ePrivacy and GPDR Cookie Consent by Cookie Consent Viaje Uzbekistán I: Tashkent, Khiva, Bukhara, Shakhrisabz y Samarkanda | Los viajes de Vagamundos día a día

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Viaje Uzbekistán I: Tashkent, Khiva, Bukhara, Shakhrisabz y Samarkanda | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 27/06/2021 en

Uzbekistán sigue albergando la esencia de la Ruta de la Seda, y es que todos los mitos que emanan de los desiertos de Asia Central, cobran vida aquí. Ese cruce de caminos en medio de la ruta comercial más larga de la historia, ha dado lugar a sorpresas únicas en un entorno carente de ciudades, donde la mayoría de la población era nómada, y en el que han logrado sobrevivir al paso del tiempo.

Nuestro viaje empezará en TASHKENT, capital y puerta de entrada a Uzbekistán, donde podremos apreciar las contradicciones del país, con bloques de edificios soviéticos mezclados con antiguas casas de adobe. La ciudad vieja de KHIVA, agazapada tras sus sólidas murallas, esconde en su laberíntico interior una sorpresa en cada esquina. En BUKHARA, antigua capital de la dinastía persa de los samánidas en el siglo IX, nada parece haber cambiado en este tiempo, donde la población sigue con su vida diaria a la sombra de sus centenarias mezquitas y madrasas.

Nos detendremos en SHAKHRISABZ, la ciudad que vio nacer a Tamerlán, y que fue engrandecida con maravillosos monumentos. Y por fin, llegamos a SAMARKANDA, que fuera una vez centro del mundo. No hay ningún otro lugar que tenga tanto poder de evocación cuando se pronuncia su nombre. La ciudad, que pasó por múltiples manos hasta que el Gran Tamerlán la convirtió en la capital de su imperio, transformándola en el epicentro de esta parte del mundo, y donde llegaban las caravanas, que viajaban de Oriente a Occidente.

 

DÍA 1 – ALICANTE – ESTAMBUL – TASHKENT

Presentación en el aeropuerto de Madrid tres horas antes de la salida. Trámites de embarque y salida a las 18.20 horas del vuelo TK1860 de la compañía TURKISH AIRLINES con dirección ESTAMBUL. Llegada a las 23.30 horas, enlace y salida del vuelo TK368 con destino TASHKEN, a las 00.30 hrs.

 

DÍA 2 – Llegada a TASHKENT

Llegada a TASHKENT a las 07.00 horas. Después de los trámites de entrada, recepción y asistencia en el aeropuerto a cargo de los representantes de nuestro receptivo, nos trasladamos a nuestro hotel para disfrutar de desayuno buffet.

Cruce de caminos en mitad de Asia, UZBEKISTÁN ha dado lugar a sorpresas únicas que han sobrevivido al paso del tiempo y que iremos descubriendo durante nuestro viaje. Y es que cuando oímos hablar de la Ruta de la Seda, a nuestra mente acuden imágenes de un mundo misterioso y exótico, de caravanas de camellos cargadas de valiosos productos del Lejano Oriente, de viajeros que atravesaban los desiertos y las montañas de Asia Central, y de ciudades pobladas de mezquitas y palacios suntuosos. Samarkanda, Bukhara y Khiva forman parte de esa leyenda, donde se conserva el legado monumental más importante de Asia Central.

Después de un tiempo de descanso, tomamos contacto con TASHKENT, capital y ciudad más poblada del país, con algo más de dos millones de habitantes. A pesar de no tener el valor histórico de otras ciudades uzbecas que visitaremos, Tashkent es el principal centro económico y cultural de Uzbekistán. En ella se encuentran las principales empresas transnacionales e instituciones académicas del país.

La ciudad aparece mencionada por primera vez en el siglo III a.C., con el nombre Chach o Shash, al parecer procedente del término chino "piedra”, siendo ya en esa época un importante centro de tránsito de caravanas con procedencia o destino a China. 

Los árabes la toman en el 751 d.C. Hacia el siglo XI recibe su nombre actual que significa en turcomano, “ciudad de piedra”. Gengis Khan destruyó Tashkent en 1219. La ciudad se recuperó poco a poco, primero con los mongoles y después bajo el mando de Tamerlán. Siguió progresando bajo el dominio de los shaybánidas, la dinastía que fundó el Uzbekistán moderno y que gobernó desde mediados del siglo XIV hasta comienzos del siglo XVII. En 1809 formó parte del Kanato de Kokand. Hacia finales del siglo XIX el zar Alejandro II nombró Tashkent capital de la provincia rusa del Turkestán. En 1966 Tashkent sufrió un terrible terremoto que destruyó 80.000 edificios, lo que obligó a una reconstrucción bajo la planificación de una típica ciudad soviética: anchas avenidas, plazas de gran tamaño para demostraciones y desfiles militares, parques, monumentos y grandes bloques de hormigón.

