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Göbekli Tepe, el primer templo de la historia | Vagamundos Club de Viajeros

Publicado el 31/05/2021 en

En la década de 1960, un arqueólogo de la Universidad de Chicago descubrió en las proximidades de Urfa un montículo que pensó eran los restos de un cementerio medieval, por lo que no le dio mayor importancia. Pero en octubre de 1994, el arqueólogo alemán Klaus Schmidt, que había leído los trabajos de su colega, emprendió una misión de reconocimiento por el este de Turquía. Allí localizaron el misterioso montículo que los del lugar llamaban Göbekli Tepe (“colina panzuda”). Schmidt interpretó que aquello no podía ser una elevación natural. En su superficie hallaron fragmentos de piedra caliza y gran cantidad de astillas de silex. Schmidt (que excavó hasta su muerte el yacimiento, en 2014), se dio cuenta enseguida de la trascendencia de su descubrimiento. Pronto los arqueólogos se toparon con fragmentos de lo que hoy se cree que es el más antiguo templo de la humanidad.

En el recinto excavado hasta ahora se han hallado una serie de construcciones megalíticas en círculos concéntricos de 5-10 m de diámetro, con muros que intercalan pilares en forma de T, con una altura que oscila entre el metro y medio de las construcciones más recientes y los casi seis metros de las más antiguas. En el centro de estos edificios se situaban dos pilares más altos, también en forma de T, con figuras humanas muy esquemáticas. Se cree que estos seres, por su tamaño y disposición en el centro del complejo, pueden ser de una naturaleza divina o personas con una posición de mando dentro del clan.

Pero lo más llamativo es su decoración: en dichos pilares hay una serie de relieves y grabados, algunos de ellos muy refinados, de zorros, toros, leones, grullas y serpientes, toda una fauna tallada en la piedra calcárea en una época en la que todavía no se conocían los metales. Solo con herramientas de basalto o sílex. En los relieves también aparecen formas humanas como la de un individuo itifálico (con el falo erecto) sin cabeza y con un brazo elevado. Además se han hallado esculturas humanas las primeras representaciones tridimensionales talladas en piedra–, como una estatuilla de unos 60 centímetros de altura intencionalmente decapitada, una mujer mostrada frontalmente (símbolo de fertilidad) o un “portador de ofrendas” que sostiene una cabeza humana entre sus manos.

En una fase posterior se redujo el tamaño de los pilares, los relieves pasaron a ser menos complejos y las estructuras aparecían rodeadas de muros rectangulares.

Los símbolos tallados en sus megalitos son anteriores a los jeroglíficos sumerios, tradicionalmente considerados la base de las lenguas escritas hace 8000 años. El yacimiento tenía 90.000 m2 de extensión, y aunque solo se han excavado cuatro de estos conjuntos, los análisis geomagnéticos realizados, indican que aún quedan sepultados otros 15 anillos megalíticos, que se podrían remontar a finales de la última glaciación, hace 15.000 años (esto es, 5.000 años anterior a las primeras evidencias de agricultura).

Se tiene la certeza de que se trata del primer lugar de culto del mundo, lo que de alguna manera puede cuestionar la tesis convencional de que la invención de la agricultura propició el paso a un modo de vida sedentario. En este caso, pudo ser la religión el agente que motivó el cambio. Hasta ahora se pensaba que en esa época los humanos convivían en grupos de unas quince personas, sin especialización en oficios. Pero  para construir Göbekli Tepe se necesitan cientos de personas bien coordinadas. La necesidad de mantener durante años a un gran grupo de personas en el mismo lugar –imprescindible para tallar las piedras, transportarlas y erigirlas– es lo que pudo impulsar el paso del antiguo nomadismo al sedentarismo. Además, es fácil pensar que el templo debió tener permanentemente un grupo de personas para almacenar y defender sus fuentes de comida.

