovo, Kídeksha o Pálej; además de ciudades del sur de Moscú, como Kasímov o Kaluga. Lugares de desigual interés, pero que abre nuevas posibilidades a la visita de este gran país.

 

  1. Sérguiev Posad

Sérguiev Posad, se encuentra a 70 km de Moscú, y es la única ciudad del Anillo de la provincia de Moscú. Desde el siglo XIV surgieron en torno al conjunto monástico diversos núcleos de población que en 1782 se reagruparon bajo la denominación de Serguiev Posad (“Aldea de San Sergio”), por el religioso medieval Serguei Radonezskij (1314-1392), el santo fundador del gran monasterio. En los años del comunismo cambió su nombre a Zagorsk, para posteriormente recuperar el original. La ciudad alberga el Monasterio Trinitario de San Sergio (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 1993), el lugar más venerado por los ortodoxos rusos. Su construcción fue iniciada por San Sergio, quien estableció en el lugar un monasterio-fortaleza en 1340. La reputación piadosa de Sergio atrajo al lugar a muchos peregrinos, con lo que el monasterio fue creciendo y aumentando sus riquezas e influencias en la comunidad, hasta convertirse en uno de los más espectaculares e importantes centros espirituales del país.

Cercado por 1,6 km de blancas murallas de forma trapezoidal, que Iván IV se encargó de construir, convirtiéndolo en una auténtica fortaleza y adoptando su forma actual, que acogen sus deslumbrantes iglesias, agrupadas en torno a la espectacular catedral de la Asunción, que se cuenta entre las más hermosas de Rusia. En él se pueden apreciar elementos característicos de la arquitectura militar de los siglos XV al XVIII, periodo en el que tuvo su máximo desarrollo. En 1608 y 1609, durante los Tiempos Tumultuosos, fue capaz de resistir 16 meses el asedio del ejército lituano-polaco, y sólo fue sometido por culpa del escorbuto que diezmó a los defensores.

Activo aun hoy día como monasterio, es además Seminario, Instituto Teológico, lugar de peregrinación y sede y residencia del gran patriarca de todas las Rusias, por lo que se le conoce como el “Vaticano Ruso”. Entre sus numerosas iglesias y catedrales, destacamos la Iglesia del Espíritu Santo, pequeño y severo edificio de 1476, con una sola cúpula sobre tambor, que servía también de campanario; la Catedral de la Asunción, fundada en 1559 por Iván IV el terrible, y consagrada en 1585, coronada con cinco enormes cúpulas: la central dorada, y las restantes de color azul con estrellas de oro. En su interior, revestido de magníficos frescos, se guarda un iconostasio del siglo XVII que prefigura el barroco, con sus ricas maderas talladas de temas florales. La Iglesia de Nuestra Señora de Smolensk, pequeño templo octogonal de elegante estilo barroco, construido en 1753 para custodiar el venerado icono de La Odigiria. Pero lo más destacado, sin duda, es la Catedral de la Trinidad, construida por el metropolita Nikon en 1423, en el mismo emplazamiento de una primitiva iglesia de madera. Se trata de un edificio macizo, con una cúpula sustentada sobre un altísimo tambor. Contiene la tumba de Boris Godunov y su familia, y una copia del famosísimo icono “La Trinidad” (1430), de Andréi Rubliov, cuyo original se encuentra en la Galería Tretiakov de Moscú. En 1530, el príncipe Iván fue bautizado en esta catedral. Era el esperado hijo del Gran Príncipe de Moscú Basilio III, un niño que con el tiempo se convertiría en Iván IV de Rusia, el primero que adoptaría el título de “zar” y que fue conocido como “Iván el Terrible”. A pesar de su fiero carácter, a veces volvía al monasterio para rezar junto al ataúd de Sergio. Lo hizo tras su boda con Anastasia Románovna, y lo haría también con motivo de las victorias de sus ejércitos.

El monasterio también acoge las tumbas de los Godunov, familia clave en esos tiempos de transición entre la dinastía Rúrik y la Románov. Y sirvió de refugio a Pedro el Grande durante la primera rebelión de su reinado, en 1682.

