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Viaje a Turquía III: Circuito Clásico, Monte Nemrut y Mesopotamia Bíblica | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 01/06/2021 en

Tercera entrega de nuestro viaje a Turquía. En esta ocasión nos vamos acercando al centro de la península de Anatolia. Visitaremos Urfa, ciudad natal de Abraham; llegaremos hasta el el Monte Nemrut, el lugar donde fue enterrado el rey Antioco I de Comagene, y donde podremos disfrutar de un memorable atardecer; también tendremos oportunidad de navegar por el mítico Éufrates; nos detendremos en Arsameia, la antigua capital del reino de Comagene; y en Gaziantep además de visitar la ciudad, y saborear los excelentes pasteles turcos elaborados con pistachos -baklava- podremos vereos el Museo de Mosaicos de Zeugma, el más importante del mundo. 

DÍA 5 – Urfa – Adiyaman (Monte Nemrut)

Desayuno buffet en el hotel. Conocida como “La Ciudad de los Profetas”, Urfa (en turco Şanlıurfa), y nombrada como Edesa en tiempos de Alejandro Magno, es un centro espiritual y destino de peregrinaje. Su historia ha estado repleta de avatares. Fue poblada inicialmente por hurritas hace 5.500 años, y ocupada sucesivamente por hititas (siglo XIV a 1370 a.C.), asirios, griegos y romanos. En este último período tuvo un papel importante en la propagación del cristianismo en Siria y Persia. A partir del siglo V la ciudad fue sede episcopal. En el 637 la invadieron los árabes.

En los siglos posteriores lucharon por ella tanto árabes como bizantinos, armenios, francos y selyúcidas, hasta que en 1087 los francos la conquistaron, creando el condado de Edesa, de gran importancia en la época de las Cruzadas. En 1144 fue conquistada por el emir selyúcida Zengi, al que sucedió Saladino y luego los mamelucos. Finalmente, tras un corto período de dominio musulmán, fue conquistada definitivamente por el imperio otomano en 1637.

En 1984, la ciudad adquirió el prefijo “Şanlı” (gloriosa) por su resistencia ante los franceses en 1920. A partir de 1992 la gran presa de Atatürk, ha transformado el desolado paisaje anterior que la rodeaba, en productivos campos de algodón.

Visita del Museo Arqueológico, que alberga inscripciones, tablillas y restos hallados en las excavaciones de Harran y los yacimientos de las orillas del Éufrates. Encontraremos piezas del Neolítico, piedras con relieves asirios, babilonios e hititas y otros objetos de la época bizantina, selyúcida y otomana. Destacamos, un hermoso mosaico, de la primera mitad del siglo III d.C. que muestra siete personajes y fue encontrado en un barranco así como una estatua antropomórfica de Urfa (9000 a.C.), que es la escultura humana de tamaño natural más antigua que se conoce. También se exponen algunos de los hallazgos del yacimiento neolítico de Göbekli Tepe.

El casco histórico de la Urfa posee casas de piedra de color ocre, con patios umbrosos y un bazar como el de los tiempos de las caravanas. Aquí sentiremos el embrujo de Oriente Medio. Las mujeres, ataviadas con chadores negros se abren paso entre la muchedumbre del bazar y los señores con mostacho y vestidos con şalvar (tradicionales pantalones bombacho árabes), toman te y conversan apaciblemente.

Llegaremos a la zona de Gölbaşı, un agradable espacio ajardinado que alberga el estanque de Abraham, una alberca de 30 x 150 m, alimentada por el manantial sagrado de Rohas. Se cuenta que el rey asirio Nemrod al ver que Abraham destruía imágenes paganas, lo arrojó al fuego desde una colina; sin embargo el fuego se transformó en agua y las brasas en peces. Finalmente Abraham aterrizó sin un rasguño en un lecho de rosas. En memoria de aquel milagro se conserva el estanque de Abraham, habitado por unas enormes carpas que se consideran sagradas, ya que, según la leyenda, quien las pesca se quedará ciego. Accederemos al mismo a través de un bonito jardín de rosas (“Rosas Sagradas”). Cerca de allí, se encuentra la Mezquita Halil-Ur Rahman, construida sobre un edificio del siglo XIII, sustituye a una iglesia bizantina anterior; aquí encontraremos un ambiente muy espiritual.

