ePrivacy and GPDR Cookie Consent by Cookie Consent Viaje a Turquía IV: Circuito Clásico, Monte Nemrut y Mesopotamia Bíblica | Los viajes de Vagamundos día a día

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Viaje a Turquía IV: Circuito Clásico, Monte Nemrut y Mesopotamia Bíblica | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 02/06/2021 en

En esta cuarta entrega de nuestro viaje a Turquía llegaremos a la ansiada Capadocia, pero antes tendremos varias interesantísimas paradas en Karatepe Aslantas, un museo al aire libre; en Nigde, visitaremos el Monasterio de Eski Gumusler, un monasterio excavado en la roca, o la Iglesia Andaval, del siglo IV. En Capadocia conoceremos lugares que parecen alejados de este mundo como las Chimeneas de las Hadas; las deslumbrantes iglesias y monasterios excavados en la roca que se encuentran en el Museo al aire libre de Göreme, como la excepcional Karanlik Kilesi (Iglesia Oscura); también la ciudad subterránea de Kayakli, una increíble ciudad compuesta por infinidad de túneles y habitaciones que sus habitantes construyeron para esconderse de los ataques del exterior. Posteriormente nos dirigiremos a Konya, donde visitaremos el Monasterio de Mevlana, uno de los lugares más importantes del misticismo islámico. Continuaremos ruta hasta Antalya, donde haremos noche.

Día 7 – Gaziantep – Karatepe Aslantaş – Niğde – Capadocia

Desayuno buffet en el hotel. Hoy nos espera un largo día de autobús. A primera hora partimos hacia Capadocia, pero en el camino realizaremos algunas visitas.

La primera parada será en la fortaleza hitita de Karatepe Aslantaş, construida en el siglo VIII a.C. sobre una colina que se alza junto al río Seyhan, rodeada por espléndidos pinares. Karatepe se hallaba protegido por una muralla de 1 km de longitud compuesta por grandes bloques superpuestos, con un espesor de entre 2 y 4 metros. Se trata de un auténtico museo al aire libre que fue descubierto por el arqueólogo alemán H.T.Bossert en 1946. Se piensa que fue la residencia fortificada de Azatiwatas, el rey hitita de Adana.

Entraremos por la puerta sur del palacio, custodiada por leones y esfinges y decorada con relieves que protegían la puerta superior de los espíritus malignos. Un sendero circular conduce a la puerta inferior, con relieves que representan escenas de sacrificios, caza y festejos, y muestran numerosas figuras de dioses y esfinges. Los bajorrelieves presentan influencias de diversas culturas como la asiria y la del antiguo Egipto, lo que hace pensar que fueron ejecutados por artistas extranjeros reclutados por el rey Azatiwatas.

A continuación nos dirigimos a Niğde, ciudad por la que pasaban varias antiguas rutas comerciales, entre ellas la de Kayseri. Visitaremos el Monasterio de Eski Gümüşler, complejo monástico rupestre excavado en su totalidad en la roca, donde podremos admirar diversas estancias. Redescubierto en 1963, se accede por un pasadizo tallado en la piedra que da paso a un gran patio con depósitos de vino y aceite, moradas trogloditas, criptas, una cocina y un refectorio (comedor de los monjes). Un pequeño agujero en el suelo hace de respiradero para un pozo de 9 m que conduce a dos niveles de habitaciones subterráneas. Su iglesia, uno de los secretos mejor guardados de Turquía, está sostenida por cuatro columnas rematadas por una cúpula, y decorada con relieves bizantinos y maravillosos frescos (de los mejores del país) de temas religiosos y laicos como la caza (algo que no se ve en ningún otro lugar de Capadocia), pertenecientes a los siglos XI y XII.

A unos 10 km se halla la iglesia Andaval, que se encontraba en la ruta de peregrinación de los cristianos. Construida en el siglo IV (es contemporánea de Santa Sofia), fue dedicada a Helena, la madre del emperador Constantino. Posee una planta basilical de 3 naves, con murales que datan de los siglos XI y XII. Se utilizó como iglesia hasta 1923. Posteriormente se abandonó, e incluso se llegó a utilizar como almacén de manzanas. En 1996 hubo una explosión que dejó en pie solo la nave central y el muro norte. A partir de aquí, y bajo la presidencia del Museo Niğde, comenzaron los trabajos de excavación y restauración.