 

  1. Rostov Veliki

Llamada “Sinfonía de Piedra”, es una bellísima ciudad medieval de la provincia de Yaroslavl, que posee algo más de 30.000 habitantes, y que sigue manteniendo las esencias de la historia y la cultura rusa. Sus innumerables cúpulas se reflejan en las aguas del lago Nero, en cuya orilla se sitúa la ciudad. Se trata de una de las ciudades más antiguas de Rusia y, por supuesto, la más antigua del Anillo de Oro. Fundada como mínimo en el año 862, ya que en esa fecha aparecen las primeras referencias en la Crónica de Néstor, donde se dice que pertenecía a Rúrik y cuyos “primeros pobladores” eran de la tribu finougria de los merya. A partir de aquí, la población formó parte de los principados del noreste de la Rus. En el siglo XI comienza su apogeo, convirtiéndose en una de las principales ciudades del Principado Rostov-Súzdal, y en el XIII fue reino independiente, convirtiéndose en uno de los puntos más importantes e influyentes de la región. En esos años se convierte en el centro del comercio en la cuenca del Volga, generándose gran riqueza. La ciudad contaba entonces con un palacio episcopal, más de 15 templos y varios monasterios. Su desarrollo continuó hasta el siglo XVIII, cuando comenzaría su decadencia debido a la nacionalización de tierras de la iglesia por parte del Estado.

La palabra “Kreml” significa fortaleza en ruso. En la antigua Rusia, en cada ciudad de importancia, se erigía un recinto amurallado dentro del cual se situaba el centro de poder militar, civil y religioso, como las principales iglesias y catedrales. Sin embargo, el Kremlin de Rostov es único, porque no se concibió como una estructura defensiva, sino como residencia del obispo metropolitano ortodoxo. Está considerado el más bello de Rusia tras el de Moscú. Su construcción comenzó por iniciativa de Jonás Sysoevich a finales del siglo XVII. Su idea era que nos recordara “la ciudad celestial, la montaña de Jerusalén”. En sus inicios, la fortaleza sirvió como residencia para el clero superior, pero cuando a finales del siglo XVIII se trasladó la sede episcopal a Yaroslavl el palacio quedó vacío y, sin un uso concreto, por lo que se pensó en desmontarlo o venderlo. Gracias a los mercaderes locales, que se posicionaron en contra y decidieron correr con los gastos de su restauración en el XIX, podemos seguir contemplándolo. En 1886 el futuro zar Nicolas II lo tomó bajo su protección y años después todo el conjunto recibiría el estatus oficial de museo. Se encuentra protegido por altas murallas, fortificadas con 11 torres. Consta de tres partes: la Corte de los Obispos y el Jardín del Metropolita y la Plaza Central (conocida como Plaza de las Catedrales). Esta última sirvió como lugar de reunión de la asamblea del pueblo, donde se decidían los principales problemas de la ciudad, se impartía justicia o se comerciaba. Los incendios cambiaron su aspecto a lo largo del tiempo, pero siguió manteniendo su importancia. Entre los siglos XVII y XVIII se la rodeó de muros de piedra, uno de ellos parte del Kremlin. Aquí se encuentra la imponente Catedral de la Asunción, la más bella de todo el conjunto. Se trata de un macizo edificio con las tradicionales cúpulas sustentadas sobre altos tambores coronados por arquillos ciegos. Su campanario es probablemente el más célebre de Rusia y cada una de las 15 campanas tiene su propio nombre. La mayor de ellas pesa 32 toneladas y requirió la construcción de una torre paralela para poder acogerla. Numerosos edificios de gran belleza se extienden entre el Kremlin y el lago Nero.