Llegada a la gruta donde nació Abraham, que ha sido venerada a lo largo de los siglos como lugar de peregrinación y oración. Aquí nació y vivió el profeta durante sus siete primeros años de vida, después huyó con su familia ya que, otra de las leyendas cuenta que una señal en los astros anunció a Nemrod y a sus astrólogos el nacimiento de un niño que acabaría con su reinado. Por ello, el rey hizo matar a todos los niños de su imperio. Abraham, el primero de los tres patriarcas del judaísmo, es reconocido tanto por estos como por cristianos y musulmanes (Ibrahim para estos últimos). Accederemos a la cueva por una estrecha puerta con dos entradas, una para hombres y otra para mujeres. El interior es sencillo, con agua (milagrosa y con poder curativo) goteando por las paredes. Los devotos rezan arrodillados.

Almuerzo en restaurante local.

Nos dirigimos hacia Kahta, pequeño pueblo que ha surgido en el lugar antiguamente ocupado por Arsameia, la antigua capital de verano del reino de Comagene. Aquí encontramos una estela que representa a Mitra (o Apolo), el dios del Sol. Más adelante aparecen las bases de dos estelas que representan a Mitrídates I Calímico junto a Antíoco I sujetando un cetro. Cerca de allí, a algo más de 1 km, visitaremos la Yeni Cale (Fortaleza Nueva), un castillo mameluco del s. XIII. A continuación, situado a 5 km veremos el puente romano de Cendere, construido por los soldados de la XVI legión en honor de Septimio Severo en el siglo II d.C. De las cuatro columnas corintias originales solo quedan tres. A unos 10 km se encuentra el Karakuş Tümülüs, un túmulo sepulcral de 35 metros de altura, construido en el año 36 a.C., y dedicado por el rey Mitrídates I a su madre Pythodoris; también están enterradas la mujeres de la familia de Mitrídates II. En el enterramiento, se alzan tres columnas dóricas, de una altura entre 4.90 y 10 metros, y rematadas por un león, un águila y un toro.

Continuamos nuestro camino hasta otro lugar lleno de magia y de historia. Hace más de 2.000 años, en el corazón de Turquía, surgió el reino de Comagene, un fascinante lugar donde se cruzan la Grecia clásica, Persia, Anatolia y los misterios arqueológicos. Nemrut Dag es el resto más importante de esta civilización perdida. Las gigantescas estatuas de sus dioses, guardan silenciosamente el tesoro de su rey Antíoco I, el monarca de un reino casi olvidado en las brumas del tiempo. Este fue el lugar elegido por este megalómano soberano local anterior a los romanos para consagrarse como uno más de los grandes dioses. Desde hace más de dos milenios las deidades de piedra de Nemrut Dag resisten a la nieve, al viento y a los frecuentes terremotos que sacuden cada cierto tiempo las tierras de Anatolia. Para construir este excepcional templo creó una cumbre artificial sobre el punto más elevado de su reino, donde, tras su muerte, se guardaría su sarcófago y su tesoro. El sistema fue el amontonamiento progresivo de miles de toneladas de guijarros, unos encima de otros. Esto, a la postre, ha resultado mucho más efectivo para proteger sus restos que en otros grandes mausoleos del mundo antiguo. Durante dos milenios ha resistido todos los asaltos de ladrones, profanadores de tumbas, y más recientemente, de los arqueólogos, ya que al estar compuesta por pequeños fragmentos de piedra es imposible excavarla sin destruir todo el monumento.

El santuario fue erigido en el siglo I a.C. en “el lugar más elevado” del reino –según reza una inscripción en la base de las estatuas-, “en la más cercana proximidad del trono celestial de Zeus”. Allí se encontraba Antíoco y sus dioses, como en un Olimpo real construido con piedra blanca y soberbia sin límites. “Yo, Antíoco, he hecho construir este recinto en mi honor y en honor de mis dioses”. Así proclama la inscripción que identifica cada una de las estatuas con los dioses griegos Apolo, Zeus y Hércules, asociados con los dioses persas Mitra, Ahura Mazda y Artagnes.