Almuerzo en restaurante local.

A primera vista llama la atención el ordenado y frío urbanismo soviético citado, pero un breve paseo nos descubrirá testimonios de aquella ruta comercial que ya existía en el siglo II a.C., y que el veneciano Marco Polo describiría doce siglos después, en su Libro de las Maravillas. El paseo por el casco antiguo de Tashkent recuerda un poco el viaje al pasado: un laberinto de calles estrechas, edificios bajos, famosas mezquitas y madrasas.

Comenzamos nuestra visita de la ciudad en el Complejo arquitectónico Hasti Imam, un conjunto de edificaciones levantadas en honor del primer Imán de Tashkent, Abubakr Mukhammad Kaffal Shashi, filósofo y poeta de la corte Shaybánida, además de teólogo, lingüista y experto en el Corán. A finales del siglo XVI, este complejo se convirtió en el principal memorial de la ciudad, y está considerado como el centro religioso oficial de la república.

La colosal Mezquita del Viernes Hazroti Imon, con dos minaretes de 54 m de altura, es una construcción reciente ordenada por el antiguo presidente Karimov en el 2007, pero el estilo es del siglo XVI. Tras ella se halla la extensa plaza Khast Imom. En el corazón del complejo se encuentra la Madrasa de Barak Khan, del siglo XVI y estilo islámico, se construyó de ladrillo y se encuentra coronada por tres cúpulas color turquesa. Sus antiguas celdas de estudiantes son utilizadas hoy por vendedores de souvenirs. Durante más de cinco siglos esta madrasa ha simbolizado la grandeza de la historia de la ciudad.

Enfrente se encuentra la Mezquita de Tellia Shekh, construida en 1857, según la leyenda guarda en sus paredes el cabello de oro del profeta Mahoma. No se permite la entrada a los no musulmanes.

A su lado se encuentra la Biblioteca-Museo Moyie Mubarek, probablemente el edificio más interesante de Tashkent. Construida en estilo neoislámico alberga la famosa reliquia musulmana del “Corán del califa Osman”, escrito en el siglo VII y considerado el más antiguo del mundo, y la fuente originaria del libro sagrado. Según la leyenda, el califa Osman fue asesinado mientras leía este libro, y en sus páginas se han conservado las gotas de su sangre, por lo que el libro se consideró sagrado y durante siglos se guardó entre los tesoros de califas de Medina, Damasco y Bagdad.

Posteriormente, a finales del siglo XIV este enorme tomo encuadernado en piel de ciervo llegó a Samarkanda de la mano de Tamerlán. En 1868 los rusos se lo llevaron a Moscú, y allí permaneció hasta que Lenin lo devolvió a Tashkent en 1924 como gesto de buena voluntad hacia los musulmanes de Turquestán. La colección del museo también posee entre 30 y 40 libros raros de los siglos XIV al XVII, incluido un Corán diminuto dentro de un estuche en forma de amuleto.

Algo más adelante se encuentra el pequeño Mausoleo de Abu Bakhr Kaffal Shoshi, del siglo XVI, académico y poeta islámico del período shaybánida fallecido en el año 976 en el mismo lugar donde se halla su tumba. La fachada está adornada con azulejos azulados. La sala principal alberga su gran tumba y otras cinco más pequeñas.

A continuación, paseo por el casco antiguo, un laberinto de callejones estrechos repleto de casas bajas de adobe y salpicado de mezquitas y antiguas madrasas. Nos encontraremos con la Madrasa Kulkedash, del siglo XVI, una de las más grandes de esa época conservadas en Asia Central. Construida de ladrillo cocido, en la parte central de la fachada destaca su alto portal de casi 20 m de altura, y sobre el que se han conservado los restos de decoración con motivos inspirados en la madrasa de Ulugh Beg en Samarkanda. Durante el periodo soviético, esta escuela coránica se convirtió en un edificio administrativo. Muy restaurada, hoy vuelve a acoger a estudiantes, aunque solo podremos ver su fachada, ya que no se puede visitar.

