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El jardín persa, espacios cerrados que emulan los paraísos terrenales | Persia | Vagamundos Blog

Publicado el 21/12/2019 en

Los persas aqueménidas, a mediados del primer milenio a.C., dejaron por escrito sus ideas sobre cómo diseñar espacios cerrados que buscaran ser paraísos terrenales. De hecho, de estos vergeles cerrados deriva la misma palabra paraíso del persa avéstico pairidaēza: espacio cerrado. Y es que estos espacios verdes persas tratan de traer para su disfrute en la tierra un pedazo del edén donde reinen la calma, la paz, el murmullo del agua, las bellas fragancias, el correr de la brisa y el mecerse de las ramas y flores al viento.. Sería aventurado afirmar que los persas fueron los primeros en diseñar jardines ornamentales, porque la primera constancia de uno procede de Egipto. Sin embargo, sí fueron los más influyentes. A través de los griegos, principalmente Alejandro Magno, llegaron a Europa. Hasta es posible que los Jardines Colgantes de Babilonia no fueran más que una idealización de los jardines persas. Estos contienen varios elementos fundamentales, siempre teniendo en cuenta el clima iraní: un espacio cerrado por murallas que remarca el contraste entre el árido exterior y el esplendoroso interior, juegos de luces y sombras, agua, geometría con uso de ángulos rectos y simetrías y, por último, alternancia de espacios abiertos y cerrados. Estos jardines, refinados en su estilo ya en la era musulmana, se conocen en Irán genéricamente como bāgh.

La UNESCO destacó nueve selectos ejemplos que pueden visitarse hoy en distintas ciudades del país, entre los que están los restos de los jardines reales de Pasargad, levantados por orden del gran Ciro en el año 529 a.C. en la provincia de Fars; el romántico parque de Eram, en Shiraz, o el de Chelsotun (Cuarenta Columnas), en la bella Isfahán. Otros ejemplos seleccionados son el Bagh e Shazde, en Kerman, un impresionante oasis enmarcado por un seco desierto, o el Bagh e Fin en la ciudad de Kashán, al sur de Teherán y uno de los mejores ejemplos de la estructura de Chahar Bagh: cuatro cuadrantes divididos por senderos o canales de la omnipresente agua. Las otras tres formas comunes son la de Hayat, en la que priman las estructuras construidas, como arcos o piscinas, y abunda el uso de la gravilla; la de Meidan (plaza), con más énfasis en los elementos naturales y abundancia de árboles y plantas, y el Parque o Bagh, en el que pierde valor lo construido por el hombre y ganan los elementos verdes.

No se sabe cuándo los persas empezaron a diseñar jardines, pero como mínimo empezaron a hacerlo en el siglo VI a.C. La evidencia la podemos encontrar en  la antigua ciudad y hoy sitio arqueológico de Pasargadae, levantada por Ciro el Grande. En su jardín están presentes los principales elementos del jardín persa: geometría, elementos arquitectónicos y agua. Con respecto a este último, en Pasargadae vemos otro protagonista habitual del jardín persa. En Irán, el agua es un bien escaso y a veces hay que traerla de muy lejos. Para ello, los persas utilizaban complejos sistemas de canalización, los conocidos como qanat. Datan de la misma época de Ciro el Grande. En nuestra era, los persas sasánidas pusieron especial acento precisamente en el agua, a través de esplendorosas fuentes. Hasta esta época, los jardines eran tan funcionales como decorativos. La balanza se inclina a favor de lo segundo con la llegada del Islam, bajo el concepto conocido como hayāt. Los persas musulmanes apuestan también por potenciar la geometría de los jardines y revitalizan el charbagh.