Almuerzo en restaurante local.

Nos adentramos en la región de Capadocia. Situada en el corazón de la meseta anatólica, casi todas las civilizaciones imaginables han dejado su impronta en esta hermosa región turca, en la que dos artistas se unieron para modelar su paisaje: la naturaleza, que la decoró con extravagantes formaciones rocosas y la fe, que talló monasterios e iglesias en el interior de la tierra. Las erupciones de lava, piedras y cenizas de los volcanes Erciyes (3.916 m), Hassan Dagi (3.267 m) y Melendiz, gestaron la materia prima local a lo largo de 30 millones de años. Primero se depositó la frágil roca toba; sobre ella, el duro basalto. Las lluvias torrenciales, los fuertes vientos e incluso los terremotos, pulían y vaciaban la toba antes que los volcanes se apagasen. Insistente y creativa, la erosión fue tallando zanjas, barrancos, afiladas crestas, columnas, chimeneas de hadas, multitud de pináculos, originando un paisaje delirante. Este escenario tan insólito atrajo a ermitaños y anacoretas que se instalaron en algunas de las grutas. Con el tiempo llegaron a formar pequeñas comunidades monacales que se aliaron con la erosión para modelar las cavernas.

Cena y alojamiento en Holiday Cave Hotel (Hotel Cueva).

Día 8 – Capadocia

Desayuno buffet en el hotel. Por los paisajes naturales escupidos por los agentes atmosféricos y por los tesoros bizantinos que custodia, la región de Capadocia está considerada como una de las grandes maravillas del mundo. Pocos lugares representan un auténtico cruce de civilizaciones como esta región turca. Los hititas (que conocían la región como “Tabal”) poblaron Capadocia entre el 1800 y el 1200 a.C., cuando las invasiones indoeuropeas provocaron la formación de pequeños reinos locales. Posteriormente son los persas los que se hacen con el control de la región, y la dividen en dos provincias: Ponto (al norte) y Capadocia (al sur).

Tras la conquista de Persia por Alejandro Magno, a principios del siglo IV a.C., Capadocia se independizó. El primer rey de la dinastía capadocia, Ariarates I, pagó tributo a Alejandro e inició un linaje que reinó desde el 403 a.C. al 36 a.C. Los reyes de Capadocia se unieron a Roma, por entonces un poder emergente, contra los seléucidas y Ponto. La independencia termina con Ariarates X, cuando los romanos suplantan la dinastía capadociana con un rey títere en el 36 a.C.; y en el 17 d.C., Tiberio convierte todo este territorio en provincia del Imperio Romano

Con la elección de Constantinopla como capital imperial por parte de Constantino, tras la promulgación del edicto de Milán por el cual se reconocía el derecho de los cristianos a la libertad de culto, Capadocia vivió durante el siglo IV una intensa etapa religiosa, marcada por las figuras de Basilio el Grande, Gregorio Nacianceno y Gregorio de Nisa. A partir de esta época, y debido a lo fácil que era crear viviendas en cavernas aprovechando las formaciones volcánicas, Capadocia se convierte en un refugio para los primitivos cristianos y su fe floreció allí creando infinidad de iglesias bizantinas.

Más tarde, en los siglos VII y VIII, durante el período de las incursiones árabes en los territorios bizantinos, estas comunidades se consolidaron para asegurar mejor su defensa. La conquista de la región por los turcos selyúcidas en el siglo XI posibilitó un largo período de paz y prosperidad. Coincide con la “Edad de Oro de Capadocia”, cuando se construyeron los más bellos y grandiosos templos. Kayseri, su capital regional, se llenó de edificios militares, religiosos y de uso público. El comercio fluía, las caravanas circulaban seguras entre Oriente Próximo, el mar Negro, Persia o el Mediterráneo; algunos de los caravasares de aquella época son monumentales y reflejan la opulencia de aquellos momentos. Tras la conquista turca, Capadocia fue perdiendo importancia en Anatolia: los monasterios desaparecieron lentamente y los santuarios fueron ocupados por las poblaciones locales, que los convirtieron en casas, graneros y establos. Su rico pasado permaneció en el olvido hasta que un sacerdote francés redescubrió las iglesias trogloditas en 1907. La explosión turística de la década de 1980 dio paso a una nueva era, colocando Capadocia en uno de zonas turísticas más importantes de Turquía.