También allí visitaremos el Bazar Chorsu, uno de los más antiguos de Asia Central, ya conocido desde la Edad Media. Es el corazón de la ciudad vieja con cúpula verdosa a modo de techado; aquí las mujeres uzbekas vestidas con coloridos trajes tradicionales se abastecen de productos básicos, y también de tejidos de seda producidos en el valle de Fergana. Los puestos se distribuyen en torno a círculos concéntricos y pueden encontrarse todo tipo de productos agrícolas y de consumo como pan, verdura, fruta y también tejidos, artesanía y otros recuerdos.

Llama especialmente la atención los grandes montones de las aromáticas especias ordenadas en montañas de colores: las dunas de canela y nuez moscada, el azafrán y el cardamomo, la pimienta roja y negra, clavo y comino, coriandro (semillas de cilantro), cúrcuma o el tomate seco triturado. El mercado es, en definitiva, un delicioso pedazo de vida cotidiana, con una animación y un ambiente inigualable.

Ya en la parte más moderna de Tashkent visitaremos algunas de las estaciones del Metro de Tashkent, el primer sistema de metro en funcionamiento en Asia Central, y el séptimo en construirse en la antigua URSS, inaugurándose en 1977. Las tres líneas que completan el metro de Tashkent, combinan muestras de arte realista soviéticos y diseños inspirados en el pasado islámico de estas tierras. De forma que se combina el rigor y la majestuosidad del Imperio Ruso con la seducción y suntuosidad del estilo uzbeko.

Cada una de las 29 estaciones es diferente a la otra: andenes decorados como salones, columnas de elaborado diseño, mosaicos, medallones y lámparas. En sus paredes, techos y columnas se mezclan el metal, el vidrio, el granito, el mármol y las cerámicas, para ofrecer un viaje temático del pasado histórico, cultural y económico del país.

Por razones de seguridad se prohibió tomar fotografías de las instalaciones. El motivo que esgrimió la administración del país fue que estas estaciones tenían la consideración de zonas militares, equivalentes a los refugios nucleares. Recientemente se levantó la prohibición y se pueden sacar fotografías del interior del metro.

A continuación visitaremos el Museo de Artes Aplicadas, antiguo palacio del diplomático Alexander Polovtsev que fue decorado por los mejores maestros artesanos, muralistas y talladores tradicionales en madera y ganch (combinación de yeso y arcilla) de todo Uzbekistán. Convertido en museo en 1938 el conjunto recuerda a una mezquita, con iwan (pórtico cubierto) y patio interior; el salón de recepción tiene incluso un mihrab que indica la dirección de La Meca. Las columnas de madera tallada sostienen un impresionante techo de madera pintada.

El museo ha recopilado más de 7.000 de los mejores ejemplos de artesanías populares creadas por artesanos de las diferentes regiones del país: suzani (cortinas bordadas), tioupé (gorras bordadas), cuchillos de Chust, cerámica de Rishtán, trajes típicos y bordados con oro de Bukhara, además de instrumentos musicales, esculturas de maderas y joyas.

Seguimos con la Mezquita Menor, la más grande del país (puede albergar a 2.400 personas), inaugurada en otoño de 2014. Fue idea del presidente anterior Islam Karimov, quien además supervisó las obras. Cubierta de mármol blanco (de ahí que también se conozca como “mezquita blanca”), refleja la arquitectura clásica del país, con sus mosaicos que representan el cielo. La bella sala de oraciones circular tiene un mihrab (nicho que señala la dirección de La Meca) recubierto de oro basado en escritos del Corán y un techo ornamentado. El edificio central se encuentra flanqueado por dos altos minaretes.

Para finalizar nuestro primer día en Tashkent, visitaremos el parque Navruz, una pequeña isla en el centro de Tashkent que trata de ser un resumen del patrimonio cultural de cada una de las regiones de Uzbekistán. Aquí encontraremos los lugares más célebres del país representados en miniatura. 

Cena de bienvenida en restaurante local. Alojamiento en INTERNATIONAL HOTEL TASHKENT.

 

DÍA 3 – TASHKENT – Urgench – KHIVA

Desayuno buffet en el hotel.

Continuamos la visita de la ciudad, ahora por la zona moderna. Llegada a la Plaza de Independencia y Eternidad, símbolo de la capital, con juegos de fuentes, iluminación, mármoles, tribunas, y una gran estructura que conserva la huella soviética indeleble. Aquí es donde se organizan festejos y se citan los ciudadanos por las tardes para sus paseos.

El edificio del Senado, cuya construcción en 2004 dio a la plaza una nueva estética. Al este se encuentra el Palacio Romanov, de época zarista y decorada con animales. Las fuentes de la ciudad destacan con cascadas de 7 metros de altura. Una majestuosa columnata unida por un elegante arco de metal y rematada con figuras de humos (legendarias aves de los cuentos orientales, similares a las cigüeñas y convertidas en uno de los símbolos nacionales), simbolizan la paz y la tranquilidad del país.

