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Kandy, el corazón de la isla resplandeciente | Viaje a Sri Lanka | Vagamundos Club de Viajeros

Publicado el 06/05/2021 en

Capital durante milenios de los reinos de las colinas de Sri Lanka, Kandy conserva las esencias de esta isla. Sus templos guardan el espíritu del budismo y celebran las fiestas más espectaculares. En sus alrededores crecen las especias más deseadas.

En Kandy, todas las calles van a dar al lago artificial y toda la ciudad está rodeada por el río Mahaweli Ganga. En ellas reina el bullicio, el ruido y ese aparente caos de todas las ciudades de Oriente, donde hay puestos de frutas y periódicos, las tiendas están tan llenas de mercancías que los vendedores tienen que salir a la calle y grandes carteles anuncian las películas recién estrenadas. Se siente el trópico en los grandes árboles de copas frondosas que casi siempre son más altos que las casas, hace calor y a media tarde cae una luz dorada que resbala por las paredes y hace brillar las hojas. Alrededor del lago hay colinas cubiertas de un verde limpio y luminoso, y existe una zona donde el ruido es sólo un eco lejano porque está cerrada al tráfico. Ésta es la parte más cuidada de la ciudad porque en ella se conserva la reliquia más sagrada de todo el país. Aquí, al borde del agua, está el Dalada Maligawa, el templo del Diente de Buda.

Cuenta la tradición que le fue arrancado en la propia pira funeraria y que, tras muchos avatares, fue traído a la isla de Ceilán ocho siglos después, escondido entre los rizos de la cabellera de la princesa Kalinga, y que una vez en la isla fue venerado en distintos lugares antes de llegar a Kandy. Todavía viajó dos veces a la India, robado por ejércitos enemigos. Pero siempre acabó encontrando el camino de vuelta a esta isla que sobre los mapas semeja una lágrima que se desprende de su poderoso vecino. El nombre de Sri Lanka significa “la isla bendita o resplandeciente”, pero los griegos la conocían como Taprobane, los chinos como isla de las Gemas y los árabes como Serendib, y se cuenta que un capitán inglés experimentó tal placer al llegar a sus costas que acuñó la palabra serendipity, trasladada posteriormente al castellano como Serendipia. Le sirvió para describir esa capacidad de alcanzar la felicidad a través de un hallazgo inesperado.

La reliquia de Buda

No debe de haber muchos lugares más indicados que éste para guardar la reliquia de Buda. Kandy es la capital histórica y cultural de Sri Lanka, una ciudad orgullosa de su pasado y que siempre ha resistido al invasor. Ni portugueses ni holandeses pudieron con ella, y sólo los ingleses, en 1815, tras largos asedios, pudieron conquistarla. Terminaban así con una dinastía que había gobernado las tierras altas de la isla durante 23 siglos. Quizá por todo ello Kandy es conocida por sus habitantes como Maha Nuwara, “la Gran Ciudad”, o simplemente Nuwara, “la Ciudad”, porque no hace falta otro nombre para ella.

Miles de peregrinos acuden cada día al templo que guarda el diente sagrado, aunque durante un tiempo su acceso ha estado restringido por motivos de seguridad. Como en muchos otros templos, a lo largo del día, danzantes y tamborileros celebran el comienzo de las puja, ceremonias religiosas en las que los asistentes elevan ofrendas a la deidad. Y como ocurre en otros lugares, es imposible contemplar la reliquia venerada. Hay guardianes y un grueso cristal que protegen el estuche de han podido ver la gran reliquia. Al resto de los fieles sólo les queda sentir su presencia.

Foto 94473992 © Saiko3p | Dreamstime.com

El templo del Diente se refleja en las aguas del lago, que es artificial y fue creado en 1807 por Sri Wickrama Rajasinha, el último rey cingalés, quien empaló y condenó a muerte lenta en estacas a varios jefes de pueblos cercanos que se negaron a que sus ciudadanos trabajaran como esclavos en la obra. Esto fue el argumento que utilizaron los británicos para destronarlo. Al recorrer las orillas del lago se distingue un pequeño islote, y se cuenta que allí guardaba el monarca su numeroso harén. Poco le duró la fantasía, porque pronto llegaron los ingleses que acabaron con este mundo. Y los conquistadores, con una mentalidad muy diferente, decidieron servirse de la isla como almacén de municiones.