Durante siglos nadie honró la gloria efímera de Antíoco, y tanto el nombre de Comagene como el de sus reyes se perdieron en el olvido. Y no fue hasta 1881 cuando este inhóspito lugar fue descubierto por casualidad por Karl Sester, un ingeniero alemán que se encontraba en la zona supervisando la construcción de una red de carreteras en el este de Turquía. Al año siguiente, un equipo de arqueólogos encabezados por Carl Humann y Otto Puchstein acudió al monte guiados por el propio Karl Sester. Cuando llegaron a la cima, no dieron crédito a lo que estaban viendo: estaban descubriendo un mundo perdido en el corazón de Anatolia, la civilización de Comagene, con elementos del Oriente persa y del Occidente helénico, una cultura local nacida en este cruce de caminos como una síntesis fascinante de religión, arte y arquitectura.

En una de las paredes de la terraza occidental se aprecian los relieves que representan a los antecesores persas de Antíoco, y en otra, a los griegos. El monarca quería representar en su persona el proceso de unión cultural que originó en Comagene esta fusión de dioses. Antíoco se proclamaba descendiente directo de la dinastía persa aqueménida por su padre y de Alejandro Magno a través de su madre.

Visitaremos el Parque Nacional de Nemrut Dağı (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1987), donde el rey Antíoco I, que gobernó el reino de Comagene entre los años 64 y 38 a.C., creó este santuario que lo inmortalizara y para ello hizo esculpir tres enormes terrazas orientadas al norte, este y oeste, en lo alto de la montaña, a 2.150 metros de altitud, a la que añadió una cumbre artificial a base de guijarros que eleva todavía 50 metros la altura de la montaña. La cumbre más próxima al trono celestial de Zeus, en las que colocó unas colosales estatuas de sí mismo y de los principales dioses del reino, tanto griegos como persas, convirtiendo la cima del monte en un santuario en el que se veneraba al rey. Debajo se hallan las sepulturas de Antíoco I y sus familiares. La terraza norte, con colosales estatuas de un león y de un águila, adornaban la puerta de acceso al recinto y era el lugar de reunión de los peregrinos. La terraza oeste, parcialmente excavada en la roca, estaba sostenida por una enorme muralla y se alzaban cinco colosales estatuas de 9 m. de altura, cuyas cabezas se conservan casi intactas. La terraza este, simétrica a la anterior, presentaba la misma disposición de estatuas y un gran altar escalonado en el que se llevaban a cabo los sacrificios. A pesar de que los bajorrelieves se encuentran en peores condiciones, los personajes sentados se hallan completos. 

Cuando el sol se pone en las montañas del Antitauro, a poca distancia de donde el Éufrates corre rápido y poderoso para derramarse por las planicies de Mesopotamia, el último rayo acaricia los rostros pétreos de los dioses, desde donde dominan las tierras del antiguo reino de Comagene. Disfrutaremos de un mágico atardecer en el Monte Nemrut durante el que las colosales estatuas de los dioses se iluminan con el último suspiro del día, y despiden al sol desde su trono justo antes de que la noche caiga sobre estas colinas agrestes. Debemos dedicar también nuestra atención en conseguir las mejores imágenes de este hermoso momento.

Cena y alojamiento en Grand Isias Hotel.

El reino Comagene (Artículo)
En una antigua región de Asia Menor, junto al Éufrates y al pie de los montes Antitauro, estuvo ubicado el antiguo y casi desconocido reino de Comagene. Se sabe que fue un antiguo reino armenio del período helenístico, que tuvo como capital Samósata y se caracterizó por ser un “estado amortiguador” entre Armenia, Partia, Siria y Roma, ocupando lo que actualmente son las provincias turcas de Adiyaman y Antep.

A partir del 250 a.C., la región queda emplazada entre los límites de los imperios Seléucida y Parto. Cuando los seléucidas se encuentran en plena huida y los romanos están extendiéndose por Anatolia, el gobernador de Comagene, un aliado de Roma, aprovecha para declarar la independencia de su reino en el 80 a.C., autoproclamándose rey y, con el nombre de Mitrídates I Calínico, establece su capital en Arsameia.

Mitrídates murió en el 64 a.C. y le sucedió su hijo Antíoco I Epifanes (64-38 a.C.), que consolidó su reino firmando un pacto de no agresión con Pompeyo, lo que convirtió a su Estado en un muro de contención de los partos. Se proclamaba descendiente de Darío y de Alejandro, aunque es probable que lo fuera del General Oronte de Comagene, que estuvo al servicio del rey persa Artajerjes y de la hija del penúltimo seléucida Antioco VIII, heredero de esa parte del imperio alejandrino.