Mezcla extraordinaria compuesta de caprichosas rocas cónicas, paisajes ondulados, espléndidas sendas, misteriosas ciudades subterráneas y las iglesias de piedra, entre esos parajes surrealistas, también nos toparemos con campos sembrados de trigo, remolacha, albaricoques (riquísimos) o cualquier otro fruto entre escarpados valles. Sin pérdida de tiempo, porque el día de hoy es muy intenso, comenzamos la visita de este auténtico milagro de la naturaleza y del ser humano con el valle de Devrent, donde nos encontraremos los alucinantes conos volcánicos, los mejor formados y más densamente reunidos de Capadocia. La mayoría de los conos de roca rosada están rematados por piedras planas más oscuras, de algún material más duro, que los protegió de la lluvia hasta que la erosión acabó con la roca circundante, en un proceso denominado erosión diferencial.

Situado sobre una colina en la que se respira paz y armonía, se encuentra Mustafapaşa, conocido anteriormente como Sinasos, un pueblo perdido y perfectamente conservado, donde vivieron ortodoxos griegos desde la era otomana hasta 1923, cuando sus habitantes se marcharon con ocasión del intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía. Debido a su historia y a quienes vivieron allí, el pueblo tiene un estilo arquitectónico muy particular en el que se destaca obviamente la herencia griega. Pasearemos por las calles estrechas y pintorescas de esta bonita villa, en la que lejos de la arquitectura típica de Capadocia, podremos contemplar sus casas construidas con piedras talladas, con puertas y ventanas esculpidas, hermosos pórticos con columnatas y dibujos en las portadas. Muchas de las construcciones también se destacan por los trabajos en madera.

El Museo al Aire Libre de Zelve ocupa tres valles donde se han excavado cientos de viviendas, iglesias y túneles, en lo que es uno de los mejores ejemplos de ciudades trogloditas. Sus iglesias fueron decoradas, en su mayoría, durante la época iconoclasta (siglos VIII y IX). Estuvo habitado por los griegos hasta la década de los años 20, siendo definitivamente abandonado en 1950. En el valle de Pasabag, podremos seguir apreciando el efecto de la erosión sobre los terrenos tobáceos (quizás las más espectaculares) que ha originado formaciones como setas, torres, pirámides, conos o agujas.

Llegada a Avanos, llamada Vanessa por los romanos, aunque con un relevante pasado, hoy su fama se debe a la fabricación de porcelana y alfombras. Visitaremos un taller de cerámica, donde el maestro alfarero nos hará una demostración con la misma técnica que ya utilizaban los hititas hace milenios. No hay que olvidar que el torno de alfarero es una invención anatólica del III milenio a.C. 

Almuerzo en restaurante local.

A continuación, y ya en el valle de las palomas, uno de los más bellos de la zona, podremos admirar las Chimeneas de las Hadas, compuestas por tobas en la parte inferior y de basalto y andesita en la superior, que se formaron hace millones de años, quedando con una forma cónica que acaba en una especie de sombrero (a algún viajero/a le puede sugerir otras cosas …), algunas de las cuales pueden llegar a los cuarenta metros de altura. Estas chimeneas continúan apareciendo y desapareciendo, ya que al perder el sombrero que las protege, comienzan a deshacerse.

Llegamos al punto más alto de Capadocia, donde se encuentra el Castillo de Uçhisar, una extraña formación geológica con multitud de viviendas y otras dependencias situadas en el interior. Su pintoresca forma le ha dado el sobrenombre de castillo, aunque en realidad es una fortaleza que fue abandonada hace poco debido a desprendimientos de rocas. Muchas de las habitaciones excavadas en la roca están conectadas entre sí con escaleras, túneles y pasajes. Constituye uno de los lugares más fascinantes de Capadocia, y posee una grandiosa vista que abarca toda la región.