El Monumento a la Independencia, un obelisco de granito sobre el que yace el globo terrestre con la representación de Uzbekistán grabada en él. Al pie del mismo se ubica el monumento de la Madre que Llora, construido en 1999 como homenaje a los 400.000 soldados uzbekos fallecidos en la II Guerra Mundial. Los nichos a lo largo de los dos corredores recogen sus nombres.

No muy lejos se encuentra la Plaza de Amir Timur, desde la que parten numerosas avenidas radiales. Presidiendo la plaza vemos la estatua de Amir Timur, el gran Tamerlán y máximo conquistador de Asia Central en el siglo XV, cuya figura fue reivindicada por Uzbekistán tras la independencia de la Unión Soviética a la búsqueda de una identidad nacional. Por ello reemplazó a la de Karl Marx que se encontraba en ese lugar, poco después de la independencia. Se puede observar que al corcel se le ha arrebatado el apéndice reproductivo. Sin embargo, los voluminosos testículos siguen intactos. Al oeste se puede ver el colosal Hotel Uzbekistán, cuya arquitectura evoca un libro abierto, mientras que el entrelazado de hormigón de la fachada simboliza la escritura coránica.

En la Plaza del Teatro se encuentra el teatro de la ópera y del ballet clásico Navoi, construido entre 1942 y 1947. Durante los tres últimos años, los prisioneros de guerra japoneses participaron en la construcción del edificio en condiciones de trabajo forzado. Es uno de los teatros más grandes de Asia Central, con un aforo máximo para 1.400 espectadores.

El Monumento de Recuerdo del Terremoto recuerda el seísmo sufrido por la ciudad el 26 de abril de 1966 que la asoló casi por completo. Los batallones soviéticos acudieron en ayuda del país. Pero después, Moscú anunció que cedía el 20% de los apartamentos construidos a los voluntarios (casi todos ellos rusos), para que se instalaran en el país. La indignación de los lugareños acabó en un enfrentamiento entre uzbekos y rusos, el llamado incidente de Pakhtakor en mayo de 1969.

A continuación nos dirigimos al aeropuerto para tomar el vuelo con dirección a Urgench (13.40-15.10 hrs). Tras el vuelo y un breve trayecto en autobús, KHIVA surge como un bello espejismo en medio del desierto, con sus minaretes y cúpulas en tonos azules y turquesas que refulgen bajo el sol. Situada en el delta del río Amu Daria, la ciudad-oasis fue un lugar de parada obligatoria para las caravanas antes de partir cruzando el desierto hacia el mar Caspio. Las murallas redondeadas de barro que la rodean recuerdan la importancia de Khiva como capital de un poderoso kanato en el s. XVI.

Almuerzo en restaurante local.

Por la tarde, antes de la cena, aprovecharemos para una primera toma de contacto con Itchan-Kala, la ciudad amurallada del antiguo oasis de Khiva, última etapa de las caravanas antes de comenzar la travesía del desierto con rumbo a Persia.

Cena en restaurante local. Alojamiento en HOTEL ZARAFSHAN KHIVA.

 

DÍA 4 – KHIVA

Desayuno buffet en el hotel.

En KHIVA uno se siente transportado en el tiempo, paseando entre minaretes de azulejos multicolores, antiguos caravasares donde descansaban las caravanas, madrasas, mausoleos y mezquitas. Y es que estamos en un auténtico museo al aire libre. Desde tiempos remotos y hasta nuestros días ha conservado sus joyas, prueba viva de la existencia de un mundo lejano y misterioso a la par que incomprensible para nosotros.

Cuenta la leyenda que Khiva se fundó cuando Sem, hijo de Noé, descubrió aquí un pozo. Al lugar lo llamaron Kheivak, nombre del que deriva Khiva. El pozo original todavía existe. En el siglo VIII, Khiva existió como fuerte y enclave comercial secundario en un ramal de la Ruta de la Seda. Entre los siglos X y XIII la ciudad formó parte del imperio samaní, lo que le sirvió para crecer y prosperar: se construyeron nuevas caravasares y mezquitas, y se producía vidrio, metal y cerámica. En 1220 fue arrasada por las huestes Gengis Khan.