El reino controlaba uno de los dos únicos pasos sobre el río y, por tanto, las rutas comerciales que atravesaban Anatolia. Sus buenas relaciones con partos y romanos, permitieron a Antíoco I dedicarse a sus delirios de grandeza. Su hijo, Mitrídates II Antíoco, gobernaría del 38 a.C. al 20 a.C. Sería sucedido por Antíoco III; a su muerte en el año 17 d.C., el emperador Tiberio anexionó Comagene a la provincia de Siria, lo cual no fue aceptado por el pueblo. En el año 38, Calígula restableció al hijo de Antíoco III, Antíoco IV entregándole algunas áreas de Cilicia. Depuesto por Calígula y restaurado por Claudio en el 41, reinó hasta el año 72, cuando el emperador Vespasiano depuso a la dinastía, y anexionó definitivamente el territorio a Siria, con el pretexto de que Antíoco estaba a punto de rebelarse, poniendo fin así a la dinastía.

Cena y alojamiento en Gran Isias Hotel.

DÍA 6 – Adiyaman – Navegación por el Éufrates – Gaziantep

Desayuno buffet en el hotel. Continuamos nuestra ruta y llegamos a Halfeti, pueblo que se encuentra a orillas del mítico río Éufrates, con atractivas casas que se derraman por la ladera. Actualmente el río presenta un enorme caudal debido a la construcción de la presa de Birecik que ha elevado considerablemente su nivel, inundando gran cantidad de pueblos. Subiremos a una embarcación y navegaremos por el Éufrates, río lleno de historia y grandeza, que nos llevará hasta Rumkale. Avanzaremos hasta la base de un acantilado en cuya cumbre se halla la fortaleza de Rumkale, en ruinas. También podremos ver los restos del pueblo inundado; incluso el minarete de una mezquita sigue en mitad del rio. Podremos ver también la ciudad sumergida de Zeugma, de gran valor histórico y arqueológico, y donde vivió Alejandro Magno. El material que se extrajo de la misma está expuesto en el museo de Gaziantep, que veremos después.

Llegada a Gaziantep. Llamada anteriormente Ayntap (“manantial puro”), estuvo habitada desde el 3800 a.C., adquiriendo importancia en el I milenio a.C., durante la época del principado sirio-hitita. Por aquí pasaron Alejandro Magno (posiblemente corresponde al emplazamiento de la ciudad helenística de Antioquía del Tauro), los romanos y los bizantinos, hasta la conquista árabe en el 638.

Pero la región continuó siendo inestable hasta la llegada de los turcos selyúcidas, en torno al 1070, que construyeron en ella una fortaleza. Posteriormente, los otomanos, encabezados por Selim I el Cruel, se hacen con la ciudad en 1516. En este período, Ayntap contó con una importante población cristiana, sobre todo de armenios. En 1920 el nombre de la ciudad adoptó el prefijo gazi (héroe de guerra) tras su heroica resistencia ante la invasión francesa, cuando pretendían anexionar tierras turcas a sus posesiones en Siria y Líbano.

El ambiente de la ciudad es típico de Oriente Medio, con las calles arboladas y las cafeterías al aire libre. Con una población de algo menos de 1.200.000 habitantes, es la sexta ciudad más grande de Turquía y la mayor de Anatolia Suroriental.

 Almuerzo en restaurante local.

Por la tarde visitaremos el Museo de Mosaicos de Zeugma, donde se exponen los increíbles mosaicos que se salvaron de la inundación de Zeugma y de las ciudades de alrededor. Situada a 10 km al este de Gaziantep, se encuentra Zeugma ("cabeza de puente" o "lugar de paso"), una ciudad fundada a ambos orillas del Éufrates por el general del ejército de Alejandro Magno, Seleuco Nicátor. Al encontrarse dentro de la Ruta de la Seda, Zeugma prosperó, llegando a los 80.000 habitantes. En el año 1992 se iniciaron excavaciones arqueológicas en la zona, aceleradas por la construcción de una presa hidrológica que en el año 2000, dejaría bajo las aguas una vasta área, muy rica en yacimientos arqueológicos. El gobierno turco, dada la gran importancia del yacimiento, declaró Zeugma como sitio de especial interés arqueológico, por lo que los restos de la antigua ciudad existentes en la colina han podido ser excavados y recuperados.