 

  1. Yaroslavl

La leyenda dice que la ciudad fue fundada en 1010 por Yaroslav el Sabio, gran príncipe de Kiev, sobre asentamientos vikingos preexistentes: al llegar a estas tierras la conquistó tras una pelea a muerte con un oso que los lugareños consideraban sagrado. La ciudad de Yaroslavl se encuentra situada en la confluencia de los ríos Volga y Kótorosl. Esta ciudad, conocida como “la joya del Anillo de Oro”, es la más grande del circuito, con aproximadamente 600.000 habitantes. A poco de su fundación, se desarrolló rápidamente como un importante centro comercial gracias a su puerto en el Volga. En 1218 se convirtió en principado, sufriendo a lo largo de los dos siglos siguientes numerosas invasiones y saqueos por parte de los tártaros. En 1463 se unió a Moscú derrotando definitivamente a los invasores. En el siglo XVII era la segunda ciudad en importancia de Rusia y llegó a ser temporalmente la capital del país durante la ocupación de Moscú por los ejércitos polacos. En esa época, Yaroslavl vivió una segunda edad de oro económica gracias a su posición en la ruta comercial entre Moscú y el puerto marítimo de Arcángel. En el siglo XVIII, Catalina la Grande decretó un nuevo plan urbanístico para la ciudad e impulsó su industrialización, que se continuó durante los siglos XIX y XX. Ese rico pasado histórico se ha plasmado en un legado cultural de primer orden: Yaroslavl es un tesoro arquitectónico, cuenta con iglesias y monasterios entre los más bellos de Rusia y ha producido incluso un estilo arquitectónico propio, muy difundido en otras ciudades del Anillo de Oro y en el resto de Rusia, el llamado “estilo de Yaroslav”, con iglesias de ladrillo recubiertas de ricas cerámicas y profusamente decoradas en su interior con bellísimos frescos.

Esta ciudad fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2005, y en ella se puede apreciar, en el centro en el centro, el plano trazado en los siglos XVIII y XIX: aquí están situadas las galerías comerciales “Gostiny Dvor” (1818), el edificio de las Oficinas de Gobierno (1785), la casa Vakromeyev, la Universidad Estatal, antiguamente Casa de Caridad (1786) y el Cuartel de Bomberos, de 1911. También se ubica el Teatro Volkov, el más antiguo de Rusia, fundado en 1750 y cuyo edificio actual data de 1911, así como numerosas residencias y edificios administrativos en estilo neoclásico. El barrio donde confluyen los ríos Volga y Kotorosl, es llamado Strelka, donde se situaba el Kremlin hasta su destrucción por un incendio en 1658. En el mismo lugar se construyó la Catedral de la Asunción, hasta su demolición por los soviets en 1937. Fue reconstruida y reinaugurada con motivo de la celebración del milenario de la ciudad en 2010. Muy cerca se encuentra la Iglesia de la Epifanía con sus 5 cúpulas, un claro ejemplo de iglesia rusa de inspiración medieval. La Iglesia de San Juan Bautista es casi un modelo de la típica “iglesia de estilo de Yaroslavl”, con sus exteriores decorados con losas de cerámica brillante. Pero la joya de la ciudad es el Monasterio de la Transfiguración del Salvador, que se encuentra a orillas del Volga. Se remonta al siglo XII, y desempeñaba la función de kremlin (ciudadela fortificada) para proteger la ciudad, con altos muros blancos, torres de vigilancia y aspilleras. Esto sucedía con frecuencia en la Rusia antigua, donde los monasterios eran al mismo tiempo centro religioso y político, fortaleza y foco cultural. Desde aquí partieron los ejércitos campesinos para liberar Moscú de la ocupación polaca y también desde este monasterio salió hacia Moscú Miguel I, para ser coronado como el primer Zar de la dinastía Románov. En su interior destaca la Catedral (1516), la construcción más antigua de la ciudad, con tres cúpulas y una galería abierta en el lado de la fachada construida en 1516 sobre las ruinas del templo del siglo XIII destruido en 1501 por un incendio. Destacan los frescos realizados en 1563-1564 por una serie de artistas moscovitas. Especialmente valiosas son las figuras de archidiáconos de las paredes orientales, San Juan Precursor y Cristo Pantocrátor en la cúpula central, y el Juicio Final en la parte occidental.