Ciento cincuenta años después, cuando la ciudad acababa de renacer, Tamerlán la tomó y esclavizó la región. Pero el gran momento de Khiva llegó a principios del siglo XVI, con la descomposición del Imperio Timúrida y la llegada de los shaybánidas uzbekos, fundando el estado de Corasmia, y convirtiendo a Khiva en su capital en 1592. La ciudad se convirtió en un bullicioso mercado de esclavos que modelaría el destino del kanato de Khiva, y la haría prosperar enormemente. En la puerta este de la ondulante muralla que protege la ciudad, aún se conservan los nichos donde las personas eran expuestas para su venta.

En 1740 Khiva fue conquistada por los persas y a finales del siglo XVIII la ciudad empezó a participar en el creciente comercio entre Rusia y el kanato de Bukhara. En 1873 es tomada por los rusos que convierten al khan en vasallo del zar y su trono de plata fue enviado a Rusia. En 1920 se proclamó la República de Corasmia, y Khiva fue su capital durante unos años, antes de que la república fuera anexionada a la República Socialista Soviética de Uzbekistán en 1924. En 1967, la ciudad accedió al estatus de museo al aire libre y los soviéticos emprendieron la restauración de sus principales monumentos.

 

LA RUTA DE LA SEDA (artículo)
Durante más de un milenio, esta importante vía comercial de ocho mil kilómetros, mantuvo abierta la comunicación entre Oriente y Occidente, y a lo largo de la misma florecieron míticas ciudades.

La vía que unía el Mediterráneo y las “tierras lejanas” de Oriente es lo que conocemos como Ruta de la Seda. Aunque en realidad no se trató de una sola vía o ruta, sino que fueron un conjunto de caminos que tuvieron un carácter eminentemente comercial, entre Occidente y el Lejano Oriente. Comunicaba dos de las grandes metrópolis del mundo antiguo: la capital china de Chang’an (actualmente Xi’an) y el gran centro político de Occidente, Roma, separadas ambas por más de ocho mil kilómetros.

La denominación de “Ruta de la Seda”, fue acuñada en 1877 por el explorador y geógrafo alemán Ferdinand von Richthofen, que le dio el nombre de Seidenstrasse, literalmente, “Ruta de la Seda”.

Los orígenes de la ruta se remontan probablemente al período en torno al segundo milenio a.C., cuando los chinos establecieron vías de comunicación con las regiones desérticas y montañosas del este de Asia Central. En el siglo IV a.C., la ruta vivió un impulso espectacular debido a las campañas militares de Alejandro Magno, quien creó un imperio que se extendía desde Grecia y Egipto hasta Bactria (norte de Afganistán) y la parte norte de India. Con ello, controló lo que hasta entonces eran los territorios occidentales de esta ruta, quedando confirmada la comunicación entre el mundo oriental y el occidental.

Aunque la ruta fue ante todo una vía comercial, también fue una importante difusora cultural. La seda era tan solo una de tantas mercancías que circulaban por estas tierras; si se escogió este nombre fue porque era un artículo de lujo que llegó a alcanzar un precio similar al del oro, y se convirtió en la primera divisa convertible a lo largo de Asia. También se comerciaba con otros muchos productos: piedras preciosas, satén, almizcle y telas de lana o de lino, ámbar, marfil, laca, especias, porcelana, vidrio, materiales manufacturados, coral, y muchos otros. Aunque el comercio era para ambos lados, lo cierto es que fue mucho más importante el que se dirigía de Oriente a Occidente.

La ruta partía de China y, siguiendo diversos caminos, llegaba a su destino final, que no siempre era el mismo. En algunos casos terminaban en Próximo Oriente (Damasco o Bagdad). Otros, llegaban a los puertos del Mediterráneo Oriental (Antioquía, Bizancio, Tiro, Alejandría) para zarpar de allí a Roma.

La existencia de diversas rutas obedecía a varias razones. La primera, es la competencia entre caravanas por llevar las mercancías antes que el rival. Por otro lado, eran importantes las dificultades que presentaba semejante viaje: al terreno inhóspito y las barreras naturales (desiertos, cadenas montañosas) se unía una climatología extrema, así como las amenazas de los bandidos que saqueaban las caravanas. Por todo ello, al tener varias rutas, se buscaba asegurar que al menos una parte de la carga alcanzara su destino final.

La producción de seda y porcelana en Europa, por un lado, y el avance las rutas marítimas por otro, llevaron la legendaria ruta al declive.

 

Visitaremos el centro histórico de Khiva, el ITCHAN-KALA (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 1990), un complejo de 600 por 400 m, que contiene más de cincuenta madrasas, mezquitas y mausoleos. El entramado laberíntico de Khiva alberga una sorpresa en cada esquina. Nos subyugará con sus paredes altas, torres esquinadas, minaretes y columnas de maderas, creando siluetas inesperadas y constituyendo una ciudad feudal medieval única en Asia Central.