Frente al edificio principal del Templo del Diente se hallan las cuatro devales (templos) dedicadas a cada uno de los dioses que protegen Sri Lanka: Pattini, Natha, Vishnú y Kataragama. Son templos hindúes, pero también  venerados por budistas, ya que el budismo no niega la existencia de seres sobrenaturales (los devas), pero considera que estos son igualmente transitorios y que solo desde la forma humana es posible alcanzar el nirvana. Aquí se encuentran la Natha Devale, el más antiguo de Kandy (siglo XIII), de estilo dravínico, que se halla sobre un terraplén de piedra, con una bonita entrada con un panel escultórico; en los jardines destacan árboles bodi y algunas dabogas. El Plattini Devale, muy sencillo, y dedicado a la diosa de la salud y la castidad; Maha Vishnu Devale, dedicado a Vishnu, el guardián de Sri Lanka, al que sellega a través de unas escaleras labradas, y presenta un salón de tambores. A corta distancia se encuentra el Kataragama Devale, cuyo santuario principal se encuentra rodeado por templos dedicados a deidades hindúes y budistas.

Colgada de las colinas en el interior de la isla, Kandy es un mundo distinto del de la costa. En sus alrededores se extiende los cultivos de té, que fueron desarrollados por los ingleses hace menos de siglo y medio cuando una plaga destruyó las plantaciones de café. Al recorrer estas carreteras que se retuercen para adaptarse a las pendientes se ven grupos de mujeres tamiles desperdigadas entre las matas que les llegan hasta más arriba de la cintura, seleccionando cuidadosamente las hojas más tiernas y guardándolas en las cestas que llevan a la espalda. Muchos entendidos afirman que, de los brotes más escogidos, se obtiene el mejor té del mundo.

Estas tierras altas también abundan en vainilla y canela, en clavo y cardamomo, en pimienta y jengibre, las especias que han inflamado desde hace siglos la imaginación y el gusto de los europeos. Los mercaderes de sabores viajaban hasta Oriente en busca de la mercancía más valiosa, y Sri Lanka era uno de los destinos fundamentales. Marco Polo alabó su calidad y durante mucho tiempo Sri Lanka fue conocida como la isla de las Especias.

Como en todo Oriente, sus mercados son especialmente llamativos. Olores, sabores, sonidos, colores … todo esto lo tenemos en el Mercado Central de Kandy, donde podemos encontrar desde pescados y carne, con una vista no muy apetecible para los occidentales, hasta puestos atestados de frutas resplandecientes: aguacates, maracuyá, mangos, y otros mucho más exóticas que posiblemente nunca hayamos visto como mangostán, pitahaya, kumquat, carambolas, atemoyas, y otras.  También, claro, las más de 20 variedades diferentes de plátanos, así como una gran variedad de especias.

El Jardin Botánico de Peradeniya

A pocos kilómetros de Kandy se encuentra el Real Jardín Botánico de Peradeniya, sin duda el jardín más bello del país, y uno de los más bonitos y variados del mundo. Cubren una superficie de 60 hectáreas, y en el mismo se puede contemplar toda clase de plantas y flores, árboles espectaculares y espaciosas veredas. Los parajes se crearon como jardín de recreo para la realiza de Kandy en 1371. Sin embargo, después de que los británicos derrocaran al último rey en 1815, el parque se convirtió en jardín botánico en 1816. Destaca el bambú gigante, las palmas de Palmira y las palmas de Ceilán. Junto a la entrada se encuentra la colección de orquídeas que guarda más de 300 variedades. Cerca, el jardín de las especias, está repleto de todo tipo de plantas, como el clavo, la canela, la vainilla y la nuez moscada. Un paseo por las agradables avenidas como la de los pinos de Cook, bordeada por estos árboles, o la de las palmeras reales, quizás la más hermosa, nos parecerá que estamos en el Jardín del Edén. También se puede contemplar una higuera gigante de Java en el gran prado, que cubre una superficie de 2.500 m2.