El museo fue inaugurado en 2012, en un moderno edificio formado por dos alas y un patio cubierto. Cuenta con un área expositiva de más de 7.000 m2, de ellos, casi 2.500 m2, dedicados a mosaicos clásicos de los siglos I al III d.C. que adornaron las villas de acaudalados ciudadanos de Zeugma. También destacan los frescos, fuentes romanas, esculturas de piedra caliza, estelas, sarcófagos y otras piezas arquitectónicas rescatadas de esa misma población. La colección se haya distribuida de la forma siguiente: sótano, los mosaicos hallados en las termas de Zeugma, así como una viril y sensual estatua de bronce de Marte, el dios de la guerra; planta baja, los mosaicos pertenecientes a las villas de Poseidon, Eufrates y Dionysus situadas en la ribera del Eufrates; en la primera planta se encuentran los mosaicos descubiertos en las excavaciones del año 2000, junto con otra sección donde se exhiben mosaicos pertenecientes a una iglesia bizantina en las cercanías de Gaziantep. Destacamos especialmente una “estela hitita” de piedra labrada, del siglo IX a.C., que representa a Teshub, dios de la tormenta. Entre los mosaicos, no debemos perdernos los siguientes: “Océano y Tetis”, mosaico del dios del Océano y su esposa Tetis rodeados por criaturas marinas, es el más completo que se ha recuperado; “Parsifae y Dédado”, el mayor mosaico del museo representa el mito de Pasifae y el laberinto construido por Dédalo para confinar al Minotauro; “El nacimiento de Venus” , y por encima de todos, “Niña gitana”, (en realidad es una sacerdotisa de Baco), comparada con la Mona Lisa por su enigmática expresión, y que se ha convertido en icono regional.

A continuación visita de la fortaleza, erigida según parece, por los romanos, fue restaurada en el siglo VI por Justiniano y reconstruida en los siglos XII y XIII por los selyúcidas. Ocupa en parte un promontorio rocoso y en parte una colina artificial, siendo de destacar el bastión del portón de entrada, defendido por una barbacana y un profundo foso.

Pasearemos por el casco antiguo de la ciudad, donde podremos ver la animada vida de Gaziantep, con sus cafés, sus caravasares y las viejas casas de piedra que han sido restauradas. Acabaremos la jornada visitando, cómo no, la zona de bazares de la ciudad, sobre todo el Zincirli Bedesten (mercado de Artesanos del Cobre), donde sentiremos el pulso de la vida diaria de sus gentes. Aquí abundan los talleres de artesanos del metal y puestos de zapateros. Como en todos los bazares turcos podremos encontrar casi de todo, pero destacamos los muebles con madreperla incrustada, una artesanía que ha dado fama a la población. 
Esta región es la mayor productora de pistacho (fistik) del país, y la ciudad posee más de 180 pastelerías donde se elaboran los mejores baklava del mundo, un tipo de pastel turco elaborado con una pasta de pistachos, repartida en una masa de hojas muy delgadas y bañado en almíbar o jarabe de miel. Para finalizar con un sabor dulce de la visita, llegaremos a la famosa tienda original de baklava Gulluoglu, donde podremos degustar estos deliciosos pastelitos.

Cena y alojamiento en NOVOTEL GAZIANTEP.

Experiencias únicas durante nuestro viaje a TURQUÍA con VAGAMUNDOS

Conocida como la ciudad de las siete colina, Estambul hay que visitarla como mínimo una … o mejor, mil veces en la vida. Todo lo que se diga de esta fascinante urbe que mezcla las tradiciones de Oriente con la modernidad de Occidente, es poco. Tendremos tiempo de visitar sus lugares mas emblemáticos, sus monumentos bizantinos como Santa Sofía, o la iglesia de Chora; otomanos, como la Mezquita Azul o el Palacio de Topkapi; realizar un crucero por el Bósforo hasta el mar de Mármara o visitar sus bazares como el Egipcio o el Gran Bazar.

Pero si tenemos que destacar un monumento de Estambul, sin duda no hay nada comparable a Santa Sofía, el templo de la divina sabiduría que durante siglos fue la mayor iglesia de la cristiandad. Cuando entramos en la enorme sala, con su cúpula flotante cubierta de frescos, su iluminación difusa, las columnas monolíticas … nos resultará sobrecogedor.

Capadocia, un lugar que parece ajeno a este mundo, una obra de arte que posee dos autores, la naturaleza, que la decoró con extravagantes formaciones rocosas conocidas como chimenea de hadas que se han formado a lo largo de miles de años de erosión y la fe, que talló monasterios e iglesias en el interior de la roca.  Algunas de ellas, como la la excepcional Karanlik Kilise (iglesia Oscura), una de las iglesias más extraordinarias de Turquía.