Resulta difícil no imaginar cómo fue esta ciudad durante su pasado esplendoroso, cuando los caravasares albergaban cientos de personas junto a sus bestias y las delicadas mercancías que transportaban; casi se pueden escuchar las pisadas de los dromedarios y la música nocturna de los artistas que amenizaban las noches de los mercaderes que llegaban a la ciudad, ávidos de ocio y diversión.

Descubriremos sus más fascinantes rincones en nuestro recorrido. Todo el perímetro de la ciudad se encuentra rodeado por una bella muralla de adobe de 2,5 km, construida en el siglo XVII y reconstruida tras ser destruida por los persas. Posee 8 m de altura y 6 m de ancho. Desde cualquier punto de Itchan-Kala es posible ver el colorido y esbelto Minarete Kalta Minor, un cilindro revestido de los tradicionales azulejos color turquesa que se ha convertido en el icono de la ciudad.

Ubicado fuera de la madrasa, en la esquina oriental de su fachada, fue erigido en 1851 por Mohamed Ami, un khan obsesionado por la arquitectura monumental, que soñaba con un minarete de 80 metros de alto, que superaría el minarete Kalyan (46 m) de Bukhara y Qutub Minar (78 m) de Delhi, y permitiría ver los 450 km del camino que separa Khiva de Bukhara. Pero antes de acabarlo murió en la batalla contra los turcomanos durante su campaña militar a Jorasán. Con ello, el trabajo quedó inconcluso (su altura es de solo 26 m), legando una de las obras más bellas de la arquitectura islámica.

Los cimientos del minarete están hundidos en la tierra a una profundidad de 15 m y el diámetro de la base es de 14,2 metros.

Seguimos con el Palacio Kunya Ark, fuerte y residencia de los gobernantes de Khiva, construido por primera vez en el siglo XII y ampliado por los kanes en el siglo XVII. Aquí tenían el harén, el tesoro, los establos, el arsenal, los cuarteles, la mezquita y la cárcel. Además de descubrir cómo vivían los kanes, podremos admirar la excelente decoración en azulejos, así como las bonitas vistas. El Zindon (cárcel del khan), ilustra la crueldad de los antiguos gobernantes mostrando a presos a punto de ser defenestrados desde los minaretes.

La Mezquita de Verano, del siglo XIX, al aire libre y ornamentada de forma espectacular con soberbios azulejos de motivos florales en color blanco y azul y un techo en colores cálidos, amarillos y rojos (símbolos zoroastrianos del sol y del fuego).

El salón del trono, donde el khan impartía sus dictámenes, consiste en una larga habitación vacía al aire libre. El trono de madera chapado con hojas de plata se lo llevaron los rusos, y las autoridades uzbekas están tratando de recuperarlo. La zona circular del suelo, en el centro del patio, era la base de la yurta real. Los khanes ya no eran nómadas, pero les gustaba recibir a sus invitados en invierno en las yurtas (vivienda utilizada por los nómadas en las estepas de Asia Central, estaba protegida por una gruesa cubierta, era fácil de transportar y óptima para soportar los intensos cambios climáticos de Mongolia).

Descubriremos a continuación la Madrasa de Mohamed Rajim Khan, escuela coránica del siglo XIX dedicada al gobernante que rindió al ejército imperial ruso en 1873, destaca un pequeño museo dedicado al khan y su hijo, el poeta Feruz. La construcción sigue el plano cuadrado tradicional pero se caracteriza por un pasaje abovedado con ocho cúpulas, el más grande de Khiva.

La Madrasa Islom-Khoja, construida en 1910, es el edificio más moderno de Khiva. Islom-Khoja fue primer ministro del khan a principios del s. XX con ideas aperturistas y liberales: fundó una escuela de estilo europeo, introdujo el telégrafo en la ciudad y construyó un hospital. Su popularidad hizo que el khan y el clero, muy conservador, lo asesinaran. La madrasa alberga el mejor museo de Khiva, el Museo de Artes Aplicadas, que expone artesanía de Corasmia de varios siglos; bellas tallas de madera, alfombras uzbekas y turcomanas, piedras talladas con caligrafía árabe (en uso en Corasmia del siglo VIII al XX) y bonitos azulejos del vecino mausoleo del Pahlavon Mahmud.

Su minarete, construido el mismo año que la madrasa, posee un aspecto que recuerda a un encantador faro. Posee una altura de 56,6 m, y su base es de 9,5 m de diámetro. El minarete tenía un triple papel: religioso (el almuecín llama a la oración), militar (como puesto de observación para prevenir frecuentes ataques) y como faro (para no perderse en el desierto).