Enclavado casi en el centro de la Capadocia rupestre, se encuentra el valle de Göreme, que además de un paisaje espectacular, caracterizado por conos y paredes rocosas repletas de aperturas que se comunican entre sí, contiene el denominado Museo al aire libre de Göreme (Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1985), que alberga la mayor concentración de capillas y monasterios excavados en la roca de toda Capadocia, la mayoría de ellas posteriores a las invasiones árabes, entre los siglos X y XI. Nosotros visitaremos las tres más importantes.

Construida sobre pilares y alrededor de un pequeño patio, se encuentra la Karanlik Kilise (iglesia Oscura), una de las iglesias más extraordinarias de Turquía, y la única construcción que se conserva de un antiguo complejo monástico construido en el siglo XI. Posee planta de cruz con una cúpula, un ábside principal, dos más pequeños y cuatro columnas. Está decorado con un Pantocrátor y escenas del Nuevo Testamento tales como la Natividad, la adoración de los Reyes Magos, el primer bautismo, la última cena, la traición de Judas, la crucifixión y la resurrección. Tras la invasión turca fue usado como palomar hasta 1950. Después de catorce años de excrementos de paloma salpicando las paredes, los frescos fueron objeto de una meticulosa restauración que nos permitirá observar las escenas de la vida de Jesucristo mejor conservadas de toda la Capadocia, y un exquisito ejemplo del arte bizantino del siglo XI. El nombre de la iglesia proviene de la poca luz que entra ya que posee una sola ventana, lo que ha preservado la riqueza de colorido de los pigmentos.

Continuamos con la Elmalı Kilise (iglesia de la Manzana), la iglesia rupestre más pequeña de la zona. Fue construida alrededor del 1050 y se excavó con forma de cruz dejando cuatro pilares que sustentan la bóveda cruciforme. Cuando la restauraron hallaron bajo la capa actual de pinturas al fresco, símbolos geométricos del período iconoclasta. La mayoría de las pinturas relatan episodios de la vida de Cristo. El nombre de la iglesia viene dado por uno de los frescos, en el que aparece Jesús con una figura redonda en la mano, parecida a una manzana. Sobre la puerta está representada la Ascensión. La Azize Barbara Kilise (Capilla de Santa Bárbara), esculpida por soldados bizantinos en honor a su santa patrona. En realidad es un pequeño oratorio que data del siglo XI. Posee planta de cruz abovedada con un ábside central, dos ábsides laterales y dos columnas. La mayoría de sus frescos fueron pintados directamente sobre la roca y corresponden al período iconoclasta. Al parecer fue utilizada en varias ocasiones por lo que también hay figuras humanas. Una figura de Cristo sentado ocupa la bóveda principal. También puede verse a los santos Jorge y Teodoro matando al dragón.

Cena y alojamiento en Holiday Cave Hotel (Hotel Cueva).

Día 9 – Capadocia – Konya – Antalya

Desayuno buffet en el hotel. Hoy tendremos un largo recorrido en autobús hasta llegar a Antalya. Entre los siglos VI y XII, esta región geográfica, encrucijada de rutas comerciales, sufrió numerosas invasiones de diversos pueblos, sobre todo sasánidas y árabes. Las comunidades cristianas, compuestas en su mayoría por pacíficos campesinos, para protegerse de estos ataques y poder subsistir durante meses sin salir al exterior, construyeron auténticas ciudades subterráneas compuestas por una maraña de túneles para circular de una punta a otra y con todo lo necesario para estancias prolongadas: chimeneas de ventilación para poder respirar bajo tierra, pozos de agua, panadería, almacenes para comida, abrigos para el ganado, evacuación de basuras y aguas fecales, etc. Estas fortalezas (hay 37 en la zona y se cree que quedan un centenar por descubrir), se cerraban con puertas de piedra excavadas en la misma roca parecida a la de los molinos, fáciles de deslizar desde dentro pero imposibles de mover desde el exterior. Podían llegar a albergar hasta 20.000 personas, superando en algunos casos los 150 m de profundidad. Algunas cámaras fueron adaptadas como templos y sus paredes fueron decoradas con frescos.