Otra de las joyas de la ciudad es la Iglesia de Elías el Profeta, construida en 1650 y sufragada por los comerciantes. Esta iglesia típicamente moscovita presenta una compleja composición asimétrica con cinco cúpulas, terrazas de entrada y dos torretas, una de las cuales corona la capilla del Despojamiento de la Sagrada Vestidura. Su interior está decorado con los más bellos frescos del Anillo de Oro, que recubren todas sus paredes y techos. Fueron pintados en el siglo XVII por 15 maestros de Yaroslavl y de Kostromá. Describen escenas de la vida cotidiana y algunos pasajes del Antiguo Testamento.

En 2009, en vísperas de la celebración del milenio de existencia de Yaroslavl, se inauguró en las proximidades del monasterio de la Transfiguración del Salvador, el monumento al Oso, que enseguida se convirtió en uno de los lugares más populares de la ciudad, continuamente visitado por nativos y turistas. Es costumbre y superstición en Rusia tocar las estatuas de los animales para pedir un deseo. No hace falta decir, que la estatua está perdiendo su color original debido al frotamiento de los visitantes.

 

  1. Kostromá

Situada a orillas del Volga, la ciudad de Kostromá, en su confluencia con el río del mismo nombre, es la ciudad del Anillo de Oro situada más al norte. Fundada en 1152 por Yuri Dolgoruki, fundador igualmente de Moscú, fue ocupada y destruida en numerosas ocasiones, entre otros por los mongoles, los tártaros y los piratas fluviales de Nóvgorod.

Tras el último ataque de los invasores polacos, una embajada moscovita ofreció en 1613 a Mijaíl Fiódorovich Románov, que entonces vivía el monasterio Ipatiev de Kostromá y contaba con 16 años, ser coronado Zar de Rusia, acabando así con el “Periodo Tumultuoso” y convirtiéndose en el primer zar de la dinastía Románov. Eran tiempos en los que Rusia andaba muy revuelta y había que poner fin a la inestabilidad que comenzó tras la muerte de Iván el Terrible y la subida al trono de su hijo Teodoro I. Mijail fue elegido por el Zemski Sobor (Asamblea Nacional) después de descartar a otros posibles candidatos entre los figuraban los reyes de Polonia y de Suecia. La elección se debió, en parte, a su lejana relación de parentesco con la zarina Anastasia (su tía abuela), esposa de Iván IV. A partir de aquí, los Románov tomaron la ciudad bajo su protección y la visitaron en numerosas ocasiones a lo largo de la historia, incluyendo al último de ellos, el zar Nicolás II. Kostromá se conoce como la patria de la dinastía imperial rusa y el monasterio Ipátiev, donde se le ofreció la corona como Miguel I, la “cuna de los Románov”.

La ciudad se desarrolló como un gran centro comercial, al principio por su puerto en el Volga y posteriormente gracias al establecimiento de la Compañía de Moscovia, que poseía el monopolio del comercio entre Inglaterra y Rusia, principalmente a través del puerto marítimo de Arcángel. En el siglo XVII Kostromá era la 3ª ciudad de Rusia tras Moscú y Yaroslavl. En 1773 fue destruida por un terrible incendio. Catalina la Grande decidió entonces hacer de Kostromá un modelo de su nuevo plan urbanístico, lo cual ha marcado la arquitectura de la ciudad hasta nuestros días. La Revolución puso fin al gran desarrollo de Kostroma que, considerada demasiado afín a la familia imperial, se vio relegada a un papel de centro agrícola. Sin embargo, las huellas del pasado no desaparecieron, su centro histórico ha permanecido prácticamente intacto desde entonces y posee un gran encanto provincial, con típicas “isbas” (típica vivienda campesina rusa) de madera alternando con elegantes edificios barrocos y neoclásicos, y muchos otros lugares de interés. Kostromá es el principal centro de producción textil y joyera de Rusia. Es además la residencia de Snegurochka (“Hija de las Nieves”), un personaje de los cuentos de hadas rusos, nieta y ayudante de Ded Moroz, el “Santa Claus” ruso.