Sin embargo, para su descubridor, Klaus Schmidt, en Göbekli Tepe no hubo un asentamiento de carácter más o menos permanente, sino que debió ser un centro religioso erigido por grupos de cazadores-recolectores que peregrinaban periódicamente.

Muchos son los interrogantes que plantea este santuario. Uno de ellos hace referencia a un misterioso culto al cráneo, un ritual que serviría para conectar a los vivos con los muertos. Las últimas excavaciones han revelado huesos fragmentados entre los que destacan tres calaveras parcialmente conservadas que presentan modificaciones artificiales, incisiones profundas hechas después de la muerte con cuchillas de pedernal, con el objetivo de poder colgar verticalmente los cráneos.

Las evidencias apuntan a un claro componente ritual e Göbekli Tepe. Los restos de estos individuos podrían incluso haber sido decorados, además de exhibirse en ciertos puntos alrededor del santuario. Los cráneos humanos pueden ser venerados por diversas razones, desde el culto a los antepasados hasta la creencia en la transmisión de propiedades protectoras u otro tipo de propiedades de los difuntos a los vivos. En el Neolítico, en el sudeste de Anatolia se le daba un estatus especial al cráneo humano.

Por otro lado, la actividad en Göbekli Tepe cesó por completo en torno a 7500 a.C. Las causas de su abandono se desconocen. Se han aventurado varias hipótesis: que los edificios se enterraran ritualmente una vez perdido su potencial mágico; por la muerte de un personaje importante del clan, tras lo cual se erigían nuevas construcciones en otros lugares; que el abandono no fuera intencionado, sino debido a derrumbamientos.

Recientemente se publicó un artículo en el semanario alemán Der Spiegel. La revista sugirió que Göbekli Tepe era el lugar donde se asentaron Adán y Eva después de ser desterrados del Jardín del Edén. La afirmación se basó en la coincidencia de que se ha demostrado que la tierra que rodea a Göbekli Tepe es el lugar donde se cultivó el trigo por primera vez, y la Biblia dice que Adán fue el primero en cultivar el trigo después de ser desterrado.

 

Experiencias únicas durante nuestro viaje a TURQUÍA con VAGAMUNDOS

Conocida como la ciudad de las siete colina, Estambul hay que visitarla como mínimo una … o mejor, mil veces en la vida. Todo lo que se diga de esta fascinante urbe que mezcla las tradiciones de Oriente con la modernidad de Occidente, es poco. Tendremos tiempo de visitar sus lugares mas emblemáticos, sus monumentos bizantinos como Santa Sofía, o la iglesia de Chora; otomanos, como la Mezquita Azul o el Palacio de Topkapi; realizar un crucero por el Bósforo hasta el mar de Mármara o visitar sus bazares como el Egipcio o el Gran Bazar.

Pero si tenemos que destacar un monumento de Estambul, sin duda no hay nada comparable a Santa Sofía, el templo de la divina sabiduría que durante siglos fue la mayor iglesia de la cristiandad. Cuando entramos en la enorme sala, con su cúpula flotante cubierta de frescos, su iluminación difusa, las columnas monolíticas … nos resultará sobrecogedor.

Capadocia, un lugar que parece ajeno a este mundo, una obra de arte que posee dos autores, la naturaleza, que la decoró con extravagantes formaciones rocosas conocidas como chimenea de hadas que se han formado a lo largo de miles de años de erosión y la fe, que talló monasterios e iglesias en el interior de la roca.  Algunas de ellas, como la la excepcional Karanlik Kilise (iglesia Oscura), una de las iglesias más extraordinarias de Turquía.

Pasear por uno de los tesoros más curiosos de Turquía como es Pamukkale (castillo de algodón, en turco), famosa por sus terrazas de traventinos de calcita situada en la ladera de una colina. Aquí se encuentra también la ciudad-balneario romana y bizantina de Hierápolis, con el famoso Plutonium, conocido como el agujero del demonio.