Por la mañana visitaremos la ciudad subterránea de Kaymakli, descubierta en 1964. Aunque no está totalmente excavada, se sabe que tiene una profundidad de 45 metros en ocho niveles (solo se visitan cuatro). El primer piso está compuesto de un establo y una iglesia. En la segunda planta, una capilla de una sola nave y dos ábsides con algunos restos de pintura. Frente a los ábsides se encuentra un altar, y a los lados hay plataformas para sentarse. También hay algunas habitaciones en este piso. Las áreas más importantes de la ciudad subterránea están en la tercera planta. Además de numerosos lugares de almacenamiento, bodegas y la cocina, hay dos cuevas sepulcrales, lagares, grandes salas comunes, salas de reuniones y pequeñas habitaciones para las familias. En la 4ª planta hay una gran cantidad de almacenes y lugares en los que colocar grandes vasijas de barro, lo que puede indicar que las personas que vivían en esta ciudad subterránea debían tener una posición económica estable. Aquí también se puede ver un pozo vertical de ventilación que pasa por todos los pisos, y que tiene una profundidad de 80 metros.

Nos ponemos en marcha hacia Konya, a través de una carretera que atraviesa la estepa turca con praderas que se pierden en el horizonte y un puñado de montañas en la distancia rompiendo la monotonía. Llegada a Konya, ciudad situada en medio de un oasis que contrasta con la árida estepa que lo rodea. Habitada desde tiempos hititas es una de las ciudades más antiguas de Turquía, y uno de los centros culturales del país. En el siglo XII fue capital del poderoso sultanato selyúcida de Rum, el estado medieval más poderoso creado por los turcos en Anatolia. Los sultanes selyúcidas dotaron a la ciudad de magníficos edificios construidos en estilo arquitectónico típicamente turco, aunque con raíces en Persia y Bizancio. Se la considera ciudad santa, al ser uno de los pilares del sufismo, difundido, sobre todo, gracias a las enseñanzas del poeta místico persa Jalal ad-Din Rumi (1207-1273) apodado como Mevlâna (“nuestro guía”), que fundó la orden de los Mawlawîya, conocida como de los “derviches giróvagos o danzantes”. Rumi desarrolló una filosofía de unión espiritual y amor universal, siendo la tolerancia algo esencial en sus enseñanzas. Su poesía y sus textos religiosos se encuentran entre los más queridos y respetados del mundo islámico. Después de su muerte se crearon múltiples órdenes derviches a lo largo de los dominios otomanos que ejercieron una influencia conservadora en la vida social y política del país. De hecho, numerosos sultanes otomanos fueron sufíes mevlevís. La orden mevleví fue prohibida en Turquía por Kemal Ataturk en 1925, ya que entendía que suponía un freno a la modernidad del país. En 1950, el gobierno permitió nuevamente a los derviches realizar sus ceremonias.

Almuerzo en restaurante local.

Visitaremos el Monasterio de Mevlâna, denominado “el umbral de la presencia” uno de los lugares más importantes del misticismo islámico. Construido en el siglo XIII por el fundador de la orden, el conjunto alberga el Museo Mevlâna, cuyo edificio es visible desde la distancia por su bellísima torre estriada de azulejos turquesa. El complejo es deslumbrante debido al refinamiento de la rica decoración y a la calidad de las piezas expuestas, desde maderas talladas a objetos de oro y plata, viejos manuscritos y pergaminos junto a diversas copias y antiguas ediciones del Corán de todos los tamaños, suntuosos tapices y delicados tejidos. Al atravesar el jardín se llega al patio, con una fuente de abluciones en el centro. Posteriormente se accede a la Tilavet o sala de recitación del Corán, también conocida como la sala de caligrafía, por sus muestras caligráficas. El edificio es sagrado para los musulmanes, porque aquí se encuentra el Mausoleo de Mevlâna, que cada año es visitado por más dos millones de personas, la mayoría turcos. Después de atravesar una puerta de plata otomana con la inscripción “Los que entran incompletos, saldrán perfectos”, se llega al sepulcro del fundador de los derviches; una habitación recubierta con versículos del Corán con inscripciones realizadas en letras de oro sobre fondo azul y rojo. Su sarcófago se encuentra apoyado sobre un pedestal y cubierto por un pesado brocado, bordado con versículos del Corán; junto a él reposan los restos de su hijo mayor, Sultán Walad.