Charbagh es un concepto zoroastriano. Consiste en dividir el jardín en cuatro partes, cada una representando un mundo y un elemento: agua, aire, tierra y fuego. Cada cuadrante tiene sus propios canales y todos terminan uniéndose de forma simbólica en un estanque central que representa la armonía vital. Es la representación final del jardín del Edén, el paraíso hecho jardín. La invasión mongola trajo un nuevo foco, esta vez en las estructuras. Es algo que podemos comprobar en los jardines que sus herederos mogoles diseñarían posteriormente más al este, en Lahore o el Taj Mahal. La dinastía safávida, entre los siglos XVI y XVIII, supuso la última evolución: jardines más grandes y primeras influencias en sentido inverso, principalmente de Francia. En las últimas dinastías en crear jardines, zand y qajar, está influencia se aprecia más claramente. Los jardines que hoy podemos ver nos llevan a estas últimas etapas. Aunque los hay más antiguos, cada dinastía los retocaba a su gusto.

Los jardines persas difieren entre sí de acuerdo al contexto local: influyen arquitecturas locales o climas diferentes, ya sea por extrema aridez como el jardín de Shazdeh o mucha humedad como Abbasabad. Para encontrar los ejemplos más esplendorosos hay que viajar a las capitales safávida y zand. En Isfahán se encuentra Chehel Sotún. Significa cuarenta columnas, aunque si contamos las del impresionante pabellón central solo veremos veinte. El juego es que estas se duplican cuando vemos su reflejo en el estanque frente al pabellón. Esta imagen rivaliza con los fantásticos frescos de batallas del interior. Shiraz, la capital zand, cuenta con el jardín de Eram. Aunque es de los más antiguos junto al de Fin, del siglo XI, fue reformado por los zand y los qajar. Su diseño, vegetación y canalización son de los más brillantes.

Es casi seguro que en un viaje por Irán pasaremos por algún jardín persa. Los nueve jardines más representativos están en ocho ciudades y el sitio arqueológico de Pasargadae. Estas ciudades son por ejemplo Kashan, Yazd, Shiraz o Isfahán, visitas habituales allí. Son jardines concebidos privadamente y amurallados, así que cobrar entrada es lo habitual. Chehel Sotún no es la excepción, pero a cambio se da una audioguía que nos ayudará a interpretar los frescos del pabellón. El mejor momento para visitar un jardín persa es en primavera: nos garantizará agua en los estanques y fuentes y flores. Si Asia nos queda lejos, en Europa se puede disfrutar de un fantástico jardín persa: el Generalife de Granada.

CARACTERÍSTICAS DEL JARDÍN PERSA ISLÁMICO

  • Jardín con gran simbolismo religioso.
  • Cerramientos exteriores.
  • Mantiene la topografía aterrazando. 
  • Plantaciones de huerta y frutales, riego por gravedad, terrenos bajos.
  • Sombra- alineaciones de árboles bordeando caminos.
  • Estructura cruciforme muy variable en cuyo centro suele haber pabellones octogonales marcando el centro del Jardín.
  • Mosaicos de espejos en los pabellones para mostrar y reflejar la autoridad.
  • Plantas utilitarias.
  • Tratamiento sutil del agua:
  • Estanques de regulación.
  • Pozos de distribución.
  • Alberca de almacenamiento.
  • Canales.
  • Acequias. 
  • Fuentes.
  • Surtidores.
  • Cascadas.
  • Sofisticados sistemas de irrigación.
  • Efectos especiales: reflejos, prolongación de perspectivas.
  • Agua hasta el borde de estanques, que son los que le dan la cota, con una increíble nivelación mediante superficies inclinadas, escalones o curvas, y un canalillo que recoge el agua que se desborda discretamente para volver a ser utilizada de nuevo.
  • Sistemas de traída de agua a través de QANATS. Los QANATS, son pozos de 10 a 20 metros de profundidad, conectados en el fondo, que llevan agua limpia y fresca de un punto a otro. En Irán, país sin ríos y con mucho desierto, los 4 QANATS se usan para luchar contra la naturaleza de un clima tan seco. Hay 50.000 redes de Qanats, algunos miden hasta 100 Km. Existen en Irán desde el año 800 a.c., posteriormente se exportaron a todo el mundo.

 

 

 

 

 

 

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