Un paseo por la ciudad, permite descubrir el plan urbano de Catalina la Grande quien, según la leyenda, arrojó su abanico sobre el mapa de la ciudad para ilustrar el diseño radial que quería para sus calles. Debían partir de un punto central a orillas del Volga, donde hoy se encuentra la Plaza Susanin. Aquí están situados los principales lugares de interés, como la Torre de Bomberos, construida en 1827, la Casa de la Guardia, el palacio del general Borshov (1824), el Teatro Dramático (1863) y el Monumento a Mijaíl Románov. Aquí se encuentran asimismo las célebres “Galerías Comerciales” de 1786, en estilo neoclásico. Fueron construidas para centralizar el comercio de la ciudad y ayudar así a sus comerciantes, así como a los cobradores de impuestos. Cada una de ellas estaba dedicada a un gremio o incluso a un producto concreto: Galería de las Flores, de la Leche, del Tabaco, del Aceite, del Pescado, de los Dulces. En la planta baja se vendía y se compraba, mientras que la primera planta servía de almacén. En la ribera del Volga, se encuentra la Iglesia de la Resurrección en los “Debri”, que mandó construir un rico comerciante en esta zona, entonces periférica (“debri” quiere decir “bosque tupido”). La iglesia sirvió como almacén de verduras durante el período soviético, siendo posteriormente restaurada. Hay que destacar el Monasterio Ipatiev, construido en 1330 en la unión de los ríos Volga y Kostromá por el fundador de la dinastía Godunov, tuvo un papel relevante en los turbios acontecimientos que tuvieron lugar entre los siglos XVI y XVII. Boris Godunov, una vez convertido en zar, y sintiéndose amenazado por la familia Romanov, obligó a todos sus miembros varones a tomar los hábitos y recluirse en los monasterios del norte del país. Gracias a su joven edad, el único Romanov que se libró de la carrera eclesiástica fue Mijail Fëdorovich, el cual, al extinguirse la dinastía Godunov, y encontrándose precisamente en este monasterio, fue informado de su proclamación como zar por un emisario moscovita. El monasterio fue ampliamente fortificado y podemos aun admirar sus murallas del siglo XVI con sus torres de vigilancia. Es uno de los pocos edificios medievales que se salvaron del incendio de 1773. En su interior destaca la Catedral de la Trinidad, que se remonta a mediados del siglo XVII, con tres pequeños ábsides y cinco cúpulas doradas sobre elevados tambores. El interior, rodeado en tres de sus lados por una galería, está decorado en su totalidad con frescos e iconostasios pintados por maestros como Nikitin y Savin; una de las galerías contiene una pequeña muestra de iconos y reliquias cedidas por los Godunov y los Romanov. También se encuentra en el interior del monasterio el Palacio de los Románov, construido en el siglo XVII para Mijaíl Románov y su madre, quienes lo utilizaron como refugio y escondite durante la invasión polaca. Aquí fue bendecido Mijaíl I como primer zar de los Románov.

 

  1. Súzdal

Fundada en 1024, la ciudad de Súzdal, está considerada como una obra maestra (otra más) de la arquitectura medieval rusa. Su encanto no reside en un monumento aislado o en obras de arte concreta de valor especial, que obviamente las tiene, sino en el armónico conjunto que la localidad presenta al viajero: en un poético entorno de colinas, se funde armoniosamente una serie riquísima de testimonios arquitectónicos del pasado; sus bucólicas callecitas, a orillas de los numerosos arroyos y estanques, nos permitirá descubrir y admirar el ambiente de una población medieval rusa excepcionalmente conservada, en un bello marco natural. De hecho, las autoridades soviéticas, antes de que se creara el Anillo de oro, se dieron cuenta del gran potencial de esta bella ciudad, y la intentaron convertir en un gran centro turístico. Su parque monumental está integrado por 200 monumentos tanto religiosos como civiles, incluyendo 27 campanarios y 5 monasterios. Si tenemos en cuenta que hablamos de una ciudad de apenas 10.000 habitantes, podremos hacernos una idea de la monumentalidad de la misma.