Continuamos hasta Antalya.Cena y alojamiento en Best Western Plus Khan Hotel.

Los Derviches Giróvagos (artículo)
La orden de los derviches danzantes es una comunidad ascética sufí fundada en 1273 por el místico Celaleddin Rumí (Mevlâna) en Konya, desde donde se extendieron progresivamente a través del imperio otomano. Hoy, se pueden encontrar mevlevi en muchas comunidades turcas de todo el mundo, pero los centros más activos y famosos de la actividad de la orden están en Konya y Estambul. Se trata de una vertiginosa danza ritual que simboliza la unión mística con Dios, declarada bien inmaterial por la UNESCO en 2008.

Mevlâna pensaba que la música y la danza representaban un medio para inducir un estado estático de amor universal y ofrecían una manera de liberar al individuo de la ansiedad y el dolor de la vida diaria. Cada gesto y cada movimiento tienen un significado sacro, así como su vestimenta, largas túnicas blanca y amplias faldas que representan su mortaja; sus voluminosos mantos negros simbolizan su tumba en la Tierra y sus sombreros de fieltro cónico, su lápida. Los mavlevis celebran su rito entonando repetidamente el denominado zikr, un enunciado corto que repiten constantemente al tiempo que van dando vueltas con la danza denominada sana y que conduce, junto con el zikr al éxtasis.

Todo este proceso de danza y canto se utiliza para llegar a cotas más altas de percepción religiosa, a través de una alteración de la consciencia (que los antiguos chamanes alcanzaban a través de psicotrópicos), que conduce a la unión con Dios mediante el abandono mental del cuerpo y su comunión con la divinidad. Tales ceremonias se celebran con música, lo que ayuda a los derviches a caer en trance mientras giran, cambiando de lugar. 
 

Experiencias únicas durante nuestro viaje a TURQUÍA con VAGAMUNDOS

Conocida como la ciudad de las siete colina, Estambul hay que visitarla como mínimo una … o mejor, mil veces en la vida. Todo lo que se diga de esta fascinante urbe que mezcla las tradiciones de Oriente con la modernidad de Occidente, es poco. Tendremos tiempo de visitar sus lugares mas emblemáticos, sus monumentos bizantinos como Santa Sofía, o la iglesia de Chora; otomanos, como la Mezquita Azul o el Palacio de Topkapi; realizar un crucero por el Bósforo hasta el mar de Mármara o visitar sus bazares como el Egipcio o el Gran Bazar.

Pero si tenemos que destacar un monumento de Estambul, sin duda no hay nada comparable a Santa Sofía, el templo de la divina sabiduría que durante siglos fue la mayor iglesia de la cristiandad. Cuando entramos en la enorme sala, con su cúpula flotante cubierta de frescos, su iluminación difusa, las columnas monolíticas … nos resultará sobrecogedor.

Capadocia, un lugar que parece ajeno a este mundo, una obra de arte que posee dos autores, la naturaleza, que la decoró con extravagantes formaciones rocosas conocidas como chimenea de hadas que se han formado a lo largo de miles de años de erosión y la fe, que talló monasterios e iglesias en el interior de la roca.  Algunas de ellas, como la la excepcional Karanlik Kilise (iglesia Oscura), una de las iglesias más extraordinarias de Turquía.

Pasear por uno de los tesoros más curiosos de Turquía como es Pamukkale (castillo de algodón, en turco), famosa por sus terrazas de traventinos de calcita situada en la ladera de una colina. Aquí se encuentra también la ciudad-balneario romana y bizantina de Hierápolis, con el famoso Plutonium, conocido como el agujero del demonio.