A pesar de superar en altura al minarete Kalyan de Bukhara, parece más esbelto y ligero. Este efecto se logra gracias a la inserción de mayólica brillante de color azul, azul celeste, blanco y turquesa, en forma de bandas horizontales alrededor del eje del minarete, que decoran la mampostería de la torre, y en los días soleados, compiten en belleza con los colores del cielo despejado de Khiva. A una altura de 45 metros se encuentra la plataforma de observación, desde la que se puede ver toda la ciudad. Desde este punto más alto de Khiva se abre una vista maravillosa a sus numerosos monumentos.

Almuerzo en restaurante local.

Tras reponer fuerzas seguimos con el Palacio Tash Hovli, cuyo nombre significa “casa de piedra”, contiene la decoración más suntuosa y variada de todos los edificios históricos de Khiva, con azulejos azules y los pilares de madera tallada. Construido por orden de Allakuli Khan entre 1832 y 1841, el complejo incluía una sala de audiencias, edificios administrativos, apartamentos reales y un harén.

En total más de 150 habitaciones y nueve patios, con techos altos diseñados para aprovechar la más mínima brisa del desierto. Todas las áreas del palacio están conectadas entre sí por un laberinto de pasillos sin luz. Las habitaciones del khan son las más espaciosas y decoradas; pegadas a ellas estaban las habitaciones de sus cuatro esposas.

Por todo el perímetro del patio se ubica un edificio de dos pisos, destinado a las concubinas y mujeres de la familia. Cada una de las habitaciones del harén tiene su propia entrada, y no se comunica con otras habitaciones. Las paredes están ricamente decoradas con mayólica azul y blanca y los techos pintados de colores marrón y rojo; en las ventanas hay celosías caladas de cobre. No se repite ninguna decoración ornamental. En el centro del patio, se encuentran plataformas elevadas de forma redonda, que servían para instalar la yurta para los huéspedes del khan. Allakuli demostró ser un hombre bastante impaciente, pues ejecutó al primer arquitecto por no acabar las obras en dos años.

Llegamos al venerado Mausoleo de Mahmud Pahlavon, sin duda uno de los lugares más bellos de la ciudad. Su patio, adornado de azulejos, es sublime y el interior alberga una atmósfera de otro tiempo, donde con asiduidad un asistente del imán recita en voz alta el Corán. Mahmud Pahlavon fue un poeta, filósofo y legendario luchador que se convirtió en el santo patrón de Khiva. Aquí fue enterrado en 1326, con un sarcófago bellamente decorado bajo una cúpula turquesa de estilo persa. Es la tumba más bella de Uzbekistán, reconstruida en el siglo XIX. En 1913 el edificio fue requisado por el khan de la época como su mausoleo familiar, que se encuentra en otra de las salas de estilo persa.

Situada casi en el centro de Itchan-Kala, se encuentra la enorme Mezquita Juma (de los Viernes), a pesar de que el exterior no sugiere gran cosa, el interior posee un diseño que procede de las antiguas mezquitas árabes. Domina el conjunto un esbelto minarete de 33 m de altura. Su sala de oración alberga 218 columnas de madera que se apoyan sobre una base de mármol esculpido, que le proporciona estabilidad y las protege de la humedad del suelo. Todas ellas de diferentes épocas y con distintos motivos zoroástricos y musulmanes grabados. Seis o siete de ellas pertenecen a la mezquita original del siglo X, aunque el edificio actual data del siglo XVIII.

Los ricos peregrinos y comerciantes que llegaban a Khiva, en ocasiones ofrecían a la mezquita una columna tallada al estilo de su ciudad, para sustituir a otra columna que fuera demasiado antigua. El mihrab está situado en el centro de una gran sala, de 55 m de largo y 45 m de ancho. La luz entra por dos aberturas octogonales situadas en el techo.

Cena en restaurante local. Alojamiento en HOTEL ZARAFSHAN KHIVA.

 

Experiencias únicas durante nuestro viaje a UZBEKISTÁN con VAGAMUNDOS:

“Khiva es la que embruja y Bukhara, la que fascina, Samarkanda es la que asombra”.