No muy lejos del jardín, se encuentran un grupo de templos que nos permite acercarnos a la cultura religiosa ceilandesa, así como para recorrer unos bonitos campos. Esta breve ruta cultural está compuesta por tres interesantes templos hinduistas-budistas construidos en siglo XIV, en los inicios del Reino de Kandy. El Embekka Devale, dedicado a la deidad hindú de la guerra, Skanda, sus pilares, de maderas preciosas, se encuentran primorosamente tallados, con imágenes de flores, águilas, cisnes, luchadores y bailarinas. El Templo Lankatitake, de color blanco brillante, se encuentra dividido en dos mitades, una budista y la otra hindú. Es quizás el más impresionante de los tres. Se trata de una hermosa y fina construcción de excepcional armonía entre sus líneas de influencia cingalesa. Flanqueando la puerta de acceso que lleva a la cámara, se hallan dos elefantes-leones protectores. En el interior hay una imagen de Buda, rodeado de pinturas del período Kandy. Por medio de una escalera tallada en la roca, que se encuentra custodiada por dos pequeñas esculturas de elefantes, se accede al Templo Gadaladeniya, pequeño y armónico santuario budista, con un anexo hindú, finalizado en 1344. Posee una cámara central cruciforme, rodeada de cuatro santuarios más pequeños, cada uno con su Buda y coronado por una pequeña dagoba. El tejado es sostenido por sólidos y parcos pilares y la capilla principal acoge un Buda sedente. En los muros exteriores se encuentran grabados de bailarines y tamborileros que, indican la influencia de la arquitectura drávida del sur de la India en su construcción.

Las procesiones de elefantes

El budismo es la religión predominante en Sri Lanka, y Kandy ha sido desde siempre uno de sus centros de referencia. Sus monasterios son los más importantes de la isla y la festividad religiosa de mayor espectacularidad se celebra siempre en sus calles. En los días que preceden a la luna llena de Esala, que coincide con julio o agosto, la ciudad entera parece vivir para las peraheras, las grandes procesiones de elefantes en honor del diente de Buda. Aunque éste nunca abandona el templo, un arca que lo representa recorre la ciudad en un palanquín llevado a lomos del elefante más hermoso, con sus colmillos cubiertos de oro y adornado de telas brillantes. Solo camina sobre una alfombra blanca, para impedir el contacto con la suciedad del suelo. Son 10 noches en las que la excitación latente va subiendo poco a poco hasta alcanzar el paroxismo en la noche de la luna llena. Cingaleses venidos de todo el país participan en procesiones, en danzas, tocan tambores y llevan antorchas. Arde el incienso por doquier y decenas de elefantes engualdrapados recorren de noche las calles de la ciudad.

Foto 97451847 © Thomas Wyness | Dreamstime.com

En realidad hay cinco procesiones. Cada una se origina en un templo, que custodia una de las deidades que protegen la isla. Además de la perahera del Dalada Maligawa, hay cuatro, que salen en honor de Skanda, el dios de la guerra; de Pattini, la diosa de la castidad; de Natha, el futuro Buda, y de Vishnu, el guardián de Sri Lanka. El que este último sea uno de los tres grandes dioses del hinduismo demuestra la profunda relación de ambas creencias. Hay descripciones de viajeros de hace siglos que casi podrían ser actuales, y a veces el desfile parece una visión inconcebible, un recuerdo de un pasado legendario que permanece vivo.

Experiencias únicas durante nuestro viaje a SRI LANKA con VAGAMUNDOS:

Recibir un masaje ayurvédico con baños de vapor infusionado de especias en un centro especializado de Galle.

Visitar un jardín de especias en Matale para descubrir usos alternativos de las especias más conocidas.

Subir al legendario “tren del té”, para llegar hasta Nuwara Eliya, descubriendo el encanto de la aventura reviviendo la experiencia de una época pasada.

Pasear por Anuradhapura, primera capital del reino ceilandés, y donde se encuentra el Árbol de la Iluminación de Buda, el Sri Maha Bodhi, de más de 2000 años de antigüedad.

Encontrarnos en Polonnaruwa, segundo vértice del “Triángulo Cultural” con Gal Vihara, cuatro enormes imágenes de Buda que suponen un hito en las tallas cingalesas.

Explorar todos los misterios que oculta la Roca de Sigiriya que se alza 370 metros de forma abrupta sobre la inmensa llanura en lo que supone la imagen más icónica y espectacular de Sri Lanka.

Realizar un Trekking por Horton Plains, un parque que se asienta  sobre una meseta situada entre los 2.100 y 2.300 metros de altitud, que termina en el barranco del Fin del Mundo.

Acudir a una plantación de té y degustar una taza de Ceylon Silver Tips, un tipo excepcionalmente raro, que posee un sabor complejo y delicado y un precio altísimo.

Recorrer el encantador casco antiguo de Galle que abarca cuatro siglos de historia y en el que quedan restos de las tres naciones que lo colonizaron: Portugal, Holanda y Gran Bretaña.

Disfrutar de paseos por la ciudad sagrada de Kandy, situada entre montañas, en un paraje de inmensa belleza, junto a un apacible lago, y el hogar del templo del Diente de Buda.

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