En Turquía hay muchos yacimientos arqueológicos griegos y romanos, pero ninguno como Éfeso, donde el arte griego y la arquitectura romana llega a las más altas cotas; además en un estado de conservación magnifico. Para todos los que nos gusta la cultura, será una experiencia única pasear por la avenida de las Columnas o la vía de los Curetes y encontrarnos con el templo de Adriano, la Biblioteca de Celso o el Gran Teatro.

Pero además de Éfeso, en Asia Menor hay otras ciudades griegas y romanas legendarias. No será muy difícil imaginarnos una representación en el Teatro de Aspendos, el mejor conservado del mundo, incluso permanece en pie la pared posterior del escenario; Aphrodisias, dedicada a la diosa del amor Afrodita, uno de los lugares más fascinantes de la Antigüedad; o Perge, un enclave de importancia capital en la historia cristiana.

¿Qué le lleva a un ser humano crear una cumbre artificial en la montaña más alta de su reino, y plantar allí gigantescas esculturas de dioses persas y griegos y de sí mismo? Sin duda la megalomanía. Llegaremos hasta la cumbre de este santuario creado por el rey Antioco I de Comagene en el siglo I a.C. y  seremos testigos de un mágico atardecer en el Monte Nemrut (Nemrut Dağı), donde la suave luz del crepúsculo irá creando las inquietantes sombras de las gigantescas cabezas esculpidas en roca y el inmenso paisaje se irá apagando.

Tomaremos contacto con nuestro pasado, en la Mesopotamia Bíblica, en el este de Anatolia, un lugar habitado mayoritariamente por cristianos durante siglos (actualmente quedan muy pocos), con antiquísimas iglesias y monasterios. Aquí, visitaremos ciudades como Diyarbakir, con su enorme muralla romana de basalto negro; Midyat, donde se encuentra Deyr-ul Umur (Mor Gabriel), el monasterio siríaco ortodoxo más antiguo del mundo; Urfa, la “Jerusalén de Anatolia”, lugar sagrado para judíos, cristianos y musulmanes, ya que aquí fue donde nación Abraham; Harran, uno de lugares que lleva más tiempo habitado de forma ininterrumpida; o Gaziantep, donde podremos contemplar los más bellos mosaicos en el Museo de Zeugma, sin duda el mejor museo de mosaicos del mundo.

Mención aparte merece Mardin, una de las ciudades más hermosas de Turquía. Encaramada a una colina, frente a la llanura mesopotámica, pasearemos por los callejones del casco antiguo de este auténtico museo al aire libre donde veremos antiguas mezquitas como la de Ulu Camii del siglo XII o el Monasterio Deyrul Zafaran (“del Azafrán”), del siglo V, donde sus monjes aún hablan el arameo, la lengua que hablaba Jesús.

¿Sabías que en el este de Anatolia se encuentra el templo más antiguo conocido? Pues sí, las construcciones megalíticas en círculos concéntricos de Göbekli Tepe son 7.000 años anteriores a las de Stonehenge, en Gran Bretaña. Su descubrimiento causó un gran impacto en la comunidad científica, ya que esto indica que en aquella época ya existía una organización social desarrollada.

Mesopotamia significa “tierra entre dos ríos”. Obviamente esos dos ríos son los míticos Tigris y Éufrates. Tendremos la oportunidad de realizar un breve crucero por el Éufrates, donde podremos ver algunas de las ciudades sumergidas por efecto de la construcción de las nuevas presas.

¡Y qué decir de los bazares turcos! Aunque no seas muy comprador, en Turquía te volverás compulsivo. Pocos países poseen una artesanía comparable a la turca. Ya sea en el Gran Bazar de Estambul, el kapalı çarşıel de Mardin, o el caravasar Hasan Paşa de Diyarbakir o en cualquier otro bazar de los que visitemos, cuando entres en cualquiera de ellos, tu estado de ánimo sufrirá un cambio radical que te llevará a una fiebre compradora. 

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