Los primeros asentamientos, en los siglos IX y X, por agricultores eslavos procedentes de Smolkensk y Novgorod, crecieron hasta convertirse en una ciudad fortificada en el siglo XI. Bajo la protección de esta fortaleza se desarrolló Súzdal como un importante centro religioso, con la construcción de varios monasterios, principalmente en los siglos XIII y XIV, así como un posad, o asentamiento de mercaderes, para los artesanos y comerciantes. El principado de Vladimir-Súzdal aglutinó a las principales ciudades del Anillo de Oro formando así el núcleo de la antigua Rusia. La importancia de la ciudad declinó a partir del siglo XVII, lo que contribuyó a preservar su arquitectura medieval en el estado original. Súzdal goza de un estatus jurídico de “ciudad-museo”, todos sus monumentos históricos están protegidos y se prohíbe la construcción de nuevos edificios en el centro histórico, lo que la convierte en una ciudad única, y un auténtico viaje en el tiempo.

Suzdal presenta un plano urbanístico muy distinto del resto de ciudades rusas. La ciudad ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1992. Sus edificios se encuentran desperdigados en un paisaje de colinas y prados, entre arroyos y estanques, a lo largo del rio Kámenka. Un paseo por la ciudad, nos descubrirá que la mayoría de las iglesias de Súzdal han sido construidas en “parejas”: es decir, iglesias contiguas, de las cuales la de verano es en general más grande y rematada con cúpulas, mientras la de invierno es más pequeña, parecida a un edificio residencial. El Kremlin, que como todas estas fortalezas rusas era el centro religioso, militar y civil del gobierno de la ciudad, es el lugar donde se construyeron los edificios más importantes, al amparo de sus murallas de tierra, construidas en el siglo XI. Aún hoy sigue siendo el corazón de la ciudad. Fue edificado en lo alto de una pequeña colina desde la que apreciaremos magníficas vistas de Súzdal. En su interior destacan la Catedral de la Natividad, con las puertas doradas del siglo XIII, 5 bellísimas cúpulas y admirables frescos decorando sus muros. Muy cerca se encuentra la Galería de los Arqueros y la Cámara de la Cruz, en el Palacio Arzobispal, del siglo XV. La pequeña y grácil Iglesia de madera de San Nicolás, construida en 1766 cerca de Súzdal, fue trasladada aquí desde su emplazamiento original. La Iglesia de madera de San Juan Bautista, de 1720, también parcialmente construida en madera. Es interesante admirar las diferencias arquitectónicas entre ambas iglesias, vecinas y contemporáneas.

También hay que destacar el Museo de Arquitectura de Madera, que se encuentra situado en la otra orilla del Kámenka, frente al kremlin, en el lugar que antaño ocupó el monasterio Dmitriev. Allí se encuentran más de 20 edificios de madera de los siglos XVIII y XIX, traídos aquí desde diversos rincones de la región, incluyendo casas de mercaderes, granjas de campesinos, molinos e iglesias. En muchas ocasiones se pueden ver demostraciones de oficios tradicionales por parte de artesanos vestidos con trajes típicos, permitiéndonos descubrir cómo era la vida cotidiana en una típica ciudad medieval rusa. Los dos edificios más importantes son la Iglesia de madera de la Transfiguración (1756) cuyas cúpulas están hechas de tejamaniles, sin un solo clavo de metal, y la Iglesia de madera de la Resurrección (1776).

 

  1. Vladimir

Cuna de Rusia y origen de su historia junto a la vecina Súzdal, la ciudad de Vladimir posee (cómo no!) un rico patrimonio cultural. Las excavaciones arqueológicas han descubierto que desde la segunda mitad del I milenio a.C., existía en el territorio un asentamiento de pastores y agricultores. La ciudad actual fue fundada en 1108 a orillas del río Klyazma por el príncipe de Kiev Vladimir Monómaco, aunque estudios recientes fechan su fundación en 990 por Vladimir el Grande, considerado el padre de la Ortodoxia rusa. Su importancia tuvo el cenit bajo el príncipe Andréi Bogoliubski, quien hizo de Vladimir la capital del principado de Vladimir-Súzdal y en consecuencia la ciudad más importante de Rusia, desde 1157 hasta la invasión de los mongoles en 1238. A partir de entonces y al igual que Súzdal, la ciudad inició un progresivo declive en favor de Moscú. Aún fue sede de la iglesia ortodoxa rusa hasta 1325 y el Gran Príncipe de Rusia era coronado en Vladimir hasta 1432.