- Tamerlán convirtió SAMARKANDA en la capital de su reino, y en una de las ciudades más bellas de Asia. Podemos empezar con el solemne Mausoleo Guri Emir, que alberga la tumba de Tamerlán además de otros familiares del conquistador. La enorme Mezquita Bibi-Khanym, sobre la que se cuentan infinitas leyendas; el Complejo Shakhi-Zinda, una espectacular avenida de mausoleos, que contiene una serie de tumbas de familiares de la época de Timur y su nieto Ulugh Beg, con algunas de las decoraciones en azulejos más bellas del mundo musulmán. Y cómo no, la espectacular Plaza Registán, uno de los conjuntos arquitectónicos más grandiosos del mundo islámico que hay que contemplar tanto de día como iluminada por la noche.

- Para nuestro gusto BUKHARA es la ciudad más interesante de toda Asia Central y es que los más grandes eruditos del mundo musulmán estudiaron y enseñaron en las 250 madrasas de la ciudad. Hay tantos sitios para visitar que no sabemos por dónde empezar: en su centro histórico encontramos el Mausoleo de Ismail Samani, una auténtica joya; la Fortaleza Ark, residencia de los emires de Bukhara. El magnífico minarete Kalyan, icono de la ciudad, o el Char Minar, con sus cuatro torres-minaretes que simbolizan cuatro dinastías que han gobernado Bukhara. A pesar de todo, el mayor placer se obtiene paseando por la red de pequeños bazares, baños y lonjas que la rodean; dejarnos llevar por sus laberínticos callejones, con sinagogas ocultas, santuarios sufíes y madrasas olvidadas.

- Disfrutar de un momento de tranquilidad en la Plaza Lyabi-Hauz, en el corazón del centro antiguo de Bukhara tomándonos junto al estanque, un té verde, y saborear a medio día, esa exquisitez de Asia Central como es el “Plov”, preparado como sólo los uzbekos saben hacerlo.

- Pero como decimos BUKHARA da para mucho, y el segundo día, en las afueras, encontramos el Sepulcro de Bahouddin Naqshbandi, uno de los principales lugares de peregrinación del país; el Palacio Sitorai-Mokhi-Hossa, suntuosa residencia de verano de Alim Khan, el último gobernante musulmán de Bukhara; o la Necropolis Chor Bakr, un singular y tranquilo recinto funerario, donde se halla la doble tumba de los jeques Abu Bakr Fazl y Abu Bakr Sayid, descendientes de Mahoma.

- Sentir que una es transportado en el tiempo en la ciudad de KHIVA, que surge como un bello espejismo en medio del desierto, con sus minaretes y cúpulas en tonos azules y turquesas que refulgen bajo el sol. Se trata de la ciudad medieval mejor conservada de Asia Central, rodeada por una bella muralla de adobe. Su centro histórico, el ITCHAN-KALA, un entramado laberíntico con multitud de madrasas, mezquitas y mausoleos nos deparará una sorpresa en cada esquina, con el hermoso y colorido Minarete Kalta Minor, auténtico emblema de la ciudad.

- Durante el trayecto Bukhara-Samarkanda, desviarnos hasta SHAKHRISABZ, pequeña localidad lugar de nacimiento de Tamerlán, frente a las colinas de la provincia de Kashkadarya donde descubrir las ruinas que jalonan sus callejones, como el Palacio Ak-Saray del que apenas quedan algunos muros del de 40 metros de altura, la enorme cúpula azul de la mezquita Kok-Gumbaz, los conjuntos monumentales Dorus Saodat y Dorut-Tillyavat.

- En TASHKENT, la capital, la historia de la ciudad se mezcla con lo actual. Pasear por el casco antiguo con el laberinto de callejones estrechos repletos de casas bajas de adobe, hasta llegar al Complejo arquitectónico Hasti Imam, el centro religioso oficial de la república, con la colosal Mezquita del Viernes Hazroti Imon. O ya en la parte moderna, la Plaza de la Independencia, con sus bonitas fuentes. El metro, también merece una visita. Las estaciones combinan el estilo realista soviético con diseños inspirados en el pasado islámico de estas tierras. También hay que destacar sus mercados orientales, con la abundancia de frutas y hortalizas, o el olor del pan recién hechos.

- Aunque VAGAMUNDOS no deja mucho tiempo libre, siempre hay un pequeño hueco, para realizar alguna compra, sobre todo en un país como este, que posee una destacada artesanía. En Samarkanda, podemos adquirir alfombras; en Bukhara, vestidos con bordados, alfarería de Gijduvan, joyas de oro y plata y cincelados.; en Khiva: gorras de lana, sombreros y bufandas, y en Tashkent, miniaturas y souvenirs hechos en madera. Hay que tener en cuenta más del 90% de las piezas que se ven en las tiendas de recuerdos de todo el país están fabricadas en Uzbekistán, y la gran mayoría son artesanales.
 

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