En Turquía hay muchos yacimientos arqueológicos griegos y romanos, pero ninguno como Éfeso, donde el arte griego y la arquitectura romana llega a las más altas cotas; además en un estado de conservación magnifico. Para todos los que nos gusta la cultura, será una experiencia única pasear por la avenida de las Columnas o la vía de los Curetes y encontrarnos con el templo de Adriano, la Biblioteca de Celso o el Gran Teatro.

Pero además de Éfeso, en Asia Menor hay otras ciudades griegas y romanas legendarias. No será muy difícil imaginarnos una representación en el Teatro de Aspendos, el mejor conservado del mundo, incluso permanece en pie la pared posterior del escenario; Aphrodisias, dedicada a la diosa del amor Afrodita, uno de los lugares más fascinantes de la Antigüedad; o Perge, un enclave de importancia capital en la historia cristiana.

¿Qué le lleva a un ser humano crear una cumbre artificial en la montaña más alta de su reino, y plantar allí gigantescas esculturas de dioses persas y griegos y de sí mismo? Sin duda la megalomanía. Llegaremos hasta la cumbre de este santuario creado por el rey Antioco I de Comagene en el siglo I a.C. y  seremos testigos de un mágico atardecer en el Monte Nemrut (Nemrut Dağı), donde la suave luz del crepúsculo irá creando las inquietantes sombras de las gigantescas cabezas esculpidas en roca y el inmenso paisaje se irá apagando.

Tomaremos contacto con nuestro pasado, en la Mesopotamia Bíblica, en el este de Anatolia, un lugar habitado mayoritariamente por cristianos durante siglos (actualmente quedan muy pocos), con antiquísimas iglesias y monasterios. Aquí, visitaremos ciudades como Diyarbakir, con su enorme muralla romana de basalto negro; Midyat, donde se encuentra Deyr-ul Umur (Mor Gabriel), el monasterio siríaco ortodoxo más antiguo del mundo; Urfa, la “Jerusalén de Anatolia”, lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes, ya que aquí fue donde nación Abraham; Harran, uno de lugares que lleva más tiempo habitado de forma ininterrumpida; o Gaziantep, donde podremos contemplar los más bellos mosaicos en el Museo de Zeugma, sin duda el mejor museo de mosaicos del mundo.

Mención aparte merece Mardin, una de las ciudades más hermosas de Turquía. Encaramada a una colina, frente a la llanura mesopotámica, pasearemos por los callejones del casco antiguo de este auténtico museo al aire libre donde veremos antiguas mezquitas como la de Ulu Camii del siglo XII o el Monasterio Deyrul Zafaran (“del Azafrán”), del siglo V, donde sus monjes aún hablan el arameo, la lengua que hablaba Jesús.

¿Sabías que en el este de Anatolia se encuentra el templo más antiguo conocido? Pues sí, las construcciones megalíticas en círculos concéntricos de Göbekli Tepe son 7.000 años anteriores a las de Stonehenge, en Gran Bretaña. Su descubrimiento causó un gran impacto en la comunidad científica, ya que esto indica que en aquella época ya existía una organización social desarrollada.

Mesopotamia significa “tierra entre dos ríos”. Obviamente esos dos ríos son los míticos Tigris y Éufrates. Tendremos la oportunidad de realizar un breve crucero por el Éufrates, donde podremos ver algunas de las ciudades sumergidas por efecto de la construcción de las nuevas presas.

¡Y qué decir de los bazares turcos! Aunque no seas muy comprador, en Turquía te volverás compulsivo. Pocos países poseen una artesanía comparable a la turca. Ya sea en el Gran Bazar de Estambul, el kapalı çarşıel de Mardin, o el caravasar Hasan Paşa de Diyarbakir o en cualquier otro bazar de los que visitemos, cuando entres en cualquiera de ellos, tu estado de ánimo sufrirá un cambio radical que te llevará a una fiebre compradora. 

Artículo elaborado por Eugenio del Río

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