La ciudad carece de un diseño urbanístico original, por lo que el centro histórico vive de monumentos aislados. La mayoría de ellos fueron construidos durante su época de esplendor por arquitectos tanto rusos como extranjeros. La Puerta de Oro, es el símbolo de la ciudad. Al contemplarla, tenemos la sensación de retroceder en el tiempo, cuando el príncipe Andréi Bogoliubski, que en el siglo XII, trasladó de Kíev a Vladímir el centro de la Rus, y paseaba por estos parajes. Fue erigida en 1158 y desempeñaba en el pasado la doble función de bastión fortificado contra las invasiones y de arco triunfal. Las hojas de la puerta estaban originariamente revestidas de láminas de cobre dorado, de donde deriva su nombre, pero que fueron saqueadas por los invasores tártaros. Las obras de los muros son de tosca piedra blanca, mientras que en las bóvedas se utilizó la toba para aligerar la estructura. Sobre el arco se encuentra la pequeña Iglesia del Despojamiento de la Sagrada Vestidura, y alrededor de él, cuatro pequeñas y elegantes torretas. Esta puerta marcaba el área de la ciudad donde vivían el príncipe y sus boyardos. También se encontraban los principales monumentos de esa época que se han conservado hasta hoy, como la Catedral de la Dormición y la Catedral de San Demetrio. La primera de ellas es la iglesia principal de la antigua Vladimir, y una de las más importantes de Rusia, que ha servido de modelo de muchas otras iglesias y catedrales del país. Construida en solo dos años (1158-1160), con la intención de superar en esplendor a la catedral de Santa Sofía del Kiev. Se encuentra en la cima de una colina, lo que acentúa la grandeza del edificio. Estuvo decorada originariamente con ingentes cantidades de oro y plata, piedras preciosas, azulejos de mayólica y tallas de piedra blanca, para lo que se contó con artesanos de toda Rusia. También Polonia y el Sacro Imperio contribuyeron a lo que por entonces era el edificio más alto de Rusia, donde se coronaron príncipes como Dmitri Donskoi. Un incendio en 1185 la dañó, y al ser reparada se le añadieron cuatro cúpulas. Cuando en el siglo XV Iván III quiso construir en Moscú la catedral de la Asunción en el Kremlin, dio instrucciones a su arquitecto italiano, Aristotele Fioravanti, para que tomara como modelo esta catedral. En una galería, se construyeron unos nichos levantados para ese propósito, se enterraron a los principales del Principado de Vladímir-Súzdal. Los constructores del templo, el príncipe Andréi Bogoliubski y su hermano Vsévolod III, también tienen un lugar destacado en la iglesia.

Por su parte, la Catedral de San Demetrio fue construida en 1197 por el príncipe Vsevolod III. De perfectas proporciones, con cuatro pilares, está coronada por una sola cúpula dorada que por efecto óptico parece alargada. Su fachada, una de las más bellas de la escuela arquitectónica de Vladimir y Súzdal, se recubre con más de mil bajorrelieves esculpidos en piedra blanca, que exhiben más de 1.300 temas, de 500 hablan de animales y plantas. Derivado del arte popular ruso que une temas paganos eslavos con motivos bizantinos y romanos, estas tallas reflejan un mundo fantástico, que pretenden ser una metáfora en piedra del poder del príncipe que domina todo lo creado. En la pared norte se representa al príncipe Vsévolod III en el trono y rodeado de sus hijos; en la fachada sur se representa la Ascensión de Alejandro Magno, tema muy difundido en el arte medieval, símbolo de la autoridad principesca.

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