Pasear por uno de los tesoros más curiosos de Turquía como es Pamukkale (castillo de algodón, en turco), famosa por sus terrazas de traventinos de calcita situada en la ladera de una colina. Aquí se encuentra también la ciudad-balneario romana y bizantina de Hierápolis, con el famoso Plutonium, conocido como el agujero del demonio.

En Turquía hay muchos yacimientos arqueológicos griegos y romanos, pero ninguno como Éfeso, donde el arte griego y la arquitectura romana llega a las más altas cotas; además en un estado de conservación magnifico. Para todos los que nos gusta la cultura, será una experiencia única pasear por la avenida de las Columnas o la vía de los Curetes y encontrarnos con el templo de Adriano, la Biblioteca de Celso o el Gran Teatro.

Pero además de Éfeso, en Asia Menor hay otras ciudades griegas y romanas legendarias. No será muy difícil imaginarnos una representación en el Teatro de Aspendos, el mejor conservado del mundo, incluso permanece en pie la pared posterior del escenario; Aphrodisias, dedicada a la diosa del amor Afrodita, uno de los lugares más fascinantes de la Antigüedad; o Perge, un enclave de importancia capital en la historia cristiana.

¿Qué le lleva a un ser humano crear una cumbre artificial en la montaña más alta de su reino, y plantar allí gigantescas esculturas de dioses persas y griegos y de sí mismo? Sin duda la megalomanía. Llegaremos hasta la cumbre de este santuario creado por el rey Antioco I de Comagene en el siglo I a.C. y  seremos testigos de un mágico atardecer en el Monte Nemrut (Nemrut Dağı), donde la suave luz del crepúsculo irá creando las inquietantes sombras de las gigantescas cabezas esculpidas en roca y el inmenso paisaje se irá apagando.

Tomaremos contacto con nuestro pasado, en la Mesopotamia Bíblica, en el este de Anatolia, un lugar habitado mayoritariamente por cristianos durante siglos (actualmente quedan muy pocos), con antiquísimas iglesias y monasterios. Aquí, visitaremos ciudades como Diyarbakir, con su enorme muralla romana de basalto negro; Midyat, donde se encuentra Deyr-ul Umur (Mor Gabriel), el monasterio siríaco ortodoxo más antiguo del mundo; Urfa, la “Jerusalén de Anatolia”, lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes, ya que aquí fue donde nación Abraham; Harran, uno de lugares que lleva más tiempo habitado de forma ininterrumpida; o Gaziantep, donde podremos contemplar los más bellos mosaicos en el Museo de Zeugma, sin duda el mejor museo de mosaicos del mundo.

Mención aparte merece Mardin, una de las ciudades más hermosas de Turquía. Encaramada a una colina, frente a la llanura mesopotámica, pasearemos por los callejones del casco antiguo de este auténtico museo al aire libre donde veremos antiguas mezquitas como la de Ulu Camii del siglo XII o el Monasterio Deyrul Zafaran (“del Azafrán”), del siglo V, donde sus monjes aún hablan el arameo, la lengua que hablaba Jesús.

¿Sabías que en el este de Anatolia se encuentra el templo más antiguo conocido? Pues sí, las construcciones megalíticas en círculos concéntricos de Göbekli Tepe son 7.000 años anteriores a las de Stonehenge, en Gran Bretaña. Su descubrimiento causó un gran impacto en la comunidad científica, ya que esto indica que en aquella época ya existía una organización social desarrollada.

Mesopotamia significa “tierra entre dos ríos”. Obviamente esos dos ríos son los míticos Tigris y Éufrates. Tendremos la oportunidad de realizar un breve crucero por el Éufrates, donde podremos ver algunas de las ciudades sumergidas por efecto de la construcción de las nuevas presas.

¡Y qué decir de los bazares turcos! Aunque no seas muy comprador, en Turquía te volverás compulsivo. Pocos países poseen una artesanía comparable a la turca. Ya sea en el Gran Bazar de Estambul, el kapalı çarşıel de Mardin, o el caravasar Hasan Paşa de Diyarbakir o en cualquier otro bazar de los que visitemos, cuando entres en cualquiera de ellos, tu estado de ánimo sufrirá un cambio radical que te llevará a una fiebre compradora